miércoles, 15 de julio de 2026
¡Vacaciones!
martes, 14 de julio de 2026
“P´adelante”, como sea
Existe una cacería contra el Gobierno de coalición de Pedro
Sánchez desde el primer minuto en que accedió al Poder Ejecutivo y,
especialmente, desde que concedió, en 2021, el indulto a los líderes
independistas catalanes encarcelados por sentencia del Tribunal Supremo, entre
ellos al expresidente del Govern Oriol Junqueras, y por la Ley de Amnistía que
aprobó en 2024 para la normalización institucional, política y social de
Cataluña, que, según cálculos, afectará a más de trescientas personas inmersas
en procesos judiciales a causa del procés.
La derecha, tanto política como judicial, no perdona la
política conciliadora del Gobierno con Cataluña, ni que rebaje la consideración
de delitos de sedición y rebelión a los desórdenes públicos acaecidos en
aquella comunidad a causa de las manifestaciones por la independencia y el
posterior referendo ilegal. La extrema violencia policial con la que se trató
de impedir la consulta y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en
octubre de 2017, para “suspender” la autonomía en Cataluña, fueron las armas
con las que se combatió un problema político. Hay que recordar que con aquellas
medidas se disolvió el Parlament, el Govern quedó destituido y el
Gobierno central asumió temporalmente la gestión de las consejerías de la Generalitat.
Por todo ello, existe una ofensiva judicial por parte de un
número reducido de jueces, con el apoyo tácito o implícito de parte del
colectivo, contra el Gobierno de Sánchez por motivos que solo pueden hallarse
en la política, como advierte Carlos Elordi en un artículo publicado en
noviembre de 2025.
Ese contexto, junto al apoyo que el Gobierno cuenta en el
Congreso de partidos nacionalistas o independentistas del País Vasco y
Cataluña, cuyos votos permitieron la investidura del líder del PSOE, es lo que
explica la radical virulencia de la derecha contra Pedro Sánchez, a quien no le
reconocen los indiscutibles éxitos alcanzados, durante sus mandatos, en el
plano económico, laboral, internacional y social.
Es llamativo, si no fuera preocupante, encuadrar en esa
ofensiva aquella manifestación de jueces y fiscales, con sus togas a las
puertas de Palacios de Justicia, contra la ley de amnistía que entonces aun se estaba
elaborando. A pesar de estar obligados a que sus opiniones políticas no
influyan en el ejercicio profesional como jueces, no se recatan de exhibir su
ideología y, lo que es peor, que esta impregne sus sentencias.
Tanto es así que el destino del actual Gobierno está en
manos de estos jueces, algunos de los cuales se comportan con un componente de
soberbia apenas disimulado y que genera desconfianza, cuando no estupefacción, en
la ciudadanía. Es la que muestra el juez Juan Carlos Peinado con su instrucción
prospectiva -expresamente prohibida en el proceso penal- contra la esposa del
presidente del Gobierno, en su búsqueda desaforada de algún indicio delictivo
que permita condenarla. Se trata de un ejemplo palmario de utilización de la
justicia con fines políticos: lo que se conoce como lawfare.
Fue también el caso del diputado de Podemos Alberto
Rodríguez Rodriguez, que perdió su escaño en el Congreso por una condena, en
2021, de inhabilitación que tres años después anuló en Tribunal Supremo. Para
entonces, ya estaba fuera de la institución, por lo que el castigo era
irreversible.
Y es también el caso del fiscal general del Estado, Álvaro García
Ortíz -utilizado como pieza para asediar y obligar dimitir a quien lo nombra,
el presidente del Gobierno-, a quien ha condenado el Tribunal Supremo a la pena
de inhabilitación por revelación de datos reservados, sin pruebas irrefutables
y basado en argumentos voluntaristas y en un bulo calumnioso, que reconoció
falso, su propio autor, el “Rasputín” de la líder de la derecha y presidenta de
la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Y como estos, incluido el de Mónica Oltra en Valencia, muchas otras actuaciones del conservadurismo
reaccionario que aun anida en la judicatura y que no hacen ascos al uso espurio
de la justicia con fines políticos. Cosa que se explica, pero no justifica,
si atendemos a la procedencia de esos jueces o de sus descendientes, pues se trata de una
judicatura que transitó directamente desde la dictadura a la democracia sin la
debida “modernización” ni actualización al régimen democrático. De ahí la abrumadora derechización que sufre la justicia y su tendencia al lawfare,
al que concurren actores del ámbito político, mediático, económico, social
y hasta religioso.
La primacía de la derecha en el Poder Judicial se evidencia en cifras: de sus 5.500 jueces, solo dos fueron candidatos progresistas para 118
plazas en el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y los 17 tribunales
superiores de justicia autonómicos, según recoge el exjuez Baltasar Garzón en su libro La
democracia amenazada (Planeta, 2026).
Es patente, por tanto, que asistimos a una campaña de “acoso y derribo” contra el actual Gobierno de España en la que participan individuos sumamente
poderosos del mundo de la judicatura, empeñados en acabar como sea con un Gobierno
al que consideran ilegítimo desde que fue nombrado por el Congreso de los
Diputados. Jueces y fiscales que responden al mandato “del que pueda hacer, que
haga”. Y no se paran en consideraciones legales o morales para, en connivencia
con sectores de la política y los medios de comunicación, lograr sus propósitos
sin esperar al resultado de las urnas. Tampoco les detiene el deterioro de las
instituciones ni la desconfianza y la desafección que generan en la ciudadanía.
El ambiente de crispación y polarización que provocan con sus exageraciones,
denuncias y manipulaciones maniqueas favorece sus objetivos de alterar el
normal desenvolvimiento político. Aunque asqueen y desmotiven al votante.
Pero si la situación es tensa y grave, no me quiero imaginar
lo que podría pasar si, por malicias del destino, Pedro Sánchez vuelve a ganar
las próximas elecciones, contra todo pronóstico y a pesar de la presión
judicial que soporta en su entorno familiar, con su hermano y su mujer
condenados. No soy capaz de pensar lo que harían estos que creen que la única
España posible es la que ellos representan, que la única Patria es su patria.
