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lunes, 2 de febrero de 2026

La guerra que nadie ganó

Ha sido noticia reciente la cancelación de unas jornadas sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista a causa de la negativa de varios de los conferenciantes a compartir espacio con personas que cuestionan o desacreditan la realidad histórica de aquellos hechos, a pesar de los consensos historiográficos sobre la investigación rigurosa del pasado. Se trataba del evento Letras en Sevilla, organizado por Arturo Pérrez-Reverte y Jesús Vigorra, con el patrocinio de la Fundación Cajasol, que iba a celebrarse del 2 al 5 de febrero en la capital andaluza con el título “1936: ¿La guerra que todos perdimos?”, un lema que estaba escrito sin los signos de interrogación que añadieron posteriormente los organizadores para evitar el escándalo.

Pero este ya se había producido desde que uno de los autores, el escritor David Uclés, decidió no participar en cuanto supo que el expresidente del Gobierno José María Aznar y el exdiputado de Vox Iván Espìnosa de los Monteros eran algunas de las figuras que dispondrían de tribuna en el ciclo de conferencias para exponer sus teorías equidistantes y blanqueadoras de aquella página negra de la historia de España. “No puedo verme en el mismo cartel que estos dos individuos”, esgrimió el autor de La península de las casas vacías.

De hecho, Aznar iba a ser el protagonista de la primera charla, tras la sesión inaugural, con el enfoque “¿Guerra civil: olvidar o recordar?”, que entablaría desde el estrado con el periodista de El mundo Juanma Lamet.

Otros participantes que también anularon su participación, siguiendo la estela de Uclés, fueron el también escritor Paco Cerdá, el líder de IU Antonio Maíllo, la del PSOE Andalucía María Márquez y la historiadora Zira Box. Todos ellos deploran con sus renuncias que todavía se pretenda repartir culpas entre ambos bandos, como si fuera una guerra que todos perdimos -como afirmaba el título original del congreso-, cuando la Guerra Civil fue una contienda que unos ganaron y otros perdieron, que unos iniciaron con una rebelión militar contra una República democrática que otros defendieron, y que resultó vencida y sus partidarios fusilados, tras la cual se impuso un régimen dictatorial que duró cuarenta años por parte de los golpistas.

Un tema que, por lo que se ve, genera controversia entre quienes intentan presentar aquel conflicto como algo inevitable, una tragedia irrefrenable, sin autores responsables ni causas determinantes, y los que buscan que se asuma como lo que fue, un hecho histórico de nuestro pasado, consecuencia de un golpe de estado contra un régimen legítimo que se saldó con una guerra civil y una dictadura que impusieron los vencedores alzados en armas. Es decir, que la guerra estalló porque unos golpistas la iniciaron. Y así debe recogerlo la historia, aunque a los simpatizantes de los sublevados les escueza y pretendan edulcorarlo.

Negar o blanquear una historia que incomoda provoca que la verdad de los hechos se ignore, un desconocimiento que induce a creer que ese pasado no fue tan grave o traumático, hasta el punto de que algunos jóvenes hoy en día piensen que aquella dictadura fue buena, persuadidos por interpretaciones torticeras del pasado. Además, si se diluyen responsabilidades de algo que no fue una catástrofe natural sino una tragedia provocada por autores concretos, se deslegitima la voluntad de una memoria democrática que esclarezca las causas políticas, sociales, económicas y militares de unos hechos que conviene conocer para que no se repitan.

De ahí la controversia de un congreso que ya desde el título mostraba cierto sesgo, marcaba sus claras intenciones. Sin embargo, no deja de ser lamentable su cancelación o aplazamiento porque, aparte de los dos dirigentes de la derecha y la extrema derecha cuya presencia ha causado la polémica, en él iban a participar voces autorizadas, como los historiadores Juan Pablo Fusi, Enrique Moradiellos y Julián Casanova, junto a Fernando del Rey, Manuel Álvarez Tardío y Gutmaro Gómez Bravo.

Y al que estaban invitados figuras del mundo de la literatura, como Luis Mateo Díez, Andrés Trapiello o Víctor Ameia quienes, además de los citados David Uclés y Paco Cerdá, debatirían si son más contundentes las armas o las letras, aspecto que ya han abordado en sus obras.

