1984, la célebre novela distópica de George Orwell, renace reflejada sobre la actualidad en el documental biográfico Orwell: 2+2=5, dirigido por Raoul Peck, que se exhibe en cines. El documentalista recurre a esa novela para contar la vida y obra del escritor, intercalando escenas de las versiones cinematográficas del mundo opresivo y desolador que el autor describió con imágenes del mundo actual, dominado por tensiones geopolíticas y tentaciones autoritarias que pretenden controlar hasta lo que deben saber y pensar los ciudadanos.
De esta forma, la película acierta a mostrar lo profético
que fue Orwell para visionar las atrocidades inevitables del mundo capitalista,
donde los Musk, Zuckerberg, Bezos o millonarios como Trump pueden acaparar
poder para monopolizar la economía global y dirigir la vida de los seres
humanos.
La distopía de 1984, tan aterradora y deprimente
acerca de una realidad dominada por el poder invisible de ese Gran Hermano en
permanente vigilancia y de la ubicua propaganda que emite el “Partido” y su
Ministerio de la Verdad con mensajes de que “la guerra es paz”, “la libertad es
esclavitud” y ”la ignorancia es fuerza”, no solo nos describe un mundo
siniestro y asfixiante, sino que refleja la monstruosidad de los fascismos que vuelven
a resurgir en el presente, cuando los totalitarismos parecen ser capaces de brotar
en cualquier parte.
George Orwell fue un escritor lúcido que buscaba de manera
infatigable la verdad a través de sus novelas, sin caer en partidismos ni
convencionalismos. Vivió el nazismo y fue testigo de la guerra civil española,
como brigadista internacional. Fruto de esa experiencia es el libro Homenaje
a Cataluña, un testimonio honesto y espeluznante sobre los crímenes de los
franquistas, pero también de los comunistas y anarquistas.
La película nos permite acercarnos a la biografía del
escritor y al ambiente familiar en el que creció, a los estratos bajos de una clase
media que imita los modales de la clase alta a la que aspira poder acceder,
en aquellos tiempos imperialistas y sin una fortuna o rentas que lo permitan, por
vía del Ejército, el sacerdocio o una prestigiosa profesión liberal. Buscaban
el ascenso social sin importarle las condiciones de vida de las clases bajas o
la de los pueblos colonizados.
Orwell vive eso y poco a poco se va percatando de la
hipocresía e injusticia social que representa. Era una persona noble que nunca
quiso mentirse ni mentir a los demás. Prefirió el humanismo a la conveniencia
social o ideológica. Por eso pudo escribir sobre la decencia común,
convirtiéndose en brújula moral y notario de las infamias de la época que le
tocó vivir.
Unos tiempos no tan distintos a los de hoy, en los que EE.
UU. ejerce un liderazgo cada vez más autoritario, la guerra prende en Oriente
Medio y en Ucrania, el genocidio se practica a ojos de todo el mundo en Gaza de
manera impune, sin reproche alguno, y hasta se secuestra a líderes de países extranjeros
por las riquezas naturales que poseen, principalmente petróleo, y que se les
quiere arrebatar.
Y es que, según el director del documental, “cada vez más
gente afirmaría que dos más dos son cinco si se lo dice un político, un
influencer o alguien en quien ellos confían. Nunca todo había sido tan fácil
para los populismos”.
Se trata, pues, de una película sumamente recomendable para
quienes, hayan leído las obras de Orwell o no, estén preocupados por la
tendencia de unos tiempos actuales que se caracterizan por el cuestionamiento
de la democracia, la falta de respeto a las instituciones, el recelo a la ciencia
y el debilitamiento de derechos y libertades en nombre de una supuesta
seguridad y una seudo esencia de la patria que algunos consideran perdida o en
peligro a causa de la globalización, el feminismo, los fenómenos migratorios y
la tolerancia al diferente.
Es verdad que se sale del cine con el ánimo por los suelos y
los pelos de punta, pero con la certeza de que es posible combatir tanta manipulación
catastrófica con la verdad y claridad de criterio. Y con obras, como esta
película, que ayudan a abrir los ojos. No se la pierdan.











