Mirada crepuscular
Diario de un incrédulo con vista cansada
miércoles, 2 de septiembre de 2026
lunes, 31 de agosto de 2026
Microrrelatos y aforismos, mi último libro
El curso empieza cargado de ilusión. Porque acaba de
aparecer un nuevo libro del que soy autor. Se trata del tercero que, desde que he
accedido a la feliz jubilación, he podido elaborar. Su título es Microrrelatos
y aforismos: píldoras literarias y sale a la luz en plena canícula, el
peor momento para dar a conocer ninguna novedad, y menos literaria. No
obstante, me llena de satisfacción verlo ya impreso y a punto de comenzar su
distribución, y por ese motivo adelanto su aparición aquí.
En este libro mantengo la temática que ya caracterizaba mis
anteriores obras: la del género o cuento breve. Así, Microrrelatos
consta de setenta y nueve historias de especial brevedad, pero de singular
resonancia, y más de 50 sentencias de mi producción aforística, todas ellas
escritas a lo largo de los años y guardadas en el cajón donde acumulo los
folios emborronados de inútiles apuntes.
Unos y otros -relatos y aforismos- abordan las sempiternas
cuestiones que preocupan al ser humano, desde el miedo, la enfermedad, el paso
del tiempo, la rutina, el amor, la consciencia y hasta la muerte. Y lo hacen
desde vivencias, observaciones y la imaginación de quien plasma en historias de
una brevedad intencionada sus propios temores, tribulaciones, desengaños,
esperanzas, sentimientos y emociones.
Se puede decir que este libro es el más personal e íntimo
que he escrito, por cuanto de alguna manera expongo mi forma de pensar, mis
creencias, mis obsesiones, mis inclinaciones y hasta mis fobias. También mis
esperanzas, anhelos y sueños. Los que me conocen se percatarán que mis ideas y
manías operan en algunos relatos. Y que los aforismos no son más que extractos
de mis propios pensamientos, como corresponde a la coherencia y honestidad con que
se han escrito. Y los que no me conozcan, podrán también hacerse una idea cabal
de mi personalidad.
Sin embargo, no es un libro biográfico, sino una compilación
de escuetas narraciones de ficción que, en muchos casos, se alimentan o surgen
de la experiencia de quien las escribe, pues se sirve de ella como condimento
que adereza su imaginación con una pizca de realidad.
Además, para no ofrecer este guiso literario sin ninguna
guarnición, Microrrelatos y aforismos viene acompañado por la generosa
colaboración de José Alfonso Bolaños Luque, filólogo y profesor de Lengua
Castellana y Literatura, un enamorado del rigor lingüístico, amante de la
poesía y del rock, quien de manera desinteresada se ha encargado de prologar
esta obra y preparar al lector para adentrarse en un texto destinado a ser
leído despacio, saborearlo a pequeños sorbos, de modo que permanezca en la
conciencia, dando vueltas en la mente, hasta mucho después de haber terminado
la página.
Es muy probable -como subraya el prologuista- que el libro sorprenda, aunque esa no era su
intención, dado que el juego de contrastes, paradojas y asociaciones
inesperadas que utilizo en ciertos relatos, siempre de forma sugerente y
cargadas de humanidad, pueden llegar a conmover, emocionar e impresionar al que
se sumerja en su lectura.
Por esa razón, estoy convencido de que a una mayoría de lectores
les agradará este proyecto literario que siento el honor en presentar, pues
satisfará sus expectativas. Junto a los anteriores libros (Cuentos
minúsculos que se asoman a realidades sorprendentes e Historias
hospitalarias), Microrrelatos y aforismos completa una
trilogía cuentística que obedece a mi interés literario y mi tendencia por la
escritura. Una afición próxima a la vocación que siempre he tenido y de la que nunca he renunciado, no con intención de ganarme la vida sino para que le diera sentido y un propósito vital. De ahí que estos libros puedan considerarse como parte escrita de mí.
A todos cuantos se sientan atraídos por su lectura les debo la
satisfacción de que mi empeño no haya sido en vano, que aquella afición diera frutos. Pero tanto, a los que lo lean como a los
que no, debo reconocerles la deuda de gratitud que he contraídos con todos por la atención con que me siguen y el
interés que prestan a estas líneas.
Microrrelatos y aforismos: píldoras literarias
se puede adquirir por internet en Amazon, a través de las distribuidoras Libros cc y Azeta
Libros, solicitándolo en El Corte Inglés, La Casa del Libro y Fnac, o en
cualquier librería que trabaje con estas plataformas de distribución.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Los “éxitos” de Trump
Y a él, obsesionado en transmitir siempre una imagen de
triunfo y de fortaleza indiscutibles -no en balde es el presidente del país más
poderoso del mundo-, le irrita a rabiar no alcanzar sus metas, no conseguir sus
propósitos -por disparatados que parezcan- y dar la impresión de “fracaso” en
todas las iniciativas en las que se embarca. Huye como de la peste de la imagen
de fracasado. Es lo que más teme. Lo saca de quicio.
