Mirada crepuscular
Diario de un incrédulo con vista cansada
miércoles, 15 de julio de 2026
¡Vacaciones!
martes, 14 de julio de 2026
“P´adelante”, como sea
Existe una cacería contra el Gobierno de coalición de Pedro
Sánchez desde el primer minuto en que accedió al Poder Ejecutivo y,
especialmente, desde que concedió, en 2021, el indulto a los líderes
independistas catalanes encarcelados por sentencia del Tribunal Supremo, entre
ellos al expresidente del Govern Oriol Junqueras, y por la Ley de Amnistía que
aprobó en 2024 para la normalización institucional, política y social de
Cataluña, que, según cálculos, afectará a más de trescientas personas inmersas
en procesos judiciales a causa del procés.
La derecha, tanto política como judicial, no perdona la
política conciliadora del Gobierno con Cataluña, ni que rebaje la consideración
de delitos de sedición y rebelión a los desórdenes públicos acaecidos en
aquella comunidad a causa de las manifestaciones por la independencia y el
posterior referendo ilegal. La extrema violencia policial con la que se trató
de impedir la consulta y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en
octubre de 2017, para “suspender” la autonomía en Cataluña, fueron las armas
con las que se combatió un problema político. Hay que recordar que con aquellas
medidas se disolvió el Parlament, el Govern quedó destituido y el
Gobierno central asumió temporalmente la gestión de las consejerías de la Generalitat.
Por todo ello, existe una ofensiva judicial por parte de un
número reducido de jueces, con el apoyo tácito o implícito de parte del
colectivo, contra el Gobierno de Sánchez por motivos que solo pueden hallarse
en la política, como advierte Carlos Elordi en un artículo publicado en
noviembre de 2025.
Ese contexto, junto al apoyo que el Gobierno cuenta en el
Congreso de partidos nacionalistas o independentistas del País Vasco y
Cataluña, cuyos votos permitieron la investidura del líder del PSOE, es lo que
explica la radical virulencia de la derecha contra Pedro Sánchez, a quien no le
reconocen los indiscutibles éxitos alcanzados, durante sus mandatos, en el
plano económico, laboral, internacional y social.
Es llamativo, si no fuera preocupante, encuadrar en esa
ofensiva aquella manifestación de jueces y fiscales, con sus togas a las
puertas de Palacios de Justicia, contra la ley de amnistía que entonces aun se estaba
elaborando. A pesar de estar obligados a que sus opiniones políticas no
influyan en el ejercicio profesional como jueces, no se recatan de exhibir su
ideología y, lo que es peor, que esta impregne sus sentencias.
Tanto es así que el destino del actual Gobierno está en
manos de estos jueces, algunos de los cuales se comportan con un componente de
soberbia apenas disimulado y que genera desconfianza, cuando no estupefacción, en
la ciudadanía. Es la que muestra el juez Juan Carlos Peinado con su instrucción
prospectiva -expresamente prohibida en el proceso penal- contra la esposa del
presidente del Gobierno, en su búsqueda desaforada de algún indicio delictivo
que permita condenarla. Se trata de un ejemplo palmario de utilización de la
justicia con fines políticos: lo que se conoce como lawfare.
Fue también el caso del diputado de Podemos Alberto
Rodríguez Rodriguez, que perdió su escaño en el Congreso por una condena, en
2021, de inhabilitación que tres años después anuló en Tribunal Supremo. Para
entonces, ya estaba fuera de la institución, por lo que el castigo era
irreversible.
Y es también el caso del fiscal general del Estado, Álvaro García
Ortíz -utilizado como pieza para asediar y obligar dimitir a quien lo nombra,
el presidente del Gobierno-, a quien ha condenado el Tribunal Supremo a la pena
de inhabilitación por revelación de datos reservados, sin pruebas irrefutables
y basado en argumentos voluntaristas y en un bulo calumnioso, que reconoció
falso, su propio autor, el “Rasputín” de la líder de la derecha y presidenta de
la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Y como estos, incluido el de Mónica Oltra en Valencia, muchas otras actuaciones del conservadurismo
reaccionario que aun anida en la judicatura y que no hacen ascos al uso espurio
de la justicia con fines políticos. Cosa que se explica, pero no justifica,
si atendemos a la procedencia de esos jueces o de sus descendientes, pues se trata de una
judicatura que transitó directamente desde la dictadura a la democracia sin la
debida “modernización” ni actualización al régimen democrático. De ahí la abrumadora derechización que sufre la justicia y su tendencia al lawfare,
al que concurren actores del ámbito político, mediático, económico, social
y hasta religioso.