Dios nos coja confesados.
miércoles, 8 de julio de 2026
Una Andalucía irrespirable
Se trata del `Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para
Andalucía´, el segundo que suscribe el PP de Andalucía con Vox desde que en
2019 Moreno Bonilla se convirtiera en el primer presidente andaluz de derechas,
pacto que confirma, como ha sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León,
la voluntad de las derechas de gobernar juntas cada vez que los votos lo
permitan, obviando preventivos “cordones sanitarios” contra los ultras. Antes,
al contrario, se les facilita el acceso al poder en tanto en cuando el pacto
conlleva la entrada al Gobierno andaluz del candidato de Vox como
vicepresidente de la Junta de Andalucía y titular de la macrocartera de
Turismo, Desregulación, Justicia y Administración local.
Todo hace presagiar, pues, un verano irrespirable, que se
extenderá a lo largo de toda la legislatura que ahora se inicia, no solo por la
temperatura que marquen los termómetros a causa de un cambio climático que el
propio acuerdo califica de mero “fanatismo climático”, sino también por el
retroceso que supondrán las 150 medidas recogidas en el citado acuerdo de
gobierno, de 60 páginas, algunas de las cuales inculcan leyes en vigor o son
fraudulentas por tratar materias, como la inmigración, que son competencia
exclusiva del Estado.
Entre ellas, el desarrollo de la llamada “prioridad
nacional” que la extrema derecha consigue imponer allí donde sus votos son
imprescindibles. Una iniciativa segregacionista que excluye el acceso a
prestaciones y servicios sociales a quienes no demuestren “arraigo” en
Andalucía -discriminación por origen-, y que plantea, además, la supresión de
ayudas, subvenciones, convenios y conciertos a ONG u otras entidades que, según
el texto, contribuyan al denominado “efecto llamada” por trabajar sobre el
problema de la inmigración ilegal. Prevé, incluso, “revisar” las funciones y la
composición del Foro Andaluz para la Integración de las Personas de Origen
Inmigrante.
Es, sin duda, la principal palanca legal contra la
inmigración que obsesiona a la ultraderecha, y que se acompaña, como recoge el
pacto andaluz, de acuerdos para rechazar y confrontar la política inmigratoria
del Gobierno e impedir que Andalucía participe en la acogida de “menas”
(menores extranjeros no acompañados) como solución a la saturación que soportan
las Islas Canarias con la llegada ilegal de inmigrantes. Al mismo tiempo, se
prohíbe el uso del burka y nicab en espacios públicos autonómicos (al parecer,
un peligro de seguridad mayúsculo), así como dejar de impartir la lengua árabe
y la cultura marroquí en los centros educativos de Andalucía.
Otras medidas ponen en la diana los avances en la igualdad y
protección de la mujer. En ese sentido, el pacto recoge que se derogará toda
norma basada “en el criterio de ideología de género”, como la Ley Trans, la Ley
de Lucha contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad entre Hombres y
Mujeres y, en definitiva, todo lo que la ultraderecha califica de “ideología”
feminista.
Y es que los rancios “ultras” posfascistas están convencidos
de que cualquier iniciativa por equiparar en derechos a la mujer con el hombre
y aquellas otras tendentes a luchar por protegerlas contra la violencia
machista, no son más que rémoras de una peligrosa ideología feminista que socava la
sociedad y la relación entre hombres y mujeres, tal y como ellos la entienden.
Tanto es así que hasta la existencia del Instituto Andaluz
de la Mujer (IAM), cuyas iniciativas sociales persiguen la defensa de esos
avances en derechos de la mujer, será objeto de revisión y nueva definición,
sea lo que sea lo que eso signifique, seguramente a peor, para ellas.
Quiere decirse, por tanto, que se espera a partir de verano
en Andalucía un mazazo contra las políticas de solidaridad y respeto a la
dignidad de hombres (inmigrantes) y mujeres (víctimas del machismo) hasta ahora
vigentes. Para combatirlas, la obsesión racista y antifeminista de la extrema
derecha busca insistentemente limitarlas o derogarlas, como propugna su
reaccionario ideario, mediante compromisos que pacta en los gobiernos a los que
accede. Y lo grave es que, cada vez que resulta necesario, la derecha
“convencional” asume sin pudor tal ideario para conservar o acceder al poder, incluso
compartiéndolo con Vox, como se ha evidenciado allí donde gobierna gracias al
apoyo de los ultras.
Es previsible que este ambiente asfixiante se agudice
todavía más conforme se vaya aplicando el resto de las medidas que recoge el
citado acuerdo. Porque, aparte de las comentadas, se contempla la derogación de
la Ley andaluza de Memoria Histórica, lo que obstaculizará, más si cabe, la
exhumación de restos óseos de las personas asesinadas y enterradas sin
identificar en fosas comunes durante la Guerra Civil, así como el estudio y conocimiento -para evitar
repetir los mismos errores- de ese pasado ignominioso que continúa influyendo
en el presente, junto a la valoración crítica y rigurosa de lo que supone la
restauración de la democracia en nuestro país tras las secuelas de una sangrienta
dictadura de cuatro décadas. Se nos niega, así, que tengamos memoria de las
páginas más negra de nuestra historia.
Asimismo, el pacto de PP y Vox cuestiona la Política Agraria
Común (PAC), rechaza el acuerdo UE-Mercosur, discrepa de la condicionalidad
climática, del Pacto Verde y la Agenda 2030 sobre sostenibilidad medioambiental
que, en opinión de los ultras, perjudica al sector primario. Sin embargo, la
Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Andalucía (UPA) muestra sus
reservas a esas medidas pactadas porque, a su entender, no afrontan los
principales retos del campo andaluz y contienen planteamientos que contradicen
la realidad del sector, que sufre las consecuencias del cambio climático que en
ellas se cuestiona y que afectan de forma directa a las cosechas andaluzas.
Incluso, para colmo, se reducen las ayudas a la cooperación
internacional y las subvenciones a las organizaciones sindicales y la patronal,
imprescindibles en cualquier política de concertación social.
En cambio, como no podía ser menos, el Acuerdo de Gobierno
para Andalucía señala la promoción de nuestras más acrisoladas tradiciones,
como son la tauromaquia, la caza y la pesca, tan denostadas por esos
conservacionistas que se abochornan de sus raíces culturales más hondas y
viriles, prometiendo la reducción de todas las tasas autonómicas relacionadas
con estas actividades. Coherentemente, se eliminarán tributos ligados a
cuestiones medioambientales, como los impuestos a las bolsas de plástico, las
emisiones de gases contaminantes y los vertidos a aguas litorales. Todo un
ataque a las políticas de sostenibilidad del Medio Ambiente y del aprovechamiento racional de los recursos naturales.
