miércoles, 21 de octubre de 2026

De cambios y contratos

Las formaciones políticas han emprendido una desbocada carrera propagandística para atraer al electorado antes incluso de que comience oficialmente la campaña de las elecciones generales previstas para el 29 de noviembre próximo. Y no dudan en difundir mensajes y eslóganes de discutida originalidad, pero que resultan novedosos para la frágil memoria de los ciudadanos, incapaces de recordar lo que propone cada partido y, mucho menos, las estrategias que emplearon en el pasado para ganarse el voto. De ahí que veamos ahora una invitación al “cambio” y la propuesta de un “contrato” como modernísimos instrumentos de marketing electoral con la intención de engatusar a los olvidadizos. Y los utilizan como si constituyeran la última novedad, a pesar de que ninguno de ellos aspire a lo que la literalidad en realidad expresa. Pero nos los venden de forma descarada como auténticas genialidades innovadoras por el partido que más posibilidades reúne para ganar las elecciones. Van así de sobrados.

La verdad es que el verdadero y original “cambio”, como reclamo electoral, ya fue utilizado por el PSOE en 1982, cuando en aquellas históricas elecciones Felipe González se convirtió en el tercer presidente de la España democrática y el primero socialista. Era la primera vez que la izquierda accedía al poder en la época contemporánea. “Por el cambio” era el lema que motivó a más de diez millones de españoles a depositar su voto a favor de los socialistas para asegurar una transformación que ilusionaba a una ciudadanía deseosa de superar los residuos de un franquismo que continuaba incrustado en el Estado y la sociedad. Ello se evidenciaba en la procedencia de los presidentes que, tras la muerte del dictador, dirigieron el Gobierno: antes de la democracia, Arias Navarro, acérrimo al régimen dictatorial; y ya en democracia, Adolfo Siuárez y Leopoldo Calvo Sotelo, políticos que se educaron y crecieron en el franquismo.

El lema del PSOE propugnaba un auténtico cambio de la realidad política del país que sirviera para modernizar España y situarla, como una más, entre las naciones democráticas de Europa, en la que se reconocieran y respetaran las libertades y los derechos que la dictadura negaba. Enumerar los avances -políticos, sociales, culturales, económicos- que aquel cambio supuso requeriría de un espacio que este comentario no puede abarcar.

En la actualidad, y sin ningún rubor por plagiar el eslogan, el Partido Popular promete emprender un “cambio” profundo si gana las próximas elecciones. Según van desglosando algunos de sus dirigentes, incluido su líder, piensan introducir reformas en la ley del aborto, en el sistema de pensiones, en la política fiscal para bajar impuestos, la política migratoria para endurecerla, algunos los derechos de las personas LGBTIQ+ (diversas orientaciones sexuales e identidades de género), etc.

Para Alberto Núñez Feijóo, el candidato conservador a presidente de Gobierno, los retos que afrontará con su cambio en la próxima legislatura “solo serán comparables a los de hace 50 años”, refiriéndose a los realizados durante la Transición, arriba esbozados. Ha llegado a afirmar que “por cada nueva ley hay que derogar tres”. Incluso sugiere que las bajas médicas las gestionen las mutuas para reducir el “absentismo” laboral.

Más que un cambio para avanzar parece un cambio para retroceder. El cambio original trajo consigo la extensión de la sanidad pública al conjunto de la población, la ampliación de derechos de los trabajadores, libertad para divorciarse, la igualdad de la mujer, la modernización del tejido productivo y muchos otros derechos y libertades que hoy creemos asegurados y existentes desde siempre.

El ”cambio” que promete la derecha representa, sin más, un retroceso en algunos de esos derechos y una limitación en muchas de las libertades conquistadas. Y lo hace con la disyuntiva habitual, ofreciendo “seguridad” y estabilidad a expensas de libertad y derechos, y crecimiento económico basado en la contención salarial y recortes en el Estado del bienestar. Tanta es su obsesión restrictiva que hasta confunde las bajas temporales por enfermedad con el absentismo laboral, abrazando así el sueño de los empresarios: que los trabajadores vayan a trabajar incluso si están enfermos, por temor a ser despedidos. Y la protección por si esto sucede también sufrirá menguas en cuanto a duración y cantidad de las prestaciones por desempleo.

