El viernes 16 de octubre, a las 7 de la tarde, tengo el placer de presentar, junto a José Alfonso Bolaños, mi último libro Microrrelatos y Aforismos. Píldoras literarias, en la librería Botica de Lectores, sita en la Avd. República Argentina, 15, de Sevilla. El acto consistirá en un diálogo entre el prologuista de la obra y yo, abierto a la participación de los asistentes, para descubrir las claves y las causas de un libro tan sorprendente como personal. Estáis todos invitados. La entrada será libre, hasta completar aforo.
Mirada crepuscular
Diario de un incrédulo con vista cansada
domingo, 4 de octubre de 2026
jueves, 1 de octubre de 2026
¿Es la vivienda un derecho?
Con los años, el piso ha cambiado dos veces de propietario
hasta acabar en manos de un fondo de inversión. Estos nuevos propietarios le
exigieron actualizar el alquiler y los 2.650 euros de mensualidad, para su
pensión de 1.350 euros, eran inasumibles, por lo que se activaron los
mecanismos legales para echarla de la vivienda. Su caso, no obstante, solo es uno
de los muchos que sufren diariamente los inquilinos de viviendas en nuestro
país. Y lo que nos incita a reiterar la pregunta: ¿es la vivienda un derecho?
El desahucio de esta inquilina nos mueve a pensar que el
derecho a la vivienda, que la Constitución recoge en su artículo 47 reconociendo
a todas las personas el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada,
es más formal que material. Es decir, constitucionalmente se reconoce un
derecho como norma (formal), pero sus efectos y contenido no acaban de
regularse, por muchas leyes de la vivienda que se hayan elaborado, para que sea
efectivo (material), como otros derechos.
Porque el de la vivienda no parece un derecho tan protegido
como el de la salud (Art. 43) o el de educación (Art. 27). Y no lo es porque ni
los legisladores que lo redactaron ni los gobiernos que podían desarrollarlo
han querido hacerlo, aunque tuvieran instrumentos para ello. Todo “arreglo”
introducido en su desarrollo ha sido obligado por las circunstancias -como las acampadas
en la actualidad-, entre otras razones, porque el derecho a la vivienda
colisiona frontalmente con otro derecho: el derecho a la propiedad. Cualquier
mejora en uno va en detrimento del otro. Y por esta razón asistimos hoy,
perplejos, a desahucios forzosos y violentos de personas indefensas por mor de
la voracidad del mercado.
Inmersos en el capitalismo, hemos naturalizado la existencia
de un mercado inmobiliario. Asumimos como “normal” que la vivienda sea tratada
como una mercancía más, sujeta a la dinámica de la oferta y la demanda, que es
la que determina los precios. Este negocio inmobiliario es uno de los más
activos de la economía, hasta el punto de crecer y fortalecerse cada vez más
con medidas legales que lo protegen y amparan. Y ello hace que la ley priorice
el derecho del casero al del inquilino a tener una vivienda.
Y es que, mientras actuamos como propietarios y podemos
esperar plusvalías de nuestros inmuebles, nos parece fantástico este sistema.
Pero si somos inquilinos o poseedores de una deuda hipotecaria, que incrementa
sin parar su mensualidad, el mercado nos resulta sumamente injusto. ¡Dónde
queda, entonces, ese supuesto derecho a la vivienda?
Es un problema que no siempre ha sido así, aunque el pobre
siempre ha estado destinado a tener una vivienda precaria. En el mundo rural,
el campesino se construía su propia vivienda o accedía a la casa adscrita a la
tierra del señor feudal o cacique para el que trabajaba de sol a sol. Y en las
urbes, las masas trabajadoras podían aspirar a viviendas protegidas
patrocinadas por administraciones públicas, gremios industriales (telefónica,
tabacalera, etc.) o patronazgos de cualquier tipo (sociales, religiosos,
militares, sindicales, etc.). O, simplemente, arrendar una vivienda de renta
congelada, como la de la que ha sido desahuciada la inquilina madrileña.