La primacía de la derecha en el Poder Judicial se evidencia en cifras: de sus 5.500 jueces, solo dos fueron candidatos progresistas para 118
plazas en el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y los 17 tribunales
superiores de justicia autonómicos, según recoge el exjuez Baltasar Garzón en su libro La
democracia amenazada (Planeta, 2026).
Es patente, por tanto, que asistimos a una campaña de “acoso y derribo” contra el actual Gobierno de España en la que participan individuos sumamente
poderosos del mundo de la judicatura, empeñados en acabar como sea con un Gobierno
al que consideran ilegítimo desde que fue nombrado por el Congreso de los
Diputados. Jueces y fiscales que responden al mandato “del que pueda hacer, que
haga”. Y no se paran en consideraciones legales o morales para, en connivencia
con sectores de la política y los medios de comunicación, lograr sus propósitos
sin esperar al resultado de las urnas. Tampoco les detiene el deterioro de las
instituciones ni la desconfianza y la desafección que generan en la ciudadanía.
El ambiente de crispación y polarización que provocan con sus exageraciones,
denuncias y manipulaciones maniqueas favorece sus objetivos de alterar el
normal desenvolvimiento político. Aunque asqueen y desmotiven al votante.
Pero si la situación es tensa y grave, no me quiero imaginar
lo que podría pasar si, por malicias del destino, Pedro Sánchez vuelve a ganar
las próximas elecciones, contra todo pronóstico y a pesar de la presión
judicial que soporta en su entorno familiar, con su hermano y su mujer
condenados. No soy capaz de pensar lo que harían estos que creen que la única
España posible es la que ellos representan, que la única Patria es su patria.
Dios nos coja confesados.
miércoles, 8 de julio de 2026
Una Andalucía irrespirable
Se trata del `Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para
Andalucía´, el segundo que suscribe el PP de Andalucía con Vox desde que en
2019 Moreno Bonilla se convirtiera en el primer presidente andaluz de derechas,
pacto que confirma, como ha sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León,
la voluntad de las derechas de gobernar juntas cada vez que los votos lo
permitan, obviando preventivos “cordones sanitarios” contra los ultras. Antes,
al contrario, se les facilita el acceso al poder en tanto en cuando el pacto
conlleva la entrada al Gobierno andaluz del candidato de Vox como
vicepresidente de la Junta de Andalucía y titular de la macrocartera de
Turismo, Desregulación, Justicia y Administración local.
Todo hace presagiar, pues, un verano irrespirable, que se
extenderá a lo largo de toda la legislatura que ahora se inicia, no solo por la
temperatura que marquen los termómetros a causa de un cambio climático que el
propio acuerdo califica de mero “fanatismo climático”, sino también por el
retroceso que supondrán las 150 medidas recogidas en el citado acuerdo de
gobierno, de 60 páginas, algunas de las cuales inculcan leyes en vigor o son
fraudulentas por tratar materias, como la inmigración, que son competencia
exclusiva del Estado.
Entre ellas, el desarrollo de la llamada “prioridad
nacional” que la extrema derecha consigue imponer allí donde sus votos son
imprescindibles. Una iniciativa segregacionista que excluye el acceso a
prestaciones y servicios sociales a quienes no demuestren “arraigo” en
Andalucía -discriminación por origen-, y que plantea, además, la supresión de
ayudas, subvenciones, convenios y conciertos a ONG u otras entidades que, según
el texto, contribuyan al denominado “efecto llamada” por trabajar sobre el
problema de la inmigración ilegal. Prevé, incluso, “revisar” las funciones y la
composición del Foro Andaluz para la Integración de las Personas de Origen
Inmigrante.
Es, sin duda, la principal palanca legal contra la
inmigración que obsesiona a la ultraderecha, y que se acompaña, como recoge el
pacto andaluz, de acuerdos para rechazar y confrontar la política inmigratoria
del Gobierno e impedir que Andalucía participe en la acogida de “menas”
(menores extranjeros no acompañados) como solución a la saturación que soportan
las Islas Canarias con la llegada ilegal de inmigrantes. Al mismo tiempo, se
prohíbe el uso del burka y nicab en espacios públicos autonómicos (al parecer,
un peligro de seguridad mayúsculo), así como dejar de impartir la lengua árabe
y la cultura marroquí en los centros educativos de Andalucía.
Otras medidas ponen en la diana los avances en la igualdad y
protección de la mujer. En ese sentido, el pacto recoge que se derogará toda
norma basada “en el criterio de ideología de género”, como la Ley Trans, la Ley
de Lucha contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad entre Hombres y
Mujeres y, en definitiva, todo lo que la ultraderecha califica de “ideología”
feminista.
