viernes, 4 de septiembre de 2026

Ceuta como munición

Se celebraron, el pasado día 2, manifestaciones en la mayoría de las provincias españolas que exigían en pancartas y a viva voz que “Ceuta no se vende, se defiende”. Fueron convocadas por la Federación Española de Municipios y Provincias, entidad controlada por el Partido Popular, y sirvieron, principalmente, para confrontar y criticar al Gobierno, al que tachan de traidor y de no hacer nada por la ciudad “invadida” del norte de África.

Ninguno de los manifestantes ni de las ciudades que organizaron dichas manifestaciones ofrecieron propuestas para materializar esa ayuda que reclamaban para la ciudad autónoma, que sufrió el 30 y 31 de julio una entrada masiva e ilegal de más de 72.000 inmigrantes procedentes de Marruecos, con quien hace frontera. Es más, en el colmo de la contradicción, todos los municipios y provincias gobernados por el PP, tanto en solitario como o coaligados con la ultraderecha de Vox, se niegan acoger a los inmigrantes menores de edad no acompañados, especialmente vulnerables, y más aún si son niñas, hasta que puedan ser repatriados con todas las garantías y seguridad que exige la ley, lo que aliviaría, sin duda, la presión que desborda las capacidades de recepción de inmigrantes que soporta Ceuta.

Lo que resulta todavía más grotesco es que los eslóganes y gritos que se vertieron en esas manifestaciones reproducían los insultos y descalificativos que la derecha y los ultras fascistas suelen emplear para atacar al presidente del Gobierno y a las instituciones que no actúan según sus criterios ideológicos. Así, arremetieron con exabruptos y calumnias contra Pedro Sánchez, agredieron a periodistas de medios considerados “manipuladores”, como la televisión pública TVE, o lanzaron cánticos y amenazas contra onegés y hasta contra Cáritas por, precisamente, ayudar y paliar de alguna manera las necesidades de las personas -no se olvide: son personas- que malviven a la intemperie -inmigrantes o no- en las calles y playas de la plaza española en la península tingitana de África.

En la que se celebró en Madrid, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, arengó a los manifestantes diciendo que “una ciudad española ha sido invadida, ocupada, y lamentablemente con el conocimiento del Gobierno de España”. Al mismo tiempo, el líder de Vox, Santiago Abascal, arremetió contra el presidente del Gobierno, al que tildó de “psicópata peligroso” que está “al servicio, como lacayo, del régimen de Marruecos”. Lo acusó, sin más, de traidor.

Si los responsables de los partidos convocantes, por controlar a la entidad que formaliza la convocatoria, se expresan con tal nivel de agresividad, los manifestantes que responden emocionalmente a tales estímulos acaban asumiendo y vociferando las consignas racistas y de odio que aquellos promueven, lo que alimenta un clima de inusitada crispación social y polarización que es difícil de apaciguar.

Bajo un mar de banderas rojigualdas y cánticos ofensivos, miles de ciudadanos se echaron a la calle por todo el país en demanda, presuntamente, de ayuda y en defensa de Ceuta. Fue fácil movilizarlos. Y constituyó todo un éxito para los intereses de las derechas españolas, obsesionadas en derribar al Gobierno desde el mismo instante en que su presidente logró la investidura del Congreso de los Diputados. Un Gobierno que, en esta ocasión, acumulaba motivos para el reproche a causa de la tardanza en gestionar la explosiva situación de la plaza española, en no identificar con prontitud la extraordinaria dimensión de los acontecimientos ceutíes y por no aportar los medios y recursos inmediatos para afrontarlos y resolverlos con la diligencia debida.

Sin embargo, se erró con la excusa. Porque las ayudas, aunque tarde, han estado llegado en forma de cuantiosas sumas económicas (para el Gobierno local, fondos al empleo, etc.), medios materiales (tiendas de campaña, aseos desmontables, mantas, medicamentos, vacunas, etc.) y recursos humanos (policías, soldados, médicos y algunos jueces). No se podía decir, por tanto, que Ceuta se había abandonado, que no se le había prestado ayuda ni que tampoco, por supuesto, no se defendiese. El lema que presidía las manifestaciones era, simplemente, una manipulación que mentía al ciudadano. Su propósito era otro y quedó meridianamente claro.