En fin, lo que este resumen pronostica es que el verano en
Andalucía será cualquier cosa menos agradable y tranquilo. Muchos, los más
desafortunados y débiles, sudarán la gota gorda por ese sol implacable de la
falta de derechos y ayudas que genera insolación por la discriminación racial y
cultural, por la desigualdad y las injusticias que privilegian a una parte
-dominante, eso sí- de la población y por el rechazo, la falta de solidaridad y
de empatía con que se abordan los problemas sociales que a todos nos afectan.
martes, 30 de junio de 2026
Tiempo de lecturas
Es un tiempo reblandecido por las luces y las sombras de las
ensoñaciones en tardes soporíferas del estío que solo el hábito de la lectura,
con su ensimismada soledad, consigue aliviar y refrescar.
Un tiempo que también a este blog amodorra con el pegajoso
discurrir de un verano al que ni la actualidad de lo cotidiano, con esa polarización
política que no cesa, ni la inútil brisa de la prosa más literaria, cargada de hueras
intenciones, podrá sustraerlo de una atención embebida por el rumor de las
olas, el frescor de unas cañas de cerveza y la belleza de unos cuerpos
desparramados sobre la arena o exhibiéndose cual musas luminosas en el
atardecer de las terrazas.
Porque es el tiempo de la placidez contemplativa, de la
pasividad sensorial y de la desidia tan reconfortante para un cuerpo y una
mente fatigados por las rutinas y los delirios del resto del año. Transitamos,
por tanto, el tiempo de enfrascarse en lecturas y extraviarse en utopías
ensoñadoras, en fantasías de nuevas expectativas y conocimientos que satisfagan
una curiosidad que, al contrario del vigor físico, se mantiene intacta con los
años, cuando más experiencia y vivencias se acumulan.
Por tal motivo, estas páginas virtuales de Mirada
Crepuscular espaciarán la publicación de entradas, amoldándola a la parsimonia con
la que el verano impregna toda actividad lúdica o sujeta a obligaciones. Más
que estar atenta a lo que pasa ahí fuera, procurará centrarse en lo que nos
pasa a nosotros mismos y cómo lo asumimos. Así, por ejemplo, durante estos
meses sofocantes, no hará otra cosa que dejar constancia de los libros que han
deslumbrado la mirada cansina y descreída de su autor, de quien suscribe estas
líneas explicativas a los improbables lectores de la bitácora.
Y es que Mirada Crepuscular también se aleja del mundanal
ruido de la cotidianeidad y de los agobios insoportables del presente para
buscar reposo en la sombra de la tranquilidad y el silencio sin ecos mediáticos
que proporciona la distancia más emocional que física, allá donde la actualidad
no es sinónimo de estar al día de lo que tratan las tertulias y recoge la
prensa ni la capacidad de aprender, expandiendo el espíritu, es exclusiva de la
juventud y los trepas.
Se trata de una forma, como cualquier otra, de combatir el
calor de estos meses de la manera más placentera: tumbados a la bartola con un
libro entre las manos. ¡Que paséis buen verano!
lunes, 22 de junio de 2026
La prioridad del primate
Y la verdad es que no es algo extraño en el comportamiento
del humano, en el que se mezclan instintos innatos con respuestas elaboradas
desde el análisis racional y la previsión de consecuencias. Es algo que no
podemos evitar, entre otras cosas, porque, como demostró Darwin, no es que
vengamos del mono, sino que somos monos, mal que nos pese. Y la actitud de la
extrema derecha viene a confirmarlo, por si los terraplanistas, creacionistas y
demás “ultristas” tenían dudas.
Tanto es así que hasta la especie más pacífica de homínido
solo se muestra cooperativa dentro del grupo, pero intolerante y hasta agresiva
frente a otros grupos. Lo que parece, a nuestros ojos, un comportamiento
generoso de fraternidad tribal, como es compartir las piezas cazadas y ayudar a
otras madres con sus crías, no es más que una apuesta fruto de la evolución
para con el grupo, dentro del cual es posible la existencia del individuo. No
se trata, pues, de solidaridad o justicia distributiva, sino simplemente de un
instinto de preservación de la especie, por encima de la del individuo, para
garantizar la perpetuación o continuidad de los genes. Un instinto que induce a
estos animales “pacíficos” a “priorizar” sus recursos: a los nuestros de todo, para
los otros, nada de nada.
Y tal comportamiento es el que anima a los impulsores de la
iniciativa de la prioridad nacional: primero los nuestros a la hora de recibir
ayudas, prestaciones y derechos; los demás, que allá se las compongan. Como
conducta animal, no está mal y en ciertas especies está justificado como
estrategia de conservación y garantía de perpetuación y continuidad. Pero como
decisión política del homo sapìens, la del vertebrado, mamífero, placentario,
primate, simio y humano más inteligente del planeta -como diría juan Luis
Arsuaga-, es una boutade racista, una auténtica burrada irracional, se
mire como se mire, incluido desde el punto de vista económico.
Diferenciar a los habitantes de España, a la hora de merecer
derechos, prestaciones y ayudas, por su origen o por un “arraigo” que no se exige
a los nacidos aquí, es lo más semejante a la actitud hostil y violenta de los monos
con sus parientes de otros grupos. Es un reflejo de nuestra procedencia
simiesca (cuyo origen es, para colmo, africana) que reproduce la prioridad del
primate. Una actitud que demuestra cuán lejos están algunos de comportarse como
auténticos homo sapiens.
sábado, 13 de junio de 2026
Vida extraterrestre: posible, pero improbable.
Si a este “revival” cinematográfico sobre seres de otros
mundos se añade la reciente iniciativa del Gobierno estadounidense de hacer
público cientos de informes sobre casos de fenómenos anómalos no identificados
(FANI, lo que antiguamente se conocía como OVNIS) que se mantenían clasificados
como secretos en los archivos de diversas agencias gubernamentales, no cabe
duda de que asistimos a un renovado interés por la posibilidad de vida
extraterrestre. Un misterio que inquieta al ser humano desde tiempos inmemoriales
y que nos atrae tanto como la existencia de un dios creador de todo el Universo
y, por ende, del hombre o lo que se esconde más allá de la muerte.
