Hace quince años que se inventó Twitter, esa vía de comunicación social mediante mensajes de muy pocas palabras a través del espacio digital, y todavía no he escrito ni un tuit ni he sentido necesidad de ello. Podría afirmarse que, para los adeptos a las nuevas tecnologías, hace tres lustros que soy un dinosaurio que no sabe que está extinguido, por mucho que intente emitir lamentos que nadie puede oír. Parafraseando a Monterroso, yo estaba todavía allí cuando Twitter despertó. Y ahí sigo, hecho un fósil consciente.
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