Incluso un teniente general, Félix Sanz Roldán, abordaría el papel de los ejércitos que combatieron en la Guerra Civil española. Tampoco se olvidaba el debate político, noventa años después de tan trágicos hechos, a cargo de Ester Muñoz (PP), Antonio Maíllo (IU), María Márquez (PSOE) e Iván Espinosa de los Monteros (Vox). Así como las opiniones de personas de variado ámbito, como Alejandro Amenábar y Juan Echanove (cine), Ignacio Camacho, Rubén Amón y Sergio Vila-Sanjuan (periodistas), Carmen Calvo (política), entre otras.          

De ahí que resulte incomprensible la suspensión del evento cuando es imprescindible, precisamente en tiempos como los actuales, conocer la historia -la canónica y la tergiversada- no solo para acceder a la verdad de los hechos, sino también para evitar que se falsee con intención de dulcificar o desdibujar lo esencial de ella. Y ello a pesar de que la intención o el enfoque de Arturo Pérez-Reverte, como organizador del congreso, haya sido el de atribuir aquellos hechos a una fatalidad del pueblo español, predestinado irremediablemente al cainismo por un destino ineludible. Una posibilidad más que probable si se tiene en cuenta que el lema del congreso reproduce el título de una antigua columna periodística suya, publicada en los años 90 en XLSemanal (dominical del diario ABC), en la que hermana a víctimas y verdugos, pues en su opinión en todas partes cuecen habas. Un argumento que reitera en otra columna, La guerra civil que perdió Bambi, de 2006, donde afirma que los “españoles todos, llenos de los rencores, las envidias y la mala baba de la estirpe, canallas y asesinos lo fuimos en los dos bandos”. Es decir, que para él todos fuimos culpables y todos fuimos inocentes. No hubo responsables ni culpables. Tal vez por ese motivo escogió como lema “la guerra que todos perdimos”, tan equidistante entre quienes la perdieron y quienes la ganaron. En realidad, un interesado e intencionado punto de vista político que desvirtúa los hechos, la historia real.

Pero, aunque esa fuera su verdadera intención, hubiera sido preferible confrontar argumentos, rebatir ideas y establecer un debate constructivo con reflexiones sobre un período tan interesante como controvertido como fue la Guerra Civil y posterior dictadura que implantó Francisco Franco, el general que se autonombró Generalísimo y Caudillo de España, con la bendición de una Iglesia católica que, el 16 de abril de 1939, se congratulaba por la victoria de los golpistas y que, incluso, paseó bajo palio al dictador.

Se ha perdido, pues, una oportunidad para rebatir y confrontar el relato manipulado de los que pretenden reescribir la historia con la verdad rigurosa de los hechos ofrecida por científicos comprometidos con la investigación histórica, y con los argumentos de aquellos del mundo de la cultura y el periodismo que defienden una memoria democrática como vacuna contra la intolerancia y la demagogia en cualquier sociedad plural, libre y sin traumas.     

domingo, 19 de octubre de 2025

Panteón de los Sevillanos Ilustres

Si se comparara con la Cripta Imperial de los Habsburgo, bajo la Iglesia de los Capuchinos de Viena, donde descansan eternamente, entre otros, 12 emperadores y 18 emperatrices, el Panteón de los Sevillanos Ilustres, ubicado también en los sótanos de una iglesia, la de la Anunciación de Sevilla, llamaría la atención por lo reducido de su espacio y la sencillez diáfana en su concepción y contenido, sin la suntuosidad barroca del mortuorio vienés. Pero esa modestia no sería demérito para el panteón sevillano, sino muestra de su refinamiento conceptual y ornamental. Porque carece de alardes funerarios que intenten impregnar la muerte de los afanes clasistas de los privilegiados vivos… allí enterrados. No hay carrozas cargadas de símbolos pretenciosos ni calaveras que acompañen al más allá a majestades y aristócratas. En la cripta de la Anunciación solo se hallan lápidas, algún motivo funerario y un par de sarcófagos con réplicas de esculturas yacentes. Y poco más.