Se trata, no obstante, de una característica exclusiva del
ser autoconsciente que es el humano: hacer preguntas, interrogarse y buscar
respuestas, aunque a veces se deje llevar más por la emoción y la imaginación
que por la razón o inteligencia racional. De ahí que se apresure en aceptar,
sin apenas cuestionarlo, que seres extraterrestres podrían haber visitado
nuestro planeta en cualquier momento de la historia de la Humanidad y que, de
algún modo, hayan podido integrarse en nuestras sociedades sin que sean
detectados o los gobiernos nos lo estén ocultado. Es una idea que, por lo reiterada
cada cierto tiempo, es bastante popular entre la población y que sirve para reinterpretar
mitos o historias de pueblos antiguos.
Esa idea es la que nos induce a considerar, por ejemplo, que
la lápida del rey maya Pakal de Palenque (Chiapas, México) en realidad
representa, como hizo Erich von Daniken, a un astronauta dentro de una nave
espacial. O que los inmensos geoglifos del
desierto de Nasca (Perú), líneas que representan animales y figuras geométricas,
han sido trazados a propósito para ser vistos desde el aire. Y que unas
pinturas rupestres en el desierto del Sáhara (pinturas de Tassili n´Aijer en
Argelia) son humanoides con trajes y cascos, similares a los de los astronautas
modernos. Incluso nos tienta a valorar el impacto de un meteorito en Tunguska,
en 1908, como producto de una explosión del motor de una nave extraterrestre en
mitad de Siberia (Rusia).
Es, pues, una idea muy atractiva. Tanto que, para buena
parte de los estudiosos del fenómeno ovni (ufólogos) la extraterrestre sería la
mejor y única hipótesis que explicaría “plenamente” (mejor que los fenómenos
naturales, artefactos y tecnologías secretas en pruebas, interpretaciones
erróneas o montajes deliberados) las visiones de unos objetos que escapan a las
leyes físicas y de la capacidad técnica conocida. Una hipótesis o idea asumida
sin meditar lo que tal eventualidad supondría desde múltiples puntos de vista,
pero especialmente desde el rigor científico. Y olvidando que, obviar la
ciencia para priorizar las creencias, es lo propio de las religiones y las
supersticiones, no del conocimiento racional.
Para evitar caer en ese tipo de explicación fácil y cómoda,
parece oportuno recalcar algunas consideraciones básicas, pero irrefutables,
que cuestionan esta teoría sobre la posible, pero improbable vida
extraterrestre, como haría cualquier pesimista alegre u optimista descreído al
enfrentarse al interrogante de si estamos solos en el universo. Una pregunta
pertinente con solo mirar al cielo estrellado.
Es más, sabemos perfectamente que hay planetas orbitando
muchas estrellas, como nosotros al Sol, a los que denominamos planetas
extrasolares o exoplanetas. En puridad, se han descubierto unos 6.200
exoplanetas en más de 4.700 sistemas solares. Y sabemos también que la química
de la vida no es exclusiva de la Tierra, puesto que sus componentes básicos
(carbono, hidrógeno, helio, etc.) son comunes en los cuerpos siderales. Pero
afinar en el estudio al detalle de las condiciones de cada uno de esos
exoplanetas y sus atmósferas, es algo controvertido por la escasez de datos, la
mayoría de los cuales son indirectos, como la detección de huellas químicas de
sulfuro de dimetilo en la atmósfera del exoplaneta K2-18b, un indicador
biológico similar al generado por el fitoplancton marino de la Tierra. No
prueba la existencia de vida, pero es la “biofirma” más sólida detectada hasta
la fecha.
Y es que la vida, como proceso evolutivo de la materia, bien
podría originarse en cualquier otro mundo de los infinitos que alberga el
universo. Entre otros motivos porque toda la materia que los forma, como el
nuestro, está hecha de átomos. Así, todo lo que existe es una combinación
átomos que obedecen o interactúan según reglas: las leyes de la naturaleza. Y esas
leyes, que se pueden conocer y formular matemáticamente, explican y demuestran
el origen y evolución de la vida (al menos la que conocemos aquí en la Tierra),
y al afectar a lo que constituye todo lo real -los átomos-, cabe esperar que
los signos de vida sean reconocibles y hasta comparables a los terráqueos. Máxime
cuando la vida en la Tierra emerge en contextos increíbles, como la de esos microorganismos
extremófilos que sobreviven en volcanes submarinos, ambientes hipersalinos o
hielos polares; es decir, en condiciones extremas para la vida, como las del
espacio. De ahí que la posibilidad de vida extraterrestre sea incontrovertible,
aunque hasta la fecha no es algo demostrable. De momento, los humanos seguimos
siendo la única especie solitaria tanto en la Tierra -donde no existen otras
especies iguales con autoconsciencia- como en el Universo “cercano”, donde
rastreamos señales de vida.
Una presunta vida extraterrestre, necesariamente más
desarrollada que la nuestra, que pudiera viajar por el cosmos para visitarnos
se antoja, a la luz de estos datos, más que improbable, imposible. Y nos
referimos solo al vecindario estelar local, el que “linda” con nuestro Sistema
Solar. Porque si conjeturamos que podrían proceder de otras regiones remotas
del Universo, la propuesta se convierte en broma para crédulos ingenuos.
Y es que, incluso suponiendo que hubiesen alcanzado tal
nivel de desarrollo tecnológico que les permita viajar a la velocidad de la
luz, una nave construida para ello adquiriría, según la Teoría de la
Relatividad, una masa infinita (la masa aumenta con la velocidad), lo que
requeriría una cantidad de energía también infinita para propulsarse. Cosa
imposible, aquí y en Alfa Centauri, sin ir más lejos. Todo lo cual nos lleva a
pensar, una vez más, que la vida extraterrestre puede que sea posible aunque
poco probable, pero que haya podido viajar en ovnis hasta nuestro planeta
resulta no solo improbable, sino disparatado, aplicando exclusivamente fundadas
deducciones racionales.
Con todo, desde los años 60 del siglo pasado no cejamos en
el empeño de buscar señales de vida inteligente en otros mundos, gracias a la
radioastronomía convencional. Los proyectos más destacados de búsqueda son los
del Instituto SETI (acrónimo en inglés de “Search for Extraterrestrial
Intelligence”: búsqueda de inteligencia extraterrestre), de California, que
emplea radiotelescopios para detectar señales en el rango de microondas, y el
Breakthrough Listen, de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido. Pero
anteriormente, en el año 1974, se envió un mensaje de radio al espacio, a
través de la primera transmisión intencionada de alta frecuencia, desde el
radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) para conmemorar la remodelación de
aquel radiotelescopio cuya antena ya se ha desplomado por falta de
mantenimiento.