Avisan incluso que ni las pensiones se salvan pues representan, según las derechas, un “gasto” inasumible para el Estado. Pero no aclaran cómo afrontará el supuesto problema, que afecta a diez millones de personas, de la financiación del sistema que, según la portavoz parlamentaria del partido, “ha petado”. Ni las becas seguirán igual con esa mentalidad austericida del gasto social.

Un “cambio” que contempla, asímismo, la construcción de un millón de viviendas, pero obviando que tal promesa descansa en que el mercado satisfaga esta necesidad y que el Estado se limite a facilitar el negocio cediendo terrenos. Fue la política de vivienda de los gobiernos de Aznar que generó una burbuja inmobiliaria y que obligó a “ayudar” a los bancos, no a las familias que quedaron atrapadas por hipotecas desorbitadas.

No, el “cambio” del Partido Popular no se parece en nada al cambio del PSOE de 1982. Entre otros motivos, porque será un cambio retrógrado, reaccionario, que empobrecerá aun más a los pobres y enriquecerá todavía más a los ricos, supondrá frenos para los trabajadores y rienda suelta para los empresarios, limitará derechos y libertades en general e incrementará el poder de las élites del Capital y de los pudientes. No es un cambio: es un paso atrás.

La otra oferta electoral “novedosa” es un “Contrato con España” que se presenta, con solemnidad impostada, enarbolando un documento que contiene generalidades y promesas, tales como garantizar el castellano en las aulas y la prohibición de regularizaciones colectivas. Incluye, además, “defender la soberanía nacional y la integridad territorial”, elevar la “calidad de nuestra democracia” (para no impedir la renovación de organismos e instituciones, como el Consejo del Poder Judicial, por ejemplo), “erradicar el adoctrinamiento en las aulas” (¿todo adoctrinamiento, incluido el religioso?) y hacer un “Estado más limpio y más ligero” (menos social), entre otras medidas. Se trata, en suma, de un mero resumen del programa del Partido Popular y un esbozo de las intenciones de Feijóo, destinados a facilitar una música agradable a los oídos de la ultra derecha, por si las cuentas fallan y es necesaria una coalición gubernamental.

Pero este ofrecimiento de contrato tampoco es novedoso ni original. Es una iniciativa de marketing electoral que también ha sido plagiada descaradamente. Ya en 1999, el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, inauguró la fórmula de establecer una colaboración directa con los vecinos mediante contratos firmados con los barrios que necesitaban una atención preferente. Así, ese año se firmaron 126 contratos-programa que contenían 1.207 estipulaciones. En 2003, repitió la fórmula, firmando 328 contratos, y en su tercer mandato, otros 428 contratos. Durante esa década como alcalde, los contratos de Monteseirín permitieron lo que se llamó una segunda modernidad para Sevilla (tras la primera de la Expo del 92), que posibilitó la peatonalización del centro y otras zonas de la ciudad, la construcción del metrocentro, el inicio de las obras del metro, la recuperación de la plaza de la Encarnación con “las setas” y un sinfín de mejoras más.

En definitiva, tales contratos fueron verdaderos compromisos con la ciudad que permitieron que despertase del profundo letargo (industrial, de inversiones, cultural y social) en que había caído Sevilla tras los fastos de la Expo. No fue un mero recurso propagandístico, sino un contrato real, cuyo cumplimiento rondaba el 80 por ciento en cada mandato.

El ”contrato” de Feijóo, sin partidas ni plazos, es antes una pieza publicitaria que un acuerdo firme con la ciudadanía. Una simple copia de un recurso de marketing con el que ilusionar a incautos. Alardes ornamentales que ocultan las verdaderas actuaciones que la derecha tiene decidido emprender para imponer su modelo social y económico, un modelo conservador en lo social y neoliberal en lo económico.

Y eso es lo que hay que valorar a la hora de votar, en vez de confiar en “cambios” y “contratos” propagandísticos que ni siquiera son originales, pues son meros plagios descarados. Lo inquietante es que, si así de chapuceros se muestran en campaña, no quisiera imaginar cómo serán cuando gobiernen.