Y es que en el Panteón de los Sevillanos Ilustres -una cripta con planta de cruz latina, bóveda de cañón, revertida con granito gris en las paredes y de un salpicado rosa en el suelo, a la que se accede por la facultad de Bellas Artes a través de una portada renacentista de Hernán Ruiz II- no descansan emperadores ni reyes, sino los restos de personas que han sido parte de la historia de la ciudad, tanto del ámbito de la cultura como del arte, lo militar, la política y algún noble. Personajes poderosos no por su riqueza, sino por su sabiduría y los desprendidos propósitos que guiaron sus vidas.

La historia de la propia cripta es curiosa. Tras la expulsión de los jesuitas por Carlos III en 1767, el ilustrado Pablo de Olavide solicita al monarca la concesión de la Casa Profesa de la compañía y el Templo de la Anunciación para crear una nueva universidad. Así, la antigua Casa Profesa se convierte en la sede de la Universidad Literaria, origen de la Universidad Hispalense, y la iglesia de la Anunciación se dedica a la celebración de actos académicos y religiosos.

Cerca de un siglo más tarde, en 1836, un deán de la Catedral propone a la Universidad el rescate de monumentos y motivos funerarios de los templos y conventos saqueados por las tropas francesas, posteriormente desamortizados, que se trasladan al reformado Templo de la Anunciación, junto a otros enterramientos sucedidos con posterioridad. Finalmente, en la década de los setenta del siglo XX, el director general de Bellas Artes del régimen franquista, Florentino Pérez Embid, promueve obras de restauración, limpieza y transformación de la cripta de los jesuitas para convertirla en el actual Panteón de los Sevillanos Ilustres, lugar al que se trasladan los restos y motivos funerarios de la Iglesia de la Anunciación. Desde entonces es un lugar frío, gris y silencioso, prácticamente desconocido para el nativo o visitante de la ciudad, donde se puede rememorar algunas de las páginas de la historia de Sevilla, personificada en los nombres de sus más ilustres representantes.

Así, nada más entrar en el recinto nos topamos con unas lápidas conmemorativas, encabezadas por el escudo heráldico familiar, de Pedro Ponce de León, su esposa y otros miembros de la familia del siglo XVI, cuyos restos proceden del convento de San Agustín, donde había sido enterrado. Era un ricohombre castellano que había prestado apoyo a los Trastámara durante la primera guerra civil castellana, destacando su participación en la conquista del reino nazarí.

En la pared de al lado, se halla adosado al muro un bajorrelieve en bronce de Francisco Duarte de Mendicoa y su esposa Catalina de Alcocer. Duarte de Mendicoa era un militar navarro, fiel al emperador Carlos I de España, que fue destinado a Sevilla como Proveedor General de las Armadas y Ejércitos.

Y entre ambos, sobre el suelo, los sarcófagos de Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de Santiago y fundador del convento de Santiago de la Espada, y Benito Arias Montano, humanista extremeño que destacó en filología semítica, griega y latina, además de filosofía, teología, poesía, medicina, matemáticas, biología y física. Fue capellán y consejero del rey Felipe II. En 1584 renunció a todos sus cargos y se retiró en Sevilla, donde fue prior del Templo de Santiago de la Espada, hasta su muerte en 1598.

Más adelante también se encuentran las lápidas de los sepulcros de los marqueses Jerónimo Girón de Moctezuma y Ahumada y Salcedo, de Antonio Desmaisieres Flores Rasoir y Peán, de Manuela Fernández de Santillana y del conde Luis José Sartorius y Tapia.

De grandes dimensiones es el motivo funerario de Federico Sánchez Bedoya, militar y político conservador de la segunda mitad del siglo XIX, y su esposa, Regla Manjón, condesa de Lebrija, interesada en el arte y la arqueología, en cuya casa palacio de la calle Cuna reunió esculturas, ánforas, columnas y mosaicos romanos, además de una amplia biblioteca, una apreciable pinacoteca y valioso mobiliario.