Y es que los rancios “ultras” posfascistas están convencidos
de que cualquier iniciativa por equiparar en derechos a la mujer con el hombre
y aquellas otras tendentes a luchar por protegerlas contra la violencia
machista, no son más que rémoras de una peligrosa ideología feminista que socava la
sociedad y la relación entre hombres y mujeres, tal y como ellos la entienden.
Tanto es así que hasta la existencia del Instituto Andaluz
de la Mujer (IAM), cuyas iniciativas sociales persiguen la defensa de esos
avances en derechos de la mujer, será objeto de revisión y nueva definición,
sea lo que sea lo que eso signifique, seguramente a peor, para ellas.
Quiere decirse, por tanto, que se espera a partir de verano
en Andalucía un mazazo contra las políticas de solidaridad y respeto a la
dignidad de hombres (inmigrantes) y mujeres (víctimas del machismo) hasta ahora
vigentes. Para combatirlas, la obsesión racista y antifeminista de la extrema
derecha busca insistentemente limitarlas o derogarlas, como propugna su
reaccionario ideario, mediante compromisos que pacta en los gobiernos a los que
accede. Y lo grave es que, cada vez que resulta necesario, la derecha
“convencional” asume sin pudor tal ideario para conservar o acceder al poder, incluso
compartiéndolo con Vox, como se ha evidenciado allí donde gobierna gracias al
apoyo de los ultras.
Es previsible que este ambiente asfixiante se agudice
todavía más conforme se vaya aplicando el resto de las medidas que recoge el
citado acuerdo. Porque, aparte de las comentadas, se contempla la derogación de
la Ley andaluza de Memoria Histórica, lo que obstaculizará, más si cabe, la
exhumación de restos óseos de las personas asesinadas y enterradas sin
identificar en fosas comunes durante la Guerra Civil, así como el estudio y conocimiento -para evitar
repetir los mismos errores- de ese pasado ignominioso que continúa influyendo
en el presente, junto a la valoración crítica y rigurosa de lo que supone la
restauración de la democracia en nuestro país tras las secuelas de una sangrienta
dictadura de cuatro décadas. Se nos niega, así, que tengamos memoria de las
páginas más negra de nuestra historia.
Asimismo, el pacto de PP y Vox cuestiona la Política Agraria
Común (PAC), rechaza el acuerdo UE-Mercosur, discrepa de la condicionalidad
climática, del Pacto Verde y la Agenda 2030 sobre sostenibilidad medioambiental
que, en opinión de los ultras, perjudica al sector primario. Sin embargo, la
Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Andalucía (UPA) muestra sus
reservas a esas medidas pactadas porque, a su entender, no afrontan los
principales retos del campo andaluz y contienen planteamientos que contradicen
la realidad del sector, que sufre las consecuencias del cambio climático que en
ellas se cuestiona y que afectan de forma directa a las cosechas andaluzas.
Incluso, para colmo, se reducen las ayudas a la cooperación
internacional y las subvenciones a las organizaciones sindicales y la patronal,
imprescindibles en cualquier política de concertación social.
En cambio, como no podía ser menos, el Acuerdo de Gobierno
para Andalucía señala la promoción de nuestras más acrisoladas tradiciones,
como son la tauromaquia, la caza y la pesca, tan denostadas por esos
conservacionistas que se abochornan de sus raíces culturales más hondas y
viriles, prometiendo la reducción de todas las tasas autonómicas relacionadas
con estas actividades. Coherentemente, se eliminarán tributos ligados a
cuestiones medioambientales, como los impuestos a las bolsas de plástico, las
emisiones de gases contaminantes y los vertidos a aguas litorales. Todo un
ataque a las políticas de sostenibilidad del Medio Ambiente y del aprovechamiento racional de los recursos naturales.
En fin, lo que este resumen pronostica es que el verano en
Andalucía será cualquier cosa menos agradable y tranquilo. Muchos, los más
desafortunados y débiles, sudarán la gota gorda por ese sol implacable de la
falta de derechos y ayudas que genera insolación por la discriminación racial y
cultural, por la desigualdad y las injusticias que privilegian a una parte
-dominante, eso sí- de la población y por el rechazo, la falta de solidaridad y
de empatía con que se abordan los problemas sociales que a todos nos afectan.
martes, 30 de junio de 2026
Tiempo de lecturas
Es un tiempo reblandecido por las luces y las sombras de las
ensoñaciones en tardes soporíferas del estío que solo el hábito de la lectura,
con su ensimismada soledad, consigue aliviar y refrescar.