En cualquier caso, todas esas búsquedas han sido
infructuosas hasta el momento, porque detectar señales de vida inteligente
desde nuestro marco temporal -unos cien años- dentro del espectro de los 13.800
millones de años de historia del Universo, representa un desafío mucho más
difícil que encontrar una aguja en un pajar. Significa esperar el rastro de
alguna señal enviada desde, por ejemplo, algún lugar de la Vía láctea -que
tiene unos 100.000 años luz de diámetro-, y en la que cualquier señal emitida
desde solo 1.000 años-luz de distancia conllevaría otro milenio en recibir
respuesta. Se estima que la horquilla del “tiempo de respuesta” estaría entre
400 y 50.000 años, en función del espectro de búsqueda y el número de
civilizaciones que creamos existe en él. Es probable que para entonces, cuando
recibamos alguna respuesta, nuestra civilización haya desaparecido. Y eso,
suponiendo que los “aliens” utilicen tecnologías semejantes a la nuestra.
En resumidas cuentas, Spielberg hace películas bellas y
conmovedoras, pero de la ficción cinematográfica a la realidad existe una
brecha inconmensurable espacio-temporal que nos aísla en este rincón de la
galaxia de la posible vida extraterrestre que pudiera existir en el cosmos. Lo
cual no impide que sigamos soñando con encuentros en la enésima fase y
rastreando el cielo en busca de señales reveladoras que alimenten esa
posibilidad, aunque sea ínfima. No intentarlo significaría que las
posibilidades se reducirían al cero absoluto. Y no hay que perder la esperanza.
Ersa es la razón por la que hay que mostrarse como un escéptico alegre al que
no le perturban las frustraciones. Pues la vida extraterrestre es como las
meigas, “no creo en ellas, pero haberlas, haylas”.
martes, 9 de junio de 2026
Una de barquitos
La cuestión es que, al parecer, la partida de los barquitos
la disputo con la muerte, mi contrincante en este macabro juego mental. Es ella
la autora que hace agua, toca o hunde las “embarcaciones” que dispongo en el
tablero imaginario del que formo parte. Y, así, cada vez que fallece alguien
conocido de mi entorno -amigo, vecino o familiar-, lo relaciono de inmediato
con los resultados posibles del juego.
El caso es que, en corto espacio de tiempo, han fallecido
dos vecinos en el edificio donde se ubica mi vivienda y, aparte de lamentarlo
emocional y humanamente, no he podido evitar pensar que, con sus muertes,
habían hundido dos barcos de mi tablero vital y que mi contrincante se acercaba
peligrosamente a la destrucción de mi estrategia defensiva. Un pensamiento
similar me había embargado anteriormente cuando asistí, en el curso de pocos
años, al entierro de un compañero entrañable del trabajo, jubilado como yo, y
cuando un familiar acabó de manera prematura en la tumba. Se trata de un juego
mortal en el que, cuando sufro un achaque de cierta importancia, considero que
me han “tocado”. Percibo esas situaciones como especie de embates mortíferos que, como
los aciertos en la batalla de los barquitos, amenazan las fortalezas de mi
integridad, al barco que me representa en ese damero maldito, sin que logren
hundirlo… de momento.
Entonces es mejor asumirlo como un juego más que con miedo
obsesivo. Y jugarlo como un divertimento mental que apenas afecta a la
conducta, salvo esos segundos en que se tarda en declarar “agua, tocado o
hundido” cualquier ataque de la guadaña a tu entorno, para continuar
seguidamente con las rutinas y dedicaciones diarias que colman de propósitos y
contenidos la vida. Al fin y al cabo, como dijo Benedetti, “la muerte es solo
un síntoma de que hubo vida”.
No es más que una manera de restarle importancia a la
certeza pesada y grave de la muerte, tratándola como un juego de estrategias
simplonas en un marco que permite limitadas opciones, para que no influya de
manera dominante en la capacidad de regir nuestra vida hasta el último suspiro,
cuando seamos final y fatalmente hundidos. Por eso relaciono últimamente la
muerte con los barquitos. Y lo hago, al menos, mientras compruebo que hacen
agua, tocan o hunden cualquier “barco” de mi tablero, sin que ello impida, más
bien lo contrario, que emprenda nuevos proyectos vitales. Es decir, seguir
jugando en tanto en cuanto mantenga conciencia de mí mismo, ya que la muerte es
la disolución de esa conciencia. O, como pensaba Borges, “la vida es una muerte
que viene”. Así que tira, que te toca, ingrata.
lunes, 1 de junio de 2026
No todo vale
La lealtad política, institucional y democrática brilla por
su ausencia cada vez que se recurren a tales métodos espurios de ejercer
oposición. Y en España, desde hace tiempo, esta deslealtad irrespetuosa e
irresponsable viene empleándose para desbancar al Gobierno desde que, en 2018,
el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Pedro Sánchez,
presentó una moción de censura al Gobierno conservador del Partido Popular
(PP), presidido por Mariano Rajoy, que fue apoyada por la mayoría del Congreso
de los Diputados, siendo la primera moción que tiene éxito desde la
restauración de la democracia en España.
Aquella moción victoriosa venía motivada porque el PP, a
tenor de las investigaciones del llamado caso Gürtel, mantenía una
estructura de contabilidad “paralela” (caja B) de financiación ilegal, con la
que también retribuía a altos dirigentes de la organización (entre otros,
figuran apuntes a “M.Rajoy” en dicha contabilidad), mediante un sistema genuino
y efectivo de corrupción institucional a través de la manipulación de la
contratación pública central, autonómica y local, según sentencia de la
Audiencia Nacional. Es decir, se debió a la corrupción del PP confirmada por
sentencia judicial. Y se justificó, como señaló Sánchez en el debate, porque
“la corrupción destruye la fe en las instituciones, y más aun en la política,
cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad”.