lunes, 19 de octubre de 2026

Un comentario sobre los aforismos

Un compañero columnista, arquitecto de profesión y especializado en el dibujo infantil como vía de expresión con el que los niños manifiestan tanto alegrías como temores, la visión del mundo que les rodea así como de ellos mismos, es también, además de magnífico escritor, un amante de los aforismos. En su columna de Montilla Digital, en el que compartimos espacio, acaba de publicar un comentario acerca de los aforismos que contiene mi libro Microrrelatos y Aforismos. Se trata de su 14º entrega sobre esta materia, las sentencias concisas, en la que ha abordado las producidas por Emil Cioran hasta Carlos Castilla del Pino. Y que me incluya en la selección me honra y me sonroja. Me sonroja porque carezco de méritos para estar incluido en la selección, y me honra pues su análisis profundiza en unos aforismos en los que expongo no solo mi visión del mundo, sino de mi mismo. Y ha conseguido, a través de ellos, acceder a mi interior como hace al de los niños por sus dibujos, logrando descifrar las claves de mi ser y de mi mirada. Gracias Aureliano. Decir que te lo agradezco es poco: te felicito.

https://www.montilladigital.com/2026/10/aureliano-sainz-aforismos-en-su-punto-14.html

sábado, 17 de octubre de 2026

Presentaciones emotivas

El libro Microrrelatos y Aforismos. Píldoras literarias está proporcionándome gratos momentos, como estos Actos de Presentación celebrados en las librerías Baobad, de Mairena del Aljarafe, y Botica de Lectores, de Sevilla. Aparte de la emoción, quisiera expresar mi gratitud tanto a quienes asistieron a ambos eventos, por la confianza e interés demostrados, como a las librerías que, dejando de lado la conveniencia comercial, no dudaron en apostar por una obra y un autor invisibles para la industria del libro. A todos, pues, mi más sincero agradecimiento, que también hago extensible a José Alfonso Bolaños Luque, autor del prólogo, que en todo momento estuvo arropándome y colaborando como introductor del encuentro para que estos actos fueran memorables. Quede aquí constancia de mi reconocimiento a todos.

Presentación en librería Baobad, jueves 15 de octubre:


Presentación en librería Botica de Lectores, viernes 16 de octubre:



¡Gracias a la librerías, gracias al presentador y prologuista y gracias a los asistentes!
 

lunes, 12 de octubre de 2026

¡Por fin!

Desde el mismo momento en que se conoció el resultado de las últimas elecciones generales de 2023, en las que el Partido Popular, ganador por número de papeletas, no consiguió reunir los votos necesarios para que el Congreso invistiera presidente a su candidato y líder (quien, como el zorro de la fábula, afirmó que no gobernaba porque no quería), desde ese instante, insisto, las derechas han machacado, día sí y día también, con el mantra de que el Gobierno era ilegítimo, que el presidente era un “okupa” de La Moncloa” y que lo que tenía que hacer era convocar de inmediato elecciones para que el pueblo hablase.

¡Ea, pues ya están aquí las elecciones! Y esas derechas lo celebran con una lona desplegada en la fachada de la sede madrileña del PP con la inscripción “Por fin”. Según ellas, ya lo han conseguido. Claro que, siendo puntillosos, el anuncio de las elecciones para el próximo 29 de noviembre supone un adelanto de solo nueve meses respecto a la fecha prevista (verano de 2027). Algo, por lo demás, nada extraordinario por cuanto cinco de los siete presidentes que ha tenido nuestro país ha adelantado las elecciones en alguna ocasión.

Visto así, ese “por fin” resulta una exclamación exagerada, porque, después de tres años largos, no se ha conseguido “tumbar” a un Gobierno que se apoyaba en una suma de minorías, entre progresistas y nacionalistas, del Parlamento. Sino que ha sido el desmarque del socio nacionalista más conservador del Gobierno (Junts per Catalunya) lo que ha precipitado la legislatura. Y no fue la labor en contra de la oposición, formada por el Partido Popular y Vox, es decir, por la derecha extrema y la extrema derecha ultra, lo que ha hecho desistir al presidente del Gobierno de agotar la legislatura. ¡Y mira que han hecho todo lo posible e imposible, lo legal y alegal, lo adecuado y lo inmoral por lograrlo!

Pues nada, ha terminado por finiquitarla una acampada de jóvenes que reclamaban el derecho a una vivienda digna tras el desalojo inmisericorde de una anciana de cerca de 90 años del piso donde residía desde hacía más de 70 años. Ni las denuncias por corrupción, ni las “invasiones” de inmigrantes, ni la falta de presupuestos han podido con el Gobierno, sino unos desmelenados que se manifestaban contra los rentistas y la falta de viviendas asequibles de protección oficial.