Un tiempo que también a este blog amodorra con el pegajoso
discurrir de un verano al que ni la actualidad de lo cotidiano, con esa polarización
política que no cesa, ni la inútil brisa de la prosa más literaria, cargada de hueras
intenciones, podrá sustraerlo de una atención embebida por el rumor de las
olas, el frescor de unas cañas de cerveza y la belleza de unos cuerpos
desparramados sobre la arena o exhibiéndose cual musas luminosas en el
atardecer de las terrazas.
Porque es el tiempo de la placidez contemplativa, de la
pasividad sensorial y de la desidia tan reconfortante para un cuerpo y una
mente fatigados por las rutinas y los delirios del resto del año. Transitamos,
por tanto, el tiempo de enfrascarse en lecturas y extraviarse en utopías
ensoñadoras, en fantasías de nuevas expectativas y conocimientos que satisfagan
una curiosidad que, al contrario del vigor físico, se mantiene intacta con los
años, cuando más experiencia y vivencias se acumulan.
Por tal motivo, estas páginas virtuales de Mirada
Crepuscular espaciarán la publicación de entradas, amoldándola a la parsimonia con
la que el verano impregna toda actividad lúdica o sujeta a obligaciones. Más
que estar atenta a lo que pasa ahí fuera, procurará centrarse en lo que nos
pasa a nosotros mismos y cómo lo asumimos. Así, por ejemplo, durante estos
meses sofocantes, no hará otra cosa que dejar constancia de los libros que han
deslumbrado la mirada cansina y descreída de su autor, de quien suscribe estas
líneas explicativas a los improbables lectores de la bitácora.
Y es que Mirada Crepuscular también se aleja del mundanal
ruido de la cotidianeidad y de los agobios insoportables del presente para
buscar reposo en la sombra de la tranquilidad y el silencio sin ecos mediáticos
que proporciona la distancia más emocional que física, allá donde la actualidad
no es sinónimo de estar al día de lo que tratan las tertulias y recoge la
prensa ni la capacidad de aprender, expandiendo el espíritu, es exclusiva de la
juventud y los trepas.
Se trata de una forma, como cualquier otra, de combatir el
calor de estos meses de la manera más placentera: tumbados a la bartola con un
libro entre las manos. ¡Que paséis buen verano!
lunes, 22 de junio de 2026
La prioridad del primate
Y la verdad es que no es algo extraño en el comportamiento
del humano, en el que se mezclan instintos innatos con respuestas elaboradas
desde el análisis racional y la previsión de consecuencias. Es algo que no
podemos evitar, entre otras cosas, porque, como demostró Darwin, no es que
vengamos del mono, sino que somos monos, mal que nos pese. Y la actitud de la
extrema derecha viene a confirmarlo, por si los terraplanistas, creacionistas y
demás “ultristas” tenían dudas.
Tanto es así que hasta la especie más pacífica de homínido
solo se muestra cooperativa dentro del grupo, pero intolerante y hasta agresiva
frente a otros grupos. Lo que parece, a nuestros ojos, un comportamiento
generoso de fraternidad tribal, como es compartir las piezas cazadas y ayudar a
otras madres con sus crías, no es más que una apuesta fruto de la evolución
para con el grupo, dentro del cual es posible la existencia del individuo. No
se trata, pues, de solidaridad o justicia distributiva, sino simplemente de un
instinto de preservación de la especie, por encima de la del individuo, para
garantizar la perpetuación o continuidad de los genes. Un instinto que induce a
estos animales “pacíficos” a “priorizar” sus recursos: a los nuestros de todo, para
los otros, nada de nada.
Y tal comportamiento es el que anima a los impulsores de la
iniciativa de la prioridad nacional: primero los nuestros a la hora de recibir
ayudas, prestaciones y derechos; los demás, que allá se las compongan. Como
conducta animal, no está mal y en ciertas especies está justificado como
estrategia de conservación y garantía de perpetuación y continuidad. Pero como
decisión política del homo sapìens, la del vertebrado, mamífero, placentario,
primate, simio y humano más inteligente del planeta -como diría juan Luis
Arsuaga-, es una boutade racista, una auténtica burrada irracional, se
mire como se mire, incluido desde el punto de vista económico.
Diferenciar a los habitantes de España, a la hora de merecer
derechos, prestaciones y ayudas, por su origen o por un “arraigo” que no se exige
a los nacidos aquí, es lo más semejante a la actitud hostil y violenta de los monos
con sus parientes de otros grupos. Es un reflejo de nuestra procedencia
simiesca (cuyo origen es, para colmo, africana) que reproduce la prioridad del
primate. Una actitud que demuestra cuán lejos están algunos de comportarse como
auténticos homo sapiens.