Se inicia, entonces, una campaña por deslegitimar, con
razones o sin ellas, al nuevo Gobierno por parte del partido que fue desalojado
abruptamente del poder, en 2018, mediante aquella moción que permitió a Sánchez
ser presidente de Gobierno. El socialista se convertía, de este modo, no solo
en el primer presidente que resulta investido gracias a una moción de censura,
sino además en el primero que lo consigue sin ser diputado desde que existe la
democracia de 1977, pues había renunciado al acta de diputado en 2016 para no
compartir la decisión de “abstención técnica” que su partido había adoptado
para facilitar la investidura de Rajoy. También sería el primer presidente
español que domina el idioma inglés. Muchas, quizá demasiadas, novedades para
el “presidencialismo” español.
Hay que recordar que el PP había ganado por mayoría simple
las elecciones de 2016 y Mariano Rajoy, tras cuatro meses de negociaciones, fue
investido con los apoyos de Ciudadanos y otras formaciones de la derecha, más
la abstención del PSOE, en una segunda sesión de investidura. Ese gobierno
conservador duró hasta 2018, cuando le fue retirada la confianza del Congreso
con la cuarta moción de censura registrada en la historia de la democracia y la
segunda de la XII legislatura, una de Podemos y otra del PSOE, ambas contra
Mariano Rajoy.
Y con su final se ponía en marcha una campaña de
desprestigio y desgaste que Rajoy exhibió ausentándose de su escaño para no
reconocer con su presencia la legitimidad del Gobierno de Pedro Sánchez,
legitimidad avalada por los votos del Congreso. Rajoy abandonó su escaño
durante horas, ofreciendo aquella imagen del bolso de la vicepresidenta
ocupando su lugar, mientras se debatía la moción y jamás volvió a sentarse en
él como expresidente. Se limitó asistir dos minutos durante la segunda sesión
del debate de la moción para ser el primero en felicitar al nuevo presidente,
al que se acercó corriendo a estrechar la mano antes de desaparecer del
hemiciclo. Fue un escueto acto de cortesía parlamentaria. Desde ese momento
empezaron en el PP las acusaciones de que “el Gobierno de Sánchez es ilegítimo
y se lo debe a los populistas, los viejos amigos de ETA y los enemigos de
España”.
Se iniciaba, así, la campaña de “acoso y derribo” al
Gobierno socialista, antes incluso de que el expresidente José María Aznar, que
ejerce de oráculo del PP, solicitara aquello de que “el que pueda hacer que
haga”, frase con la que llamaba a un ataque por cualquier medio contra el
Gobierno con las armas que cada cual tenga (mediáticas, judiciales, policiales
y políticas). Y es que, para él y los suyos, el presidente Pedro Sánchez
representa “un peligro para la democracia”. Y no han parado en el empeño por
todos los medios posibles (legales, alegales e ilegales) para tumbar al
Gobierno. La derecha, históricamente, siempre ha tenido muy mal perder porque
tiene un sentido patrimonialista del poder y considera que le pertenece por “la
gracia de Dios”. Piensan que lo normal es que ellos gobiernen, y lo anormal y
peligroso sería que lo haga la izquierda.
Y lo sigue haciendo. “Acabar con el Gobierno con todos los
medios a nuestro alcance hasta echar a Pedro Sánchez” es la consigna textual
para todas sus iniciativas, aunque sin aclarar si han de ser también ilegales,
alegales e inmorales, como las que se están produciendo actualmente a través de
acusaciones falsas, bulos, información tendenciosa y zafias mentiras sobre
Pedro Sánchez, su familia y el Gobierno. No importa: el fin justifica los
medios. Y en esas estamos.
De hecho, ya no es solo el partido derrotado el que ejecuta
en solitario un plan de acoso que le permita recuperar el poder sin esperar al
veredicto de las urnas. Son también todos sus satélites afines los que están
confabulados en acabar con el Gobierno socialista. Fundaciones y
pseudosindicatos de extrema derecha ejercen la “acción popular” en procesos
judiciales contra el Gobierno, su presidente, su familia u otras personalidades
ligadas al mismo.
Es lo que se deduce de quienes han conseguido sentar en el
banquillo al hermano del presidente por presunto tráfico de influencias y
prevaricación, gracias a las acusaciones de Manos Limpias, Hazte Oír, Abogados
Cristianos, Vox, Liberum, Iustitia Europea y PP. Toda una camarilla de
entidades de marcado cariz ultraderechista que se apuntan a cualquier proceso
que pueda deteriorar la confianza en el Gobierno y su credibilidad.
Los mismos que se han juramentado para encausar
judicialmente a Begoña Gómez, la esposa del presidente, mediante recortes de
prensa de escaso rigor, pero que han servido para que un juez emprenda una
instrucción prospectiva sin elementos indiciarios y hasta con un informe en
contra de la policía judicial que no halló pruebas de ilicitud en sus cuentas
bancarias. Y todo por seguir ejerciendo su trabajo en una Universidad
madrileña, como hacía antes de que su marido fuera presidente de Gobierno.
Tan bajo ha llegado ese afán por desprestigiar al mandatario
socialista que se intentó construir un falso escándalo por el negocio de saunas
que su suegro regentaba y que, según sentencia de la Audiencia Nacional en
2024, era una “actividad privada lícita”. Sin embargo, ello no impidió que el
líder del PP preguntara al presidente de Gobierno, en una intervención
parlamentaria de hace poco, “¿de qué prostíbulos ha vivido usted?”. Una muestra
más del todo vale, hasta la infamia.
Es lo que exige la ciudadanía y lo que conviene a un sistema
democrático, a pesar de que la coincidencia de todos ellos contra el Gobierno en
tan breve plazo de tiempo resulte, cuando menos, sospechosa. Son explicaciones
más que necesarias para evitar la desconfianza de unos ciudadanos saturados por
tantos casos de corrupción que resultan ya indistinguibles: Ábalos/Koldo,
Bárcenas, David Sánchez, Gürtel, Begoña Gómez, Leire, Kitchen, Plus Ultra,
Cerdán, Zapatero, Aldama, Dana, Adamuz, Montoro, etc. Explicaciones
imprescindibles para evitar aquello de lo que prevenía Hannah Arendt: que el
individuo más conveniente para un régimen totalitario es el que no distingue la
realidad de la ficción. Aclaraciones, por tanto, ineludibles que ayuden a no confundir
la realidad con la ficción y no caer presa fácil de manipuladores y demagogos.