El historiador José Gestoso tiene su espacio en un monumento funerario en el que también hay rectores de la Universidad como Antonio Martín Villa o Mota Salado, y otros historiadores como José Amador de los Ríos, nacido en Baena y discípulo de Alberto Lista, que destacó como poeta, historiador y catedrático de Literatura. También están Jorge Díez, catedrático de Filosofía de apreciada labor docente, Nicolás María Rivero, licenciado en Medicina, diputado, ministro de Gobernación y presidente del Congreso durante el breve reinado de Amadeo de Saboya, y Antonio Lecha-Marzo, pionero en España de la Medicina Legal.

José María Izquierdo, poeta, ensayista, profesor, periodista y activo ateneísta, padre de la Cabalgata de Reyes Magos de la ciudad, está enterrado en el Panteón, al igual que Francisco Mateos Gago, catedrático de Teología de la Universidad de Sevilla y fundador de la Academia Sevilla de Estudios Arqueológicos.  

Pero puede que sea el del poeta Gustavo Adolfo Bécquer el motivo funerario que más atraiga la atención del visitante, cuyos restos se guardan en el Panteón junto a los de su hermano Valeriano, pintor, quien realizo el lienzo con la imagen más popular del poeta. Sobre la lápida que los conmemora, se alza una escultura neogótica de un ángel que porta en su mano izquierda un libro cerrado, en cuyo lomo puede leerse “Rimas” -en alusión a la obra del poeta-, y en la derecha, un escudo, y que apoya los pies sobre un pedestal adornado con volutas vegetales y evocadoras golondrinas. Allí solían dejar los visitantes trocitos de papel con poemas, pensamientos o dedicatorias que ahora se depositan en una urna.

Frente a este monumento se halla la lápida del escritor, sacerdote, matemático, poeta y periodista Alberto Lista y la del también eclesiástico ilustrado Félix Reinoso, animadores de tertulias y miembros con Blanco White y Manuel María Arjona de la Academia Sevilla de las Letras Humanas. Existe también una pequeña placa que conmemora a Rodrigo Caro, insigne utrerano, cuyos restos fueron traídos desde el Convento de San Miguel, un hombre de gran cultura que, a sus cualidades como historiador, biógrafo y anticuario, sumó la de poeta.  

Por último, otro de los moradores más conocidos de la cripta es “Fernán Caballero”, pseudónimo de la novelista Cecilia Bölh de Faber, hija del hispanista y comerciante Juan Nicolás de Faber y de Frasquita Larrea. Nacida en Suiza, educada en Alemania y Cádiz, vivió y murió en Sevilla, “Fernán Caballero” es autora de “La Gaviota”, su obra más conocida, una visión realista de la sociedad española y crítica de los folletines sensacionalistas. Sus restos fueron trasladados al Panteón desde el cementerio de San Fernando de Sevilla en 1999.

Dice la leyenda que empleados de la Facultad de Bellas Artes aseguran haber visto y sentido por las noches la figura blanquecina de “Fernán Caballero”, a la que se refieren, con un poco de humor sevillano, como “la Cesi”.

Incluso por estas expectativas fantasmales es aconsejable la visita al Panteón de los Sevillanos Ilustres o, si no, por las lecciones de vida e historia que nos dan a conocer quienes allí descansan por los siglos de los siglos.      

domingo, 24 de noviembre de 2024

La danza de `Sketches of Spain´

Llevar la música jazzística del trompetista Miles Davis al teatro mediante la danza es complicado, porque complicados son los arreglos e improvisaciones de Davis interpretando música española, como el flamenco o el Concierto de Aranjuez, recogidos en un disco único e mitológico: Sketches of Spain, que vio la luz en la década de los años 60 del siglo pasado. Pero se ha conseguido. Y, además, se ha hecho a través de la danza, gracias al bailarín y bailador Pablo Egea, que transforma la música del icónico álbum en un bello y sobrio espectáculo de baile y sombras, desde la danza estilizada hasta la flamenca, para expresar con ellas esos “bocetos” de España que Miles Davis plasmó con su trompeta.