El decreto-ley que el Gobierno había elaborado, troceado en dos decretos para facilitar su aprobación por unos u otros, para responder a una inusitada demanda popular que se extendió como la pólvora por todas las ciudades del país, fue la puntilla que acabó por tumbar la legislatura. Y eso que ambos decretos garantizaban la seguridad ante posibles desahucios. El rechazo de la derecha nacionalista catalana a su aprobación hizo que el presidente del Gobierno convocara elecciones anticipadas. ¡Por fin!

Sí, pero un “por fin” al que ya se le ponen peros… Una actitud muy nuestra, la de poner la venda antes que salga el grano, no vaya a ser que, por lo que sea, los votantes contradigan los pronósticos. Y ese `lo que sea´ (que es perder), para las derechas siempre es fraudulento, tramposo y nada democrático, ya que lo “natural”, lo conveniente y lo que deseaban los ciudadanos es que ellos arrasen en las urnas y puedan gobernar como Dios manda. Pero, por si las moscas, han empezado a sembrar dudas sobre el voto por correo, cuestionando el funcionamiento de instituciones y la honradez de sus funcionarios, tanto de Correos como de la Oficina del Censo Electoral. ¡Si lo sabrá Feijóo, que fue presidente de Correos durante tres años!

Tal parece que anticipan una posible, aunque poco probable según los sondeos, derrota por culpa (a alguien tienen que culpabilizar, nunca es por ellos) del voto manipulado en Correos y de una avalancha de votos del exterior promovida, según adivinan, por la insidiosa ley de nietos. Como si esos votos fueran determinantes para el resultado electoral, cuando en ninguna elección de la democracia han tenido influencia para alterar la voluntad mayoritaria, expresada en las urnas, de los votantes. Pero, por si acaso…

Y es que la deslegitimación de las instituciones ha sido siempre una constante de las derechas cuando no gobiernan, aunque ello suponga erosionar y cuestionar la misma democracia, además de instalar la desconfianza y la desafección en los ciudadanos. Y en esta ocasión volverán a usar esta táctica, la de la basura dialéctica y máxima polarización en la diatriba política, que compense la falta de argumentos y de propuestas con las que confrontar el quehacer exitoso del Gobierno en materia económica y social.

Un balance que arroja más de 150 iniciativas tramitadas, con 43 reales decretos-ley y 22 leyes aprobadas por un Gobierno en minoría y precariedad parlamentaria, entre ellas la Ley de amnistía, la Ley ELA, la Ley de paridad e, incluso, una reforma constitucional para retirar el término “disminuidos” del artículo 49 de la Carta Magna. Si a ello añadimos la disminución reiterada de la tasa de paro, el importante incremento del salario mínimo interprofesional y otras medidas de carácter social, el resultado no puede calificarse de “legislatura fallida” o “gobierno inútil”, por muy opositor que se pronuncie uno del Gobierno.

Si para ganar unas elecciones hay que recurrir a la descalificación personal, a la insidia calumniosa, a la deslegitimación de las instituciones, a la manipulación, los bulos y las mentiras, sin reconocer en el adversario, cuando corresponda, sus aciertos y denunciar, siempre, sus fracasos, es que no se tiene confianza en la propia capacidad para ofrecer alternativas y propuestas que entusiasmen a los votantes.

Por eso ese “por fin” no parece responder a un deseo sincero de querer competir en unas elecciones, sino a una reacción que, en psicología, oculta una frustración o un complejo de inferioridad. De ahí que, por si acaso, ya se arguyen las motivaciones que podrían impedir nuestros anhelos, que es ganar y gobernar. Aparentamos fortaleza cuando nos sentimos -no que lo seamos- débiles, inferiores o menos dotados que nuestros contrincantes.

Por fin se convocan elecciones, aunque sean otros los que han provocado ese adelantamiento electoral. Aun así, por fin me puedo presentar como el que ha conseguido doblegar al Gobierno, aunque no sea cierto. Por fin... y a ver qué pasa.                

domingo, 4 de octubre de 2026

Viernes, 16: Presentación

El viernes 16 de octubre, a las 7 de la tarde, tengo el placer de presentar, junto a José Alfonso Bolaños, mi último libro Microrrelatos y Aforismos. Píldoras literarias, en la librería Botica de Lectores, sita en la Avd. República Argentina, 15, de Sevilla. El acto consistirá en un diálogo entre el prologuista de la obra y yo, abierto a la participación de los asistentes, para descubrir las claves y las causas de un libro tan sorprendente como personal. Estáis todos invitados. La entrada será libre, hasta completar aforo.