Incluso, hasta el informe policial que apareció de manera oportuna para abundar en la supuesta negligencia del Gobierno ha resultado ser eso, un extraño escrito que desinforma más que informa, que conjetura más que asegura, que apunta pero no acusa expresamente. Se trata del “famoso” informe policial que sugiere la responsabilidad de Marruecos en la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta, por no contenerlos e incluso “guiarlos”. En un gratuito alarde especulativo, sin pruebas ni hechos verificables, el informe no alerta de lo que iba a suceder, sino que se limita a exponer lo que estaba sucediendo, a partir de lo que se publicaba en las redes sociales, sin datos de primera mano o aportados por agentes propios.

Es un informe elaborado por la Comisaría General de Extranjería y Fronteras que se remitió a la Audiencia Nacional, a instancias del juzgado que instruye el caso sobre si se había producido “una acción concertada o dirigida por alguna organización o grupo criminal”. Un caso abierto a raíz de una denuncia presentada, el mismo día 31 de julio, por el “antipartido” Iustitia Europa, una formación que propugna las deportaciones masivas y el despliegue del Ejército y la Armada para blindar las fronteras.

Lo curioso es que, por orden expresa de la jueza que lleva el caso, la existencia del informe no fue comunicada a los mandos superiores del cuerpo policial ni al director general de la Policía. Por consiguiente, tampoco el ministro del Interior ni el Gobierno conocían su existencia, a pesar de que, basándose en valoraciones y conjeturas y no en ninguna prueba material, el informe sugería, sin afirmarlo abiertamente, que el Gobierno de Marruecos fue en última instancia el responsable de la entrada masiva de inmigrante en Ceuta.

Esa milagrosa aparición de un informe secreto en el urso de las manifestaciones sirvió, sin más, para acusar al Gobierno de conocer y no hacer nada para impedir la “invasión” de Ceuta. Motivaron las soflamas de que “Ceuta se defiende, no se vende”, que tan buena cogida tuvieron entre los manifestantes, y que servían para relacionar “la ayuda a Ceuta” con la convocatoria de unas elecciones anticipadas que posibilitaran un cambio de Gobierno, sin explicitar qué medidas alternativas, distintas a las impulsadas por el actual, adoptaría un Ejecutivo de distinto color.

Es decir, ¿cómo un Gobierno de derechas, coaligado con la extrema derecha, abordaría una crisis semejante? Fue lo que preguntó en el Congreso el presidente del Gobierno durante el pleno extraordinario que debatió la cuestión. ¿Cuál sería la dureza que ordenaría emplear un Gobierno antinmigrante ante una avalancha de civiles desarmados e indefensos que fuerzan su entrada ilegal por la frontera?

Valorando que las fuerzas de seguridad españolas “supieron responder con humanidad” y no provocar una tragedia mayor, en la que murieron ahogadas 141 personas al intentar llegar a Ceuta, el presidente preguntó al líder de la oposición: ¿qué habría hecho usted diferente? ¿Habría ordenado a la policía que disparara a la población civil? ¿Matar a cientos, quizá miles de jóvenes, para gestionar la frontera?

No tuvieron respuesta, como tampoco se ofrecieron propuestas a los manifestantes de las movilizaciones en ayuda de Ceuta. Quizá no las había o no fueran tan simples o fáciles como las que exigían las pancartas. Lo único claro es que la crisis migratoria de Ceuta ha sido utilizada como munición para desgastar al Gobierno, tal vez el último cartucho que las derechas disponen para obligarlo a tirar la toalla y convocar elecciones anticipadas.

Es posible que nunca sepamos la verdad de la implicación de Marruecos con esa actitud permisiva de no impedir el asalto multitudinario a la frontera española, ni de la contribución que han tenido EE.UU e Israel en crear el ambiente de bulos y mentiras que empujaron a miles de marroquíes a pensar que las puertas de Europa se abrían para ellos.

En cualquier caso, las relaciones con Marruecos deberán ser distintas a las mantenidas hasta ahora y que, en función de las investigaciones de inteligencia en marcha, habrán de replantearse de forma absoluta en defensa de los intereses de España. Y que, entre tanto, ha de reforzarse la seguridad y la vigilancia de las fronteras africanas de nuestro país, que son las de Europa en su conjunto.                   

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