Es relativamente reciente la necesidad de que el mercado sea
la vía exclusiva para acceder a una vivienda y que el precio sea el filtro que
discrimina a quien aspira a disfrutar de ese derecho, en función del poder
adquisitivo. Se trata de una consecuencia inevitable del capitalismo, que ha
conseguido que todas las necesidades o aspectos de la sociedad sean satisfechos
por el mercado. Una lógica que pocos discuten y todos acatamos, porque hemos
interiorizado la búsqueda obsesionada del beneficio o la riqueza por encima de
cualquier otra consideración. El beneficio como único objetivo en la vida.
Tanto como decir que ya solo pensamos y actuamos economísticamente, como
diría Tony Judt.
¿Cómo corregir esta anomalía? Pues, sin inventar nada ni
troceando decretos, recuperando la oferta de vivienda pública, sin ánimo de
lucro y fuera del mercado, que equilibre el peso que actualmente monopoliza la
oferta privada. De igual manera que coexisten la medicina pública con la
privada y la enseñanza pública y la privada, el derecho a la vivienda también
puede garantizarse con la construcción de viviendas de titularidad pública, en
paralelo con las de promoción privada.
Porque lo que impide disfrutar del derecho a la vivienda es
que el porcentaje de vivienda pública o social, de titularidad autonómica o
municipal, es solo del 3,4 por ciento, muy por debajo de la media de la Unión
Europea, que ronda el 9 por ciento. El resto del parque inmobiliario
corresponde a la iniciativa privada. Ello ocasiona un desequilibrio escandaloso
y sangrante, por cuanto la escasez de vivienda social perjudica gravemente a
una gran parte de la población, a los más necesitados y vulnerables, que no
pueden costearse el acceso a una vivienda a través de la iniciativa privada.
Además, para favorecer la equidad en la adquisición de una
vivienda, sería perentorio que las administraciones autonómicas y municipales
solo pudieran adjudicar el suelo público a la construcción de viviendas
sociales y no a ofertas del sector privado. Porque elevar sustancialmente el
porcentaje de vivienda pública hasta el 15 o 20 por ciento permitiría que la
vivienda fuese en verdad un derecho material y no un negocio solo para
pudientes y fondos buitres. Todas estas medidas posibilitarían, en última
instancia, que los alquileres contuvieran su espiral demencial de crecimiento,
al contar con un parque inmobiliario regulado y con precios tasados ajenos a la
especulación.
Si esta compatibilidad de lo público con lo privado ya
funciona con el derecho a la salud y a la educación, a pesar de todas sus
deficiencias e insatisfacciones (nada es perfecto), ¿por qué no se efectúa con
la misma intensidad con la vivienda? ¿Es que acaso la vivienda no es igualmente
un derecho?
Es función de un Estado social y de derecho procurar el
bienestar de los ciudadanos, proporcionando ciertos bienes y servicios por el
simple hecho de que son de interés público. Y porque constituyen derechos
irrenunciables. Pero, sobre todo, porque todos necesitamos servicios o bienes
(como la vivienda) cuyos costes compartimos entre todos mediante una fiscalidad
progresiva, como también señaló el citado Judt en Algo va mal. Podemos,
por tanto, exigirlos mediante manifestaciones, concentraciones, acampadas, pero,
fundamentalmente, votando. Somos nosotros los que elegimos a quienes nos
gobiernan y sus políticas socioeconómicas. Que no se nos olvide.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Culpable de ser quien es
El juez Peinado ha llevado a cabo una instrucción sobre las
actividades académicas de la mujer del presidente, buscando prospectivamente
indicios delictivos de hechos de la denuncia que han quedado fuera de la causa
(adjudicación de contratos al empresario Barrabés), para acabar enviándola a
juicio oral por otros ilícitos distintos que no se concretan, atribuyéndole un
aprovechamiento de su condición de mujer del presidente. Un aprovechamiento
inútil porque el juez ha sido incapaz de especificar el beneficio económico que
obtuvo la acusada por ese presunto tráfico de influencias.
