Ninguno de los manifestantes ni de las ciudades que organizaron
dichas manifestaciones ofrecieron propuestas para materializar esa ayuda que
reclamaban para la ciudad autónoma, que sufrió el 30 y 31 de julio una entrada
masiva e ilegal de más de 72.000 inmigrantes procedentes de Marruecos, con
quien hace frontera. Es más, en el colmo de la contradicción, todos los
municipios y provincias gobernados por el PP, tanto en solitario como o coaligados
con la ultraderecha de Vox, se niegan acoger a los inmigrantes menores de edad
no acompañados, especialmente vulnerables, y más aún si son niñas, hasta que
puedan ser repatriados con todas las garantías y seguridad que exige la ley, lo
que aliviaría, sin duda, la presión que desborda las capacidades de recepción de
inmigrantes que soporta Ceuta.
Lo que resulta todavía más grotesco es que los eslóganes y gritos
que se vertieron en esas manifestaciones reproducían los insultos y
descalificativos que la derecha y los ultras fascistas suelen emplear para atacar
al presidente del Gobierno y a las instituciones que no actúan según sus
criterios ideológicos. Así, arremetieron con exabruptos y calumnias contra
Pedro Sánchez, agredieron a periodistas de medios considerados “manipuladores”,
como la televisión pública TVE, o lanzaron cánticos y amenazas contra onegés y hasta
contra Cáritas por, precisamente, ayudar y paliar de alguna manera las
necesidades de las personas -no se olvide: son personas- que malviven a la
intemperie -inmigrantes o no- en las calles y playas de la plaza española en la
península tingitana de África.
En la que se celebró en Madrid, el líder del PP, Alberto
Núñez Feijóo, arengó a los manifestantes diciendo que “una ciudad española ha
sido invadida, ocupada, y lamentablemente con el conocimiento del Gobierno de
España”. Al mismo tiempo, el líder de Vox, Santiago Abascal, arremetió contra
el presidente del Gobierno, al que tildó de “psicópata peligroso” que está “al
servicio, como lacayo, del régimen de Marruecos”. Lo acusó, sin más, de
traidor.
Si los responsables de los partidos convocantes, por controlar
a la entidad que formaliza la convocatoria, se expresan con tal nivel de
agresividad, los manifestantes que responden emocionalmente a tales estímulos
acaban asumiendo y vociferando las consignas racistas y de odio que aquellos
promueven, lo que alimenta un clima de inusitada crispación social y polarización
que es difícil de apaciguar.
Sin embargo, se erró con la excusa. Porque las ayudas,
aunque tarde, han estado llegado en forma de cuantiosas sumas económicas (para
el Gobierno local, fondos al empleo, etc.), medios materiales (tiendas de
campaña, aseos desmontables, mantas, medicamentos, vacunas, etc.) y recursos
humanos (policías, soldados, médicos y algunos jueces). No se podía decir, por
tanto, que Ceuta se había abandonado, que no se le había prestado ayuda ni que
tampoco, por supuesto, no se defendiese. El lema que presidía las
manifestaciones era, simplemente, una manipulación que mentía al ciudadano. Su
propósito era otro y quedó meridianamente claro.
Incluso, hasta el informe policial que apareció de manera
oportuna para abundar en la supuesta negligencia del Gobierno ha resultado ser
eso, un extraño escrito que desinforma más que informa, que conjetura más que
asegura, que apunta pero no acusa expresamente. Se trata del “famoso” informe
policial que sugiere la responsabilidad de Marruecos en la entrada masiva de
inmigrantes a Ceuta, por no contenerlos e incluso “guiarlos”. En un gratuito alarde
especulativo, sin pruebas ni hechos verificables, el informe no alerta de lo
que iba a suceder, sino que se limita a exponer lo que estaba sucediendo, a
partir de lo que se publicaba en las redes sociales, sin datos de primera mano
o aportados por agentes propios.
Es un informe elaborado por la Comisaría General de
Extranjería y Fronteras que se remitió a la Audiencia Nacional, a instancias
del juzgado que instruye el caso sobre si se había producido “una acción
concertada o dirigida por alguna organización o grupo criminal”. Un caso
abierto a raíz de una denuncia presentada, el mismo día 31 de julio, por el
“antipartido” Iustitia Europa, una formación que propugna las deportaciones
masivas y el despliegue del Ejército y la Armada para blindar las fronteras.
Esa milagrosa aparición de un informe secreto en el urso de
las manifestaciones sirvió, sin más, para acusar al Gobierno de conocer y no
hacer nada para impedir la “invasión” de Ceuta. Motivaron las soflamas de que
“Ceuta se defiende, no se vende”, que tan buena cogida tuvieron entre los manifestantes,
y que servían para relacionar “la ayuda a Ceuta” con la convocatoria de unas
elecciones anticipadas que posibilitaran un cambio de Gobierno, sin explicitar
qué medidas alternativas, distintas a las impulsadas por el actual, adoptaría un
Ejecutivo de distinto color.
Es decir, ¿cómo un Gobierno de derechas, coaligado con la extrema
derecha, abordaría una crisis semejante? Fue lo que preguntó en el Congreso el
presidente del Gobierno durante el pleno extraordinario que debatió la
cuestión. ¿Cuál sería la dureza que ordenaría emplear un Gobierno antinmigrante
ante una avalancha de civiles desarmados e indefensos que fuerzan su entrada
ilegal por la frontera?
Valorando que las fuerzas de seguridad españolas “supieron
responder con humanidad” y no provocar una tragedia mayor, en la que murieron ahogadas
141 personas al intentar llegar a Ceuta, el presidente preguntó al líder de la
oposición: ¿qué habría hecho usted diferente? ¿Habría ordenado a la policía que
disparara a la población civil? ¿Matar a cientos, quizá miles de jóvenes, para
gestionar la frontera?
No tuvieron respuesta, como tampoco se ofrecieron propuestas
a los manifestantes de las movilizaciones en ayuda de Ceuta. Quizá no las había
o no fueran tan simples o fáciles como las que exigían las pancartas. Lo único
claro es que la crisis migratoria de Ceuta ha sido utilizada como munición para
desgastar al Gobierno, tal vez el último cartucho que las derechas disponen para
obligarlo a tirar la toalla y convocar elecciones anticipadas.
Es posible que nunca sepamos la verdad de la implicación de
Marruecos con esa actitud permisiva de no impedir el asalto multitudinario a la
frontera española, ni de la contribución que han tenido EE.UU e Israel en crear
el ambiente de bulos y mentiras que empujaron a miles de marroquíes a pensar que
las puertas de Europa se abrían para ellos.
En cualquier caso, las relaciones con Marruecos deberán ser
distintas a las mantenidas hasta ahora y que, en función de las investigaciones
de inteligencia en marcha, habrán de replantearse de forma absoluta en defensa
de los intereses de España. Y que, entre tanto, ha de reforzarse la seguridad y
la vigilancia de las fronteras africanas de nuestro país, que son las de Europa
en su conjunto.



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