Y el resultado no ha podido ser más sugerente y atractivo, lleno de contenido y forma contemporáneos, a la hora de representar con la danza aquellos sketches o escenas de la cultura española que Miles Davis y Gil Evans reflejaron con música de jazz. Un maridaje perfecto que, siguiendo fielmente los acordes de trompeta de Miles, elabora un lenguaje dancístico  que remite a aquellos bocetos del mundo taurino, la Semana Santa sevillana, la figura del afilador de cuchillos gallego, el tablao flamenco y hasta el segundo movimiento del Concierto de Aranjuez recogidos en el álbum de jazz de los músicos norteamericanos. Unos bocetos de España transfigurados en música y vueltos a transfigurar en danza con la fascinación y elocuencia de un virtuoso del baile como Pablo Egea. Todo un espectáculo de los sueños.

Pero, ¿cómo surgió ese disco de Miles Davis sobre España? Para un músico no hay música extraña, y menos para un intérprete con una formación académica que nada tiene que envidiar a la de sus colegas de música clásica. Por eso, cuando un amigo le hizo escuchar, a principios de 1959, una grabación del Concierto de Aranjuez, Davis quiso recrear aquella melodía, pero hacerlo bien y no necesariamente bajo la perspectiva del jazz. Aparte de documentarse profundamente sobre música española para no limitarse a tocar una serie de notas sin entender todo el contexto que la ambienta, Davis contó con la colaboración para los arreglos de Gil Evans, un pianista y director de orquesta, conocedor  de la música folklórica europea, africana y latinoamericana, quien, por aquel entonces, estaba precisamente investigando el flamenco por encargo del director musical de la discográfica CBS. Con tales mimbres, Davis y Evans tejieron un disco “redondo” sobre costumbres o escenas españolas de los años sesenta del siglo pasado, en el que captaron en toda su profundidad una música con tanta historia como la española, reinterpretándola de manera magistral. Un disco excepcional y único, como ya hemos señalado

Y, ahora, recreados en una danza que añade emoción visual al encantamiento acústico de la música, gracias a Pablo Egea, bailarín y coreógrafo murciano, maestro de danza española y flamenco. Con la trompeta de Miles Davis dirigiendo todos sus movimientos, Egea transporta al espectador hacia los diferentes lugares, recuerdos y sensaciones que la música recrea, embarcándonos en un viaje emocional donde la danza española y el baile flamenco son el instrumento y el jazz la inspiración. Y el baile, la materialización de un sueño del que no queremos despertar.

lunes, 29 de mayo de 2023

Una odisea teatral

Han pasado cinco siglos desde que Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano lideraran la proeza de circunnavegar por primera vez el mundo, desde la desembocadura del río Guadalquivir hasta alcanzar las Islas Molucas y regresar al punto de origen, navegando siempre hacia el oeste, demostrando, así, que la Tierra era redonda.

Aquella gesta estuvo rodeada de amotinamientos, traiciones, muertes y sufrimientos, pero también de valor, heroicidades y solidaridad entre unos marineros que se aventuraron por océanos y tierras desconocidos, nunca antes explorados. Sólo una de las cinco naves que partieron y 18 marineros, comandados por Elcano, regresaron a Sevilla un 8 de septiembre de 1522 tras tres años de travesía.

El periplo estuvo plagado de acontecimientos que los llevarían a descubrir el paso por la Patagonia desde el Atlántico al Pacífico, enfrentar  tempestades oceánicas y mares calmosos, encontrar tierras nuevas y otras gentes, participar en batallas y conocer reyes locales. También los obligaría a nombrar a Elcano como nuevo capitán tras la muerte de Magallanes en una emboscada, eludir a los portugueses en las Molucas y durante el retorno a España por el Cabo de Buena Esperanza, y culminar exhaustos el empeño de hallar una nueva ruta por la que abastecerse de las apreciadas especias que iban buscando en las Molucas.

Y todo esto, en sus escenas más significativas y documentadas, es lo que muestra la pieza teatral La Odisea de Magallanes-Elcano, de la compañía Teatro Clásico de Sevilla, con la intención de que el espectador sea testigo sobre unos hechos que llevaron al ser humano a abrir una nueva página de la historia y tomar conciencia de su lugar en el mundo, cuyas dimensiones ignoraba hasta entonces. Una odisea de epopeyas y dramas narrada y representada con la plasticidad y la verosimilitud de una obra realmente impresionante y cautivadora. Una auténtica odisea teatral.