Ya antes de ser presidente, cuando se dedicaba a presentar
un concurso televisivo de gestión empresarial, The Apprentice, solía
despedir a los perdedores con la mofa: you´re
fired (estás despedido), frase que utilizó como símbolo de su estilo
directo, autoritario y taxativo.
Y ahora, como presidente, no quiere aparecer como uno de
aquellos participantes que fracasaban. De ninguna manera. No tolera esa imagen
ante los problemas -antiguos o nuevos creados por él- a los que se enfrenta
desde que ocupa el despacho oval de la Casa Blanca. Vive obsesionado por el
éxito y éste se le está resistiendo cada vez más.
Para una persona engreída, narcisista y soberbia, que premia
a los que le adulan y admira a sátrapas de personalidad fuerte y decidida, los
fracasos y contratiempos que está encontrando en la mayoría de sus decisiones
le atormentan y amargan la existencia. Lo malo, para él, es que no es solo un
trastorno psicológico, sino un problema político. Su popularidad está cayendo
espectacularmente (sólo un tercio de los votantes aprueba su gestión),
precisamente antes de las elecciones de medio mandato (mid term), del
próximo noviembre, cuando se eligen a todos los miembros de la Cámara de
Representantes y una tercera parte del Senado. Del resultado de esas elecciones,
sobre todo si los demócratas consiguen mayoría, depende la capacidad de gestión
y las iniciativas que pueda impulsar el presidente desde la Casa Blanca. Y
suponer que pueda verse atado de pies y manos es, para él, una pesadilla insoportable.
Porque ya no es que la economía interna, la que afecta al
bolsillo de los estadounidenses, se resienta de los bandazos de sus relaciones
comerciales internacionales, del desorden mundial que ha provocado con sus
erráticas y chantajistas políticas arancelarias y los conflictos que promueve
con un desenlace cuestionable, sino que, incluso, sus medidas contra los
inmigrantes, con arrestos arbitrarios, deportaciones a espaldas de la justicia
y hasta muertos por la violencia de los agentes del Servicio de Inmigración y
Control de Aduanas, causan perplejidad y un rechazo creciente entre sus conciudadanos.
Su soflama de que emprendería “la mayor deportación de la historia” ya no
moviliza a seguidores crédulos, sino sólo radicales xenófobos. Los ciegos y los
ingenuos se han dado cuenta de que su inhumana política migratoria no mejora la
seguridad del país. Más bien, todo lo contrario: lo conduce hacia una
inseguridad social y legal que, en una sociedad plural y diversa como la
norteamericana, genera inestabilidad laboral y económica. Y miedo. Hijos de
inmigrantes nacidos en EE.UU han dejado de ir a la escuela o la universidad por
temor a ser detenidos y deportados. Esa política antinmigración solo ha servido
para evidenciar la falsedad del argumento de que los inmigrantes quitaban el
trabajo a los nativos, les robaban los puestos de trabajo, ya que
mayoritariamente ocupaban aquellos empleos que los nativos rechazan, y siguen
rechazando.
Este descontento que se extiende entre la población es un
claro ejemplo del “éxito” de Trump en política interior, con la que ha
conseguido que el galón de gasolina escale precios desconocidos para los
norteamericanos, acostumbrados a carburantes baratos, propios de un país
productor.
Hasta tal punto ha querido chantajear a sus socios que Canadá
se ha plantado. Se ha levantado de las negociaciones, en las que se pretendía
evitar una guerra comercial, advirtiendo de que no aceptaba que el presidente
norteamericano convirtiera en vasallos a sus antiguos aliados. Y ha asegurado
que responderá “dólar por dólar” a la coacción económica de los aranceles. Como
hizo China, que le mantuvo el pulso chantajista cuando sufrió idéntica ofensiva
arancelaria. Y como también hacen ahora México y Brasil para escapar del
control que pretenden imponerles desde Washington. El único “éxito” de Trump en
el continente -si es que eso puede considerarse un éxito- ha sido el secuestro
del presidente de Venezuela para controlar la producción y comercialización del
petróleo venezolano, pero sin conseguir la “democratización” del régimen, que
continúa en manos de los líderes del régimen bolivariano. Otro triunfo, pues, de
su doctrina “Donroe” (nombre con el que rebautiza la doctrina Monroe de dominio
USA en el continente) para con sus vecinos.
Y en el mundo, para qué hablar. En el resto del mundo sus “éxitos”
son abrumadoramente inanes. Ninguna de las guerras en las que ha querido
intermediar ha logrado acabar los enfrentamientos y firmar la paz. Ahí está
Gaza, donde Israel sigue asesinando a civiles impunemente a diario, para
demostrarlo y en la que el acuerdo para una Junta de Paz es puro espejismo. Lo
mismo en Ucrania, a la que ha dejado sin armas ni apoyo para que se defienda
del brutal ataque e invasión de la Rusia de Putin. Y su última bravata contra
Irán, civilización a la que iba a hacer desaparecer en cuestión de semanas con misiles
y bombas, lleva seis meses resistiendo y obligándole a buscar excusas para
salir del avispero.
También Europa, cuyos países han sido escudo territorial,
gracias a la OTAN, frente al enemigo vigilante de los irredentos “soviets”,
sufre ahora la desconsideración y antipatía de un Donald Trump que, cual miserable
casero, solo quiere subir la renta y gastar menos dinero por su supuesta
protección. Así, en un giro doctrinal, prefiere debilitar la Alianza
trasatlántica a que se le discuta sus pretensiones mercantiles por la defensa
estratégica atlántica, puesto que, en virtud de esa nueva doctrina, Rusia ha
dejado de ser un adversario. Únicamente España se ha resistido a incrementar su
contribución a la OTAN con el argumento de que ya financia en la actualidad las
necesidades de defensa que le corresponden.
Si todo esto son “éxitos” del prepotente, impulsivo y
mentiroso Donald Trump, que venga Dios y lo vea. Pero que no lo suframos los
parias del mundo que sobrevivimos con la energía, transformada en luz y
gasolina, que nos venden unos y otros, tanto en tiempos de paz como en los de
guerra. ¡Qué plan!
viernes, 21 de agosto de 2026
Llámalos por su nombre
Para poder abordar cualquier asunto de la realidad, para poder comprender lo que sucede y nos sucede, hay que primero nombrarlo, conocer con exactitud su sombre, el término más preciso que lo describe y con el que señalamos su verdadera dimensión. Porque las palabras no son inocentes: designan según la intencionalidad del que las emite. Y lo que pasa en Ceuta, con la llegada masiva e ilegal de miles de inmigrantes, sucede lo mismo. Según las palabras empleadas, nos predisponen a un significante intencionado. Estamos expuestos a subterfugios lingüísticos que intentan que aprehendamos, por la forma de nombrarlos, una determinada interpretación o aspecto manipulado de la realidad. Es lo que nos advierte Isaac Rosa con este artículo que suscribo totalmente. Por eso indico el enlace para verlo y leerlo. Valórenlo ustedes mismos. No tiene desperdicio.
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nombre-exacto-ceuta_129_13458292.html
jueves, 13 de agosto de 2026
El eclipse que no vi
Y no lo vi, no porque desconociera -cosa imposible después
de tanta publicidad- que iba a tener lugar un fenómeno natural, aunque
esporádico, que asustaba en la antigüedad a la gente, sino porque ni quise ni
cambié mis proyectos o asuntos por mirar al sol. Ni siquiera compré las
imprescindibles gafas con filtros que evitan daños en la retina al que
imprudentemente mira directamente el disco solar. Simplemente, no pensaba
observarlo y no lo hice.
Soy, pues, de esos excéntricos que caminan con paso cambiado
y no siguen los dictados consumistas que guían a la masa, pastoreada dócilmente
por las modas, las redes sociales, la propaganda política o comercial, los
convencionalismos, los medios de comunicación y hasta por la lotería o la ONCE.
Intento ir a mi bola, aunque no siempre lo consigo.
Pero esta vez, con el eclipse, me he resistido y no he caído
en las redes manipuladoras que todo lo convierten en espectáculo… para sacar
beneficio. El negocio de viajes, alojamientos, gafas, restaurantes y demás
complementos ha sido mayúsculo. Han hecho su agosto este agosto. Pero de mí no
han obtenido ni un céntimo. Y no por ser un tacaño, que no lo soy, sino porque
he creído que no mirar cómo el sol se torna oscuro, desde mi ignorancia y lego
en física, supusiera que me perdería una experiencia “histórica” de la que me
acabaría arrepintiendo.
No lo creo porque la experiencia de un eclipse, aun sin ser
total en donde vivo, la disfruto de otra manera, percatándome de la disminución
de luz, de la bajada de las temperaturas, de la alteración en la conducta de
algunos animales, del regreso de las sombras y del doble atardecer al que asistí
esa tarde. Y todo ello sin mirar directamente al astro rey, sino sabiendo que
está ahí, siguiendo su trayectoria de este a oeste y jugando con la luna para
asombro -y negocio- de los habitantes de la Tierra.
Y lo mejor -para quienes vivimos en estas latitudes sureñas-,
tendremos nuevas ocasiones de contemplar más eclipses: el 2 de agosto de 2027
habrá otro eclipse total, y el 26 de enero de 2028, uno anular (la luna, muy
alejada de la Tierra, no consigue tapar todo el disco solar).
Por todo ello, no sentía la necesidad imperiosa de reaccionar
al estímulo colectivo de mirar adonde nos mandan, a pesar de que no seamos
astrónomos. No tenía ganas de sumarme a la vorágine propagandística de este
eclipse de sol. Total, ya habrá tiempo y forma de hacerlo con menos presión
ambiental.