Porque la desolación y la desafección del electorado es una
carcoma para la democracia. La desconfianza ciudadana en sus dirigentes abona
la abstención y desnaturaliza con la ineficacia el sistema democrático. Sólo
con transparencia e información, veraz y precisa, se puede combatir y contrarrestar
cualquier campaña de acoso y derribo, aunque sea infundada, pero más aun si
presenta motivos plausibles o indiciarios.
Es muy probable que asistamos a un cambio de ciclo político,
pero este ha de producirse en las urnas y con el voto de los ciudadanos, no a
causa de la desinformación, los bulos, las argucias judiciales, la presión
mediática y demás artimañas políticas con las que se intenta ganar lo que no se
consigue en unas elecciones. En definitiva, sin votos, no todo vale, aunque
algunos crean lo contrario y hasta estén confiados en ello. Entre otras cosas,
porque les sirve para que estemos hablando de cuestiones judiciales, sin que
todavía exista ninguna sentencia, en vez de la acción del Gobierno y de las
iniciativas legislativas que ha impulsado en beneficio de la mayoría de la población.
Les sirve porque desvía nuestra atención de lo que en realidad nos interesa:
salario mínimo, educación, sanidad, empleo, vivienda, pensiones, becas,
igualdad, libertades, sostenibilidad, medio ambiente, dependencia, etc. ¡Mira
que hay cosas de las hablar!
lunes, 25 de mayo de 2026
Oporto, más que vinos y puentes
Es lo que refleja Oporto al visitante: su historia medieval,
los signos de decadencia tras la pérdida de las colonias portuguesas y la negra
dictadura, y el entusiasmo con que encara un presente de modernidad y progreso.
De ahí que Oporto ofrezca mucho más que sus famosos vinos dulzones y las bellas
postales de sus puentes impresionantes. Ofrece el tesón por seguir siendo lo
que fue sin dejar de evolucionar hacia una ciudad más cómoda y mejor para sus
habitantes y, por qué no, para los foráneos que se ven atraídos por sus
indudables encantos y su barroca belleza.
Porque lo primero que sorprende a quien no la conoce son sus
muros, escondidos tras las edificaciones, que la protegieron en su enclave
elevado de los embates de la naturaleza, como el tsunami que arrasó Lisboa tras
el terremoto de 1755, donde las aguas y los derrumbes causaron entre 60.000 y
100.000 víctimas mortales. Gracias a esos muros y una falla submarina que frenó
la propagación de las ondas sísmicas hacia el norte, el terremoto apenas tuvo
impacto en Oporto, a pesar de que se sintió con intensidad. Solo se produjeron
superficiales daños materiales, que no llegaron a provocar colapsos en las
construcciones ni muertes entre la población. El estuario del río Duero
amortiguó la fuerza del mar, evitando que la gran ola alcanzara el centro de la
ciudad.
Esa situación elevada, con murallas para impedir las
invasiones de suevos y alanos, ya había sido prevista desde los antiguos
asentamientos de griegos y romanos, que denominaron Cale al lugar donde
un rey suevo de Galicia fortificó un castillo que albergaba viviendas en su
interior. En la base de esa colina se
situaba el Portus Cale (Puerto de Cale), origen del topónimo Portugal.
Con esos datos básicos, es fácil dejarse llevar por sus
callejuelas empedradas, plazas y miradores para admirar el legado cultural y
monumental de la ciudad. Y se comprende que la Unesco declarara, en 1996,
Patrimonio de la Humanidad a todo su centro histórico. Una ciudad que desde
antiguo mantuvo una cierta rivalidad con Lisboa, pues en ella se asentaron
comerciantes ingleses de vino que la dotaron, con sus bodegas e industrias
subsidiarias, de una indudable pujanza fabril. Un refrán dice que “Lisboa se
divierte, Coimbra estudia, Braga reza y Oporto trabaja”. Puede que no sea
exacto, pero algo de verdad encierra, cuando menos un sentimiento compartido.
Y esa historia se aprecia también en la Estación de Tren
de Säo Bento, en cuyo vestíbulo más de 20.000 azulejos bitonos, azules y
blancos, representan hazañas históricas, como la conquista de Ceuta. Hasta la
decoración del techo sirve para señalar los límites entre los ríos Miño y Duero
del antiguo Condado que dieron origen a Portugal.
Muy cerca de la Estación se halla otro de los edificios más
antiguos y señeros de Oporto; la Catedral, conocida como la Sé, ubicada en lo
alto de una colina. Su construcción se remonta al siglo XII y combina el
románico original con modificaciones en gótico y barroco. Es un buen enclave
para otear la ciudad y el cauce del río.
Tampoco hay que dejar de ver, en un recorrido por el centro
de la ciudad, la afilada Torre de los Clérigos, de 76 metros de altura, desde
donde pueden verse unas vistas panorámicas que abarcan toda la ciudad, el río
Duero y la vecina localidad de Vila Nova de Gaia, siempre y cuando se esté en disposición de subir los 240 escalones que dan acceso a la cúspide.
Y para despedirnos de la zona alta, merece la pena acercarse
a la parte moderna y de expansión de la ciudad para contemplar, en el extremo
superior de la Avenida de los Aliados, el Ayuntamiento de Oporto, un edificio
con fachada de granito y mármol, de estilo neoclásico e imagen impresionante.
Toda la avenida, cuyo bulevar conecta la Plaza de la Libertad con el
Ayuntamiento, representa el corazón neurálgico de Oporto, y el amplio paseo
peatonal central está diseñado con jardines y fuentes.
Y desde allí, al atardecer, puede uno completar la visita
extasiándose con la puesta del Sol sobre Oporto, una ciudad que es mucho más
que sus vinos y sus puentes.
lunes, 18 de mayo de 2026
El lío de Andalucía
Ese era su mayor reto, el propósito sobre el que basó toda
su campaña electoral, llegando a calificar de lío cualquier otra posibilidad
(en realidad, la única a la que se enfrentaba: tener que necesitar apoyos para
gobernar). Y, en ese sentido, su triunfo le sabe a derrota porque no lo ha
conseguido. Por poco, pero no logró la mayoría absoluta, quedándose solo a dos
escaños de conseguirlo. Así, él solo se ha metido en el lío que tanto temía. Su
dilema, el lio de Juanma, consistía en tener que recabar los apoyos de la
ultraderecha para gobernar, con lo que ello supone, y ha fracasado en el empeño.
Va a necesitar a Vox para asegurar su investidura y formar gobierno.
Todo un desastre para el Partido Popular, que se ha visto abocado a
esa dependencia en todas las elecciones realizadas hasta la fecha (Extremadura,
Castilla y León y Aragón) y que, con ésta de Andalucía, evidencia lo que, en
caso de elecciones generales, podría suceder en España: que gobernase con la
ultraderecha. Esa percepción de que sólo en unión con los ultras se podría
derrotar al Gobierno socialista del PSOE, coaligado con Sumar, más que
fortalecer la alternativa al sanchismo, robustece a los socialistas en unas
elecciones generales.
De ahí el temor de Juan Manuel Moreno Bonilla por ver también
ligado su mandato con la ultraderecha de Vox, el ejemplo definitivo de lo que cabe
esperar en una futura convocatoria electoral de carácter general. Y no por miedo a los ultras, sino porque restan votos a la propuesta conservadora.
Las izquierdas alternativas al PSOE, divididas como siempre,
no son suficientes para construir un bloque ideológico que equilibre al de la
derecha. Restan más que sumar, puesto que se reparten entre ellas el voto de
una izquierda huérfana de representación sólida y determinante en el Parlamento
de Andalucía.
El enésimo invento de los comunistas (IU), agrupados ahora
con Sumar y lo que queda de Podemos bajo el liderazgo de Antonio Maíllo en Por
Andalucía, no arranca más escaños que los cinco que ya tenía, viéndose superada
por la izquierda soberanista y anticapitalista de Adelante Andalucía, dirigida
por José Ignacio García, que suma seis escaños a los dos que tenía en el
Parlamento de Andalucía. En su conjunto, renuevan caras, pero mantienen
estrategias y fórmulas que apenas atraen a la gente dispuesta a luchar por un
mundo mejor y modificar las estructuras económicas que perjudican a los más
desfavorecidos.
En fin, con un Parlamento de 109 escaños, en el que el
Partido Popular consiguió 53, el PSOE 28, Vox 15, Adelante Andalucía 8 y Por
Andalucía 5, el futuro de Andalucía continúa marcado por gobiernos de la
derecha que impondrán sus políticas liberales en lo económico y conservadoras
en lo social, cultural y moral. Es lo que hemos elegido y será lo que nos
merecemos.
jueves, 7 de mayo de 2026
Lo que nos jugamos el 17 de mayo
Porque la disyuntiva es clara: o un gobierno conservador de
derechas, en solitario o en coalición, liderado por el Partido Popular (PP), o
uno progresista de izquierdas en coalición, encabezado por el Partido
Socialista Obrero Español (PSOE). No hay más opciones, sin que ninguna de ellas
represente el “lío” del que nos advierte ladinamente el candidato popular
y actual presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, con el fin de
aglutinar el voto en sus siglas para conseguir la mayoría absoluta.
Y es que, con él como favorito en los sondeos, es fácil
predecir las iniciativas que impulsaría un Gobierno andaluz bajo su batuta,
tanto si lo hace en solitario como en compañía de la ultraderecha, representada
por Vox. Ya dio muestras en su primer mandato de su capacidad para sumar los
votos de todas las derechas que permitieron el refrendo parlamentario a su
investidura.
Fue la primera vez, en efecto, que, en España, la extrema
derecha conseguía influir en las políticas de los gobiernos del Partido
Popular. Una “novedad” que se inició en Andalucía de la mano de Moreno Bonilla.
Y lo hizo sin despeinarse y con la sonrisa con la que desde entonces intenta
aparentar ser amable, moderado, simpático y fiable.
Y si ya entonces no tuvo reparos en firmar un pacto por
escrito con Ciudadanos y Vox, hoy también lo suscribiría desde el primer minuto
en que se conozca el resultado electoral, si fuera necesario y salieran las
cuentas. Además, por si hubiera dudas, es justamente lo que está haciendo su
formación en todos los lugares en que ha necesitado el apoyo de la ultraderecha
para formar gobierno.
En Andalucía no será, pues, diferente la estrategia de
pactos del PP del que forma parte Moreno Bonilla. Y asumirá, llegado el caso,
todas las políticas que le imponga su socio de extrema derecha, como han hecho
los gobiernos del PP en Extremadura, Aragón, Castilla y león, Valencia y
Murcia. Es decir, criminalizar al inmigrante, cuestionar la violencia machista,
negar el cambio climático, aumentar la desigualdad social con el nuevo reclamo
de “prioridad nacional”, adelgazar y deteriorar los servicios públicos (sanidad
y educación, fundamentalmente) en beneficio de la iniciativa privada y, en
definitiva, imponer progresivamente un modelo neoliberal de sociedad que
abandona a los más desfavorecidos o necesitados a su suerte.
Aunque lo temamos, es lo que sabemos que hará si, como en
aquellas comunidades, necesitara a Vox para gobernar. Pero lo que calla es que
lo haría de cualquier forma porque su ideario es coincidente con el de la
extrema derecha y solo se diferencian en la gradación a la hora de aplicarlo.
De ahí que un gobierno en solitario del PP en Andalucía no
ofrezca ninguna posibilidad de políticas distintas a las que implementaría en
coalición con la extrema derecha, salvo en su inmediata contundencia y sin la
máscara de la hipocresía.
El de Moreno Bonilla sería semejante, en su ejecutoria y objetivos,
al gobierno de Ayuso en Madrid, donde se aplican recortes a la sanidad pública
mientras se aprueba la creación de nuevos hospitales privados y se concierta
con ellos la prestación de los servicios más rentables. Y donde se ahoga a
universidades y colegios al reducirles la financiación, aparte de otras medidas
de igual talante.
O al del gobierno de Valencia, que inauguró el modelo
fracasado de la privatización de hospitales, con el de Alzira en 1999, como
sistema de colaboración público-privada, que aumentó la deuda y empeoró la
asistencia sanitaria.
Y es que el programa que comparten todos ellos es el mismo:
el del Partido Popular, cuyo objetivo ideológico es la implantación de una
sociedad regida por el neoliberalismo económico, el libre mercado y la libertad
individual (para sufragarse sus propias necesidades), sin que el estado regule
o intervenga en nada, ni siquiera en defensa de los más débiles, los que
carecen de oportunidades.
Su mantra es la reducción de impuestos, que beneficia