Se trata de un texto escrito por ocho autores (Javier Berger, José Luis de Blas, Borja de Diego, Paco Gámez, Ana Graciani, Carmen Pombero, Antonio Rojano y Alfonso Zurro), bajo la coordinación dramatúrgica de Alfonso Zurro, que fue elaborado para los actos de celebración de V Centenario de la primera vuelta al mundo.  Y nada como el teatro para contar una aventura extraordinaria… de locos y desde la grandeza y, sobre todo, el delirio. No se la pierdan.

domingo, 5 de marzo de 2023

Museo de la Imprenta*

Uno de los hitos más trascendentes en el progreso de la Humanidad se produjo en 1450, cuando Johan Gutenberg (1399-1468) inventó la imprenta, la máquina que permitiría reproducir textos escritos en mayor cantidad e indudable calidad. Se pasaba, así, de los códices o textos manuscritos por escribanos a libros que podían reproducirse con rapidez y en número indeterminado. El saber, por tanto, ya no quedaría restringido a reyes y cardenales, sino que pasaba a ser accesible a cualquier persona que supiera leer y pudiera permitírselo.

Uno de los museos que pueden visitarse en Madrid, aparte de los del Prado, Reina Sofía o Thyssen, es el de la Imprenta Municipal-Artes del Libro. En él, sin las aglomeraciones que caracterizan al resto de espacios museísticos, se puede contemplar  la historia de la imprenta, desde su invención hasta hoy, a través de las diversas máquinas impresoras y otras piezas de artes gráficas que allí se exhiben al visitante.

Un edificio de estilo regionalista, sede de la antigua imprenta municipal, situado muy cerca de la Plaza Mayor, alberga este museo atípico, inaugurado en 2011, que atrae, no a masas de turistas aborregados, sino a los amantes del libro, la escritura y de lo que materializa todo ello, la imprenta. Se trata de un espacio diáfano y no muy grande, pero tampoco excesivamente pequeño, que acoge una buena muestra de elementos de las artes gráficas que han jalonado la evolución de la imprenta y de la encuadernación artística y artesanal de libros a lo largo de siglos.

Desde la Biblia de 42 líneas, la primera obra impresa de Gutenberg, hasta el último panfleto propagandístico que te echan al buzón, todos ellos han sido posible gracias a ese ingenio mecánico para imprimir que democratizó y extendió el soporte escrito, la mejor manera de transmitir el conocimiento, a toda la población en todas partes del mundo. Una universalización de lo escrito debido a que la imprenta, tras ser inventada en Alemania, pronto se extendió a Italia y luego España, que la llevó al Nuevo Mundo.

Pero hablar de la imprenta es referirse también al papel (creado en China en el siglo II a C. y traído a España en el siglo X por los árabes), el principal elemento sobre el que actúa una imprenta. Y a la forma definitiva en que se agrupaban los textos impresos de muchas páginas: el libro. La encuadernación de un libro, al principio artesanal y laboriosa, suponía en sí misma una auténtica labor artística que requería de orfebres y grabadores. Posteriormente, se emplearon medios industriales que simplificaron y abarataron la producción y encuadernación de libros, convirtiéndolos en objetos asequibles. Toda ese conjunto de tareas para la impresión y encuadernación es lo que hoy se denomina artes gráficas, y cuya evolución se puede conocer en el Museo de la Imprenta  Municipal y Artes del Libro, de Madrid. Una visita muy recomendable, tranquila y enriquecedora. No se la pierdan.

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* A mi hijo Dani, impresor, con motivo de su cumpleaños.         

jueves, 27 de octubre de 2022

V de Victoria

Este año se conmemora, celebrando multitud de eventos, el V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo, una hazaña que culminó, con la arribada a Sevilla, de la única de las cinco naves que partieron hacia el Oeste, tres años antes, para llegar a las Molucas: la nao Victoria, capitaneada por Juan Sebastián Elcano, después de navegar casi 38.000 millas náuticas (unos 70.000 kilómetros). Entre todos los actos celebrados, cabe destacar el más humilde, pero no menos importante, que ha organizado el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, aportando una visión distinta, tal vez menos espectacular, pero de enorme interés documental, con los registros notariales del Distrito de Sevilla que tuvieron que efectuarse para llevar a cabo la gesta de Magallanes y Elcano, entre 1519 y 1522.

