Los de la imagen se contagiaron del virus que actualmente mantiene al mundo en vilo y, por tal motivo, fueron condenados. Ya estaban condenados de antemano para arrancarles su apreciado pelo, y sometidos a una vida enjaulada que es mucho más cruel y angustiosa que los confinamientos con que los humanos combatimos la pandemia. Para ellos no existe vacuna que valga ni ninguna cuarentena que algún biólogo, estudiante de estos mamíferos, pudiera descubrir válida para preservar sus vidas. Simplemente sucumben ante las leyes del mercado. Si representan un gasto y no son rentables, se eliminan como cualquier mercancía. Que sean seres vivos es sólo una particularidad indiferente al sistema mercantil. Al final, van al exterminio. Sus estimadas pieles, a la basura. ¡Pobres animales! ¡Y que imagen tan contundente de nuestro insensible desprecio por todo lo que no nos depare ganancias, es decir, dinero!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Este blog admite y agradece los comentarios de los lectores, pero serán sometidos a moderación para evitar insultos, palabras soeces y falta de respeto. Gracias.