Además, en un auto tan errabundo como arbitrario, el juez
Peinado considera que la acusada utilizó el apoyo de su asistente en La Moncloa
para ejercer su actividad profesional y académica, a pesar de tratarse de
actuaciones completamente ajenas a las "funciones institucionales” que el
magistrado imagina le corresponden como cónyuge del presidente. En razón a ello, la acusa, junto a la
asistente, de malversación en la contratación de su ayudante.
Por este presunto e inverosímil delito, el juez quiso
imputar también al ministro Félix Bolaños porque el nombramiento de la
asistente se realizó cuando este era director general de Presidencia. Pero el
Tribunal Supremo rechazó la propuesta del juez. No obstante, también llegó a
imputar durante un tiempo a los sucesores del ministro en el cargo por el mismo
motivo, aunque finalmente retiró las imputaciones. No pudo escarbar más.
Y aunque no se vislumbra ni un atisbo de conductas
criminales en base a los hechos investigados, el ínclito juez Peinado ha
querido darse un homenaje por su jubilación enviando al banquillo a Begoña
Gómez, acusada, por lo que se deduce de su auto, de ser la esposa del
presidente del Gobierno. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!
Y lo que es más grave: que a sus autores no les importa el
descrédito reputacional que le hacen con sus actuaciones a la justicia, como poder
independiente que garantiza el cumplimiento de la ley en un Estado de derecho y
como sustento de la democracia.
Aquella sentencia, escribía el exjuez Garzón, que condenó al
exfiscal general ha marcado un antes y un después en la concepción y la
credibilidad que se tiene de la justicia. Y la instrucción rocambolesca del
juez Peinado participa de lleno en vaciar de contenido a la justicia, que
debería estar caracterizada por la virtud como institución social, del mismo
modo que la verdad en los sistemas de pensamiento, como afirmaba el filósofo
John Rawls.
Ese “uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de
persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un
adversario político”, es lo que se conoce como lawfare (anglicismo que
proviene de law (derecho) y warfare (guerra), según la definición
de Vollenweider y Romano citada en el libro de Garzón (La democracia amenazada,
Planeta, 2026).
Un lawfare al que el juez Peinado se ha sumado poniéndole
la guinda de una instrucción que pasará a los anales de la injusticia.
martes, 15 de septiembre de 2026
Viaje a Mercurio
Mercurio, como Venus, la Tierra y Marte, es un planeta rocoso.
Su estructura interna está dominada por un enorme núcleo de hierro, mucho más
grande, en comparación, que el de la Tierra. Y no tiene atmósfera, sino una
delgada exosfera formada por átomos expulsados de la superficie por el viento
solar y el impacto de los meteoritos. Es un planeta, en suma, que ofrece más
misterios que respuestas.
Y por ello es digno de destacar la misión que la Agencia
Espacial Europea (ESA), junto a la Agencia Japonesa de Exploración Espacial
(JAXA), está a punto de coronar su objetivo para la investigación de Mercurio. Es
la primera misión europea al planeta menos explorado del Sistema Solar. Se trata de la misión BepiColombo, una nave
compuesta por dos orbitadores científicos independientes: el Orbitador
Planetario a Mercurio (MPO, por sus siglas en inglés), de la ESA, enfocado a
estudiar la superficie del planeta, su geología y composición interior; y el Orbitador
Magnetosférico de Mercurio ((MMO), de la JAXA, destinado a analizar el campo
magnético y la magnetosfera de Mercurio.
El objetivo de la misión será desvelar algunos de los
misterios del planeta, estudiando su superficie, su estructura interna y su
gran núcleo, además del origen de su campo magnético, las dinámicas de su
magnetosfera y cómo interactúa con el viento solar. También elaborará mapas
globales y tomará imágenes de sus formaciones para comprender mejor los
procesos geológicos, la actividad tectónica y otros fenómenos que presenta su superficie
(como volcanes y depósitos de hielo polar en cráteres donde no llega la luz solar)
que permitirán saber más sobre su origen y comprender mejor la evolución del
planeta.
El nombre de la misión es un homenaje al matemático e
ingeniero italiano Giuseppe (Bepi) Colombo (1920-1984), conocido por haber
explicado las peculiares características de rotación de Mercurio, un planeta
que gira alrededor del Sol describiendo una órbita muy corta y rápida, lo que hace
que un año mercuriano dure solo 88 días terrestres. Sin embargo, rota sobre su
eje a un ritmo muy lento, tanto que un día de Mercurio es como 58 días de la
Tierra.
Esta combinación de rotación lenta y traslación rápida
origina un hecho curioso: el Sol tarda mucho en salir y ponerse. Y hay veces
que amanece dos veces en ciertos lugares del planeta. Y en el lado opuesto,
también anochece dos veces. Ello se debe a que, durante días previos al
perihelio, cuando el planeta está más cerca del Sol, la velocidad de traslación
supera momentáneamente a la de rotación, causando que el movimiento aparente
del Sol se invierta durante un tiempo. Es decir, en ciertos lugares de
Mercurio, un observador podría ver salir el Sol hasta la mitad de su recorrido,
después volver a ponerse parcialmente para, al final, volver a salir antes de
ponerse del todo, y todo ello en un solo día mercurial.
Por otra parte, este pequeño y veloz planeta posee un débil
campo magnético global (aprox., el 1 % del terrestre), cuyo origen y geometría
desconcierta a los científicos, pues, en teoría, un mundo tan pequeño debería
haberse enfriado y solidificado hace millones de años, apagando el núcleo
interno que genera el magnetismo. Sin embargo, su eje magnético está desplazado
cerca de 500 kilómetros al norte del centro geográfico del planeta, lo que
provoca que el escudo magnético sea mucho más débil en el hemisferio sur.
Ya durante el primer sobrevuelo de la sonda BepiColombo (que
ha realizado nueve sobrevuelos -uno a la Tierra, dos a Venus y seis a Mercurio-
para ralentizar su “caída” hacia el Sol antes de entrar en órbita alrededor del
planeta), los instrumentos detectaron que los electrones de la magnetosfera
caen precipitados directamente contra la superficie, emitiendo rayos X. Son
como auroras boreales que tocan el suelo.
Todos estos misterios -y los que todavía se ignoran-
constituyen el objetivo de la misión BepiColombo que ya hace su aproximación
final al planeta Mercurio. Se espera que su investigación aporte datos que
revolucionen los precarios conocimientos que se tienen del planeta y ayuden a
desentrañar incógnitas acerca del origen de su campo magnético, su inusual
densidad interna y la composición geológica de su superficie.
Mientras en la Tierra seguimos a la greña por acaparar
riquezas y poder, la Ciencia espacial nos permite conocer el entorno sideral en
que nos hallamos y valorar exactamente lo que representamos en relación con la
inmensidad del Universo. Por eso es tan conveniente como interesante seguir los
avances y descubrimientos de la investigación espacial. Como esta misión de la
Agencia Espacial Europea en colaboración con la japonesa. Ojalá logre un éxito
rotundo.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Una princesa en la universidad
Como si fuera una alumna más, aunque heredera a portar sobre
su cabeza la corona del reino de España, la princesa (parece que narramos un
cuento de hadas) iniciaba sus estudios universitarios. Y a pesar de su
apariencia de normalidad, incluso cercana y familiar, el hecho fue destacado no
solo por las revistas del corazón, sino que ocupó portadas de la prensa
supuestamente seria y formal.
Pero nada en ella es normal, aunque se empeñe la Zarzuela en
intentar dar esa imagen. La futura reina de España sigue al pie de la letra un
detallado plan, no solo formativo sino también institucional, elaborado
concienzudamente desde la Casa Real para construir su imagen pública como una
figura cercana al pueblo, que comparte sus mismos retos (¡ha de estudiar,
caramba!) y que se prepara para asumir cuando corresponda las altísimas
responsabilidades de la Jefatura del Estado. Se instruye a quien está destinada
a ser reina de España y se trata de modernizar, al mismo tiempo, a una
institución monárquica que presenta más manchas que brillos.
Así, la distinguida alumna, no en vano princesa, fue
recibida a las puertas de la universidad, en medio de una multitud de
estudiantes, vecinos y curiosos, por el mismísimo rector de la universidad, la
vicerrectora de Estudiantes y el decano de la Facultad de Ciencias Políticas.
Como se hace con todos los nuevos alumnos, supongo. Pero no accedía a la
universidad tras un currículo convencional como cualquier bachiller, sino
después de haber cursado el Bachillerato Internacional en el UWC Atlantic
College de Gales. Y tras superar, naturalmente, el proceso de selección para la
admisión de estudiantes que realizaron el bachillerato en el extranjero.
¡Difícil papeleta para el comité que la evaluó!
Y es que, por si fuera poco, la princesa Leonor llegaba a la
universidad después de haber pasado tres años de preparación militar en las
academias del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire y del
Espacio. Por esa etapa “militar” recibirá, en julio de 2027, los reales
despachos que la acreditarán como teniente del Ejército de Tierra y del
Ejército del Aire, además de alférez de navío de la Armada. Ahí es nada, para
sus escasos 20 años de edad. Todo muy normal.
Tan normal que los estudios que cursará en la Universidad
Carlos III de Madrid, en el campus de Getafe, con una duración de cuatro años,
incluyen el análisis de los sistemas políticos junto a materias como Derecho,
Economía, Historia y Relaciones Internacionales, entre otras. Unos estudios en
los que deberá analizar cómo se organiza el poder, cómo se legitima y cómo se
somete al control democrático. Es decir, la princesa se estudiará a sí misma
para conocer y legitimar la institución monárquica, ese arcaísmo que ella
representa y que encarnará en un futuro inmediato, integrado en un Estado
democrático. Pero algo se ha avanzado. Al menos, ya no se considera a los
soberanos como representantes de los dioses para gobernar, pero siguen sin ser
elegidos por sus representados. ¿Cómo se lo explicarán?
Y para que no haya distingos, la propia princesa ha dejado
de manifiesto no querer trato diferencial en una universidad, mira qué
casualidad, que lleva el nombre de uno de sus antepasados dinásticos del linaje
de los Borbones. Algo así como una universidad bautizada con el nombre de su
tatarabuelo, el rey del despotismo ilustrado. También muy normal.
Sin embargo, lo único que no es normal es que, en pleno
siglo XXI, sigamos considerando a determinadas personas y sus familias como
seres que, por nacimiento, pertenecen a ámbitos superiores e inaccesibles para
el resto de los mortales -por ser reyes, princesas, infantas y demás cohorte
real-, cuya función social no está sujeta a control ni mucho menos a elección,
como corresponde en una democracia.
Por eso, la princesa jamás podrá ser un alumno más, lo que
explica la cobertura mediática que ha generado su ingreso en la universidad.
Aparte de compaginar su asistencia a clases con sus actividades institucionales
(audiencias, visitas, inauguraciones, viajes, discursos, etc.), su exclusiva
formación se adecuará a las exigencias de la forma de gobierno que representa,
muy alejadas de cualquier consideración de “normalidad”.
Porque ella no va a la universidad para aprender y poder ganarse
la vida en lo que desee, sino para “adornar” el trabajo que ya tiene asignado
desde que nació con apariencias de “normalidad” y ejemplaridad. Una forma de
justificar sus privilegios hereditarios, como primogénita de la familia Borbón
-la única línea sucesoria de una monárquica jamás refrendada-, a pesar de que
sea la forma de gobierno en España, impuesta después de una larga dictadura,
desde que en 1978 se aprobó la Constitución.
Así pues, que una princesa vaya a la universidad no supone
que la monarquía parlamentaria española, como forma de gobierno, sea cercana y más
“normal” que la legitimidad democrática de un Jefe del Estado elegido en las
urnas. Y no lo es porque, a pesar de todas estas modernidades cosméticas, la
monarquía es para buena parte de la población española una imposición histórica
que “chirría” en una sociedad que ha evolucionado y demanda gobernantes
sometidos al control democrático y la rendición de cuentas, sin impunidades ni
inviolabilidades legales que blinden sus desmanes penales y conductas inmorales.