V de Victoria es la exposición que, desde el 19 de octubre hasta el 30 de diciembre, organiza el Archivo Histórico Provincial en su sede hispalense, en la que muestra de manera sucinta pero sin perder rigor ni interés los protocolos notariales, no sólo relativos a la expedición, sino también los documentales para la adquisición de la nave Victoria -como el primer testimonio documental de su existencia, el de su expropiación por 800 ducados a sus propietarios de Ondarroa-, además de los testamentos, anotaciones familiares, judiciales y económicos, y demás registros que descubren la intrahistoria privada de los componentes que protagonizaron la primera circunnavegación del planeta.

A través de los cristales de sus vitrinas podemos contemplar, por primera vez ante nuestros ojos, documentos originales, facsímiles, objetos y reproducciones de mapas de la época que nos revelan las dificultades que acompañaron aquella hazaña y a los marinos que la llevaron a cabo. La muestra, comisariada y diseñada por Braulio Vázquez Campos, cuenta con la colaboración maquetistas, cartógrafos, fotógrafos y autores audiovisuales que hacen de la exposición V de Victoria un gozo para los sentidos y un estímulo para profundizar en el conocimiento de un hito histórico del que debemos sentir auténtico orgullo por lo que representó para la humanidad.

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V de Victoria

Archivo Histórico Provincial de Sevilla

C/ Almirante Apodaca, 4

Horario: de lunes a viernes, de 9 a 14 horas.


Entrada gratuita

domingo, 25 de julio de 2021

De vacaciones en el Museo

Aprovechar las vacaciones para hacer aquello para lo que nunca hallamos tiempo y hacerlo cuando precisamente más tranquilos podemos realizarlo, sin aglomeraciones ni prisas (más por la pandemia que por las vacaciones), es lo que acabamos de hacer en estos días: visitar el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Una visita que, en cada ocasión, te sorprende más gratamente. Y sorprende por el tesoro artístico que alberga la segunda pinacoteca más importante de España, después de la del Museo del Prado de Madrid.

Adentrarse en el antiguo Convento de la Merced, reformado y ampliado desde 1835 para convertirse en la sede del Museo de Bellas Artes, es asistir a una lección de historia sobre la pintura sevillana, desde el Barroco hasta el Romanticismo, pasando por el Renacimiento. Allí encontraremos obras de Murillo, Zurbarán o Valdés Leal, entre otros. Y también esculturas de Torrigiano, Martínez Montañés y Juan de Mesa. Además de dibujos y otras piezas.

Hay que reconocer que, siendo jóvenes, era aburrido ir al Museo. Pero conforme tu formación te hace consciente de la importancia y el valor de las obras que allí se exponen, la sorpresa no deja de aparecer en cada nueva visita, como nos ha pasado esta última vez. Sorprendidos y maravillados del tesoro que tenemos en nuestra ciudad y que es más apreciado por turistas que por nosotros mismos. La vida de un museo son sus visitantes, los que hacen que su contenido no languidezca entre la indiferencia social y la desidia institucional. Aprovechemos estas fechas de remanso vacacional para insuflar vida al museo y cultura a nuestras vidas. Saldrán gratamente sorprendidos.





(Fotografías del autor) 

lunes, 19 de abril de 2021

Belén o Bosé

Ayer, domingo, la televisión en España ofrecía una de esas dicotomías que ponen en evidencia la sensibilidad del espectador. Nos enfrentaba a la disyuntiva de tener que elegir entre el buen gusto o el morbo. Y todo ello por la sencilla razón de que, simultáneamente aunque por distinto canal, se emitía por la Sexta (Lo de Évole, 21:25h.) la segunda parte de la entrevista al cantante Miguel Bosé, ampliamente publicitada durante toda la semana por la emisora, en la que el artista redundaría en sus teorías negacionistas sobre la pandemia, y por La 2 de TVE (Imprescindibles, 21:30h.), el documental “La corte de Ana”, sobre la trayectoria de la también artista y cantante Ana Belén, en el que se desgranaban los más de 50 años de profesión, vivencias y opiniones que ha generado una mujer de un talento excepcional.

Para mí, no había discusión. Entre Belén o Bosé, no dudé en elegir el programa de la cadena pública sobre una artista que, en cualquier otro país, hubiera sido considerada una de las glorias incuestionables del cine, el teatro y la música, no sólo por sus dotes profesionales, sino también por la elegancia, la inteligencia y la integridad ética de su persona. Como cabía esperar, Belén no defraudó, como sí hizo un Bosé instalado en la decadencia de sus dos identidades, la de Miguel y la de Bosé, la personal y la artística. Ambos artistas simbolizan con sus trayectorias la historia de nuestro país de las últimas décadas, desde la irrupción de las libertades con la democracia hasta la polarización que enerva a la sociedad en la actualidad.

Ana Belén, desde su más tierna juventud, no ha dejado de trabajar hasta convertirse en una actriz respetada y una cantante de talento impresionante. Ello, empero, no la ha empujado a encerrarse en una torre de marfil ni a negar su compromiso con la lucha por la libertad y la democracia de este su país, incluyendo la reivindicación de derechos para los profesionales de su gremio, cuando ello representaba exponerse a un serio peligro en los estertores de la dictadura. Repasa su vida en el documental sin renegar de aquel compromiso ideológico ni renunciar a unas convicciones que ha mantenido con coherencia a favor de la convivencia pacífica, tolerante y respetuosa que se supone en un país democrático. Su vida, pues, corre pareja a las vicisitudes del país que se libró de las cadenas dictatoriales y se ilusionó con una Transición que lo instaló entre las democracias más sólidas del entorno. Sin dejar de trabajar y asumiendo cada vez mayores retos profesionales, Ana Belén exhibe una trayectoria de más de 54 años de superación, esfuerzo y responsabilidad que la encumbran como una artista única y excepcional, si más apoyo que el coraje que empujó a una niña de Lavapiés a hacer lo que le gustaba: cantar.

Miguel Bosé, hijo de famosos, también fue un joven que revolucionó la música moderna española, no sólo por su voz, sino también por la capacidad intencionadamente ambigua de interpretarla. Una trayectoria artística que, al contrario de la de Ana Belén, no ha sabido o podido mantener hasta el presente. En los últimos años, de Bosé sólo se conocen escándalos por su vida íntima o sus declaraciones negacionistas. En la entrevista con el periodista Jordi Évole, como anunciaba la publicidad del programa, el cantante se reafirmó en sus teorías de negación de la pandemia, contra las vacunas, sobre conspiraciones mundiales de políticos, multimillonarios psicópatas y farmacéuticas por controlar a la gente mediante virus y vacunaciones y contra aquellas militancias que había practicado en el pasado. De hecho, negó haberse vuelto conservador, sino más lúcido. Tampoco aportó prueba alguna de sus denuncias y rehuyó contrastar sus opiniones con científicos por no considerarse acreditado, pero creyéndose no estar equivocado. Una sinceridad anulada por la soberbia. Su vida es también paralela a la de un país que se ha desencantado de la democracia, siempre compleja e imperfecta, para entregarse a los cantos de sirena de un populismo manipulador que promete soluciones simples y radicales a cualquier problema.

Si, a través de sus trayectorias, Ana Belén se manifestaba en sus inicios artísticos por las libertades, Bosé hacía activismo en su declive artístico contra el uso de las mascarillas, pero eludiendo asistir a tales convocatorias. Hoy en día, Belén sigue cantando y dando conciertos, y Bosé ha perdido la voz y se dedica a los bulos negacionistas. Representan dos rumbos vitales, dos historias, un mismo país. Con toda seguridad, el de Bosé sería el más visto, pero el de Belén fue el más exquisito, interesante y enriquecedor de ambos programas. Por todo ello, yo preferí Belén a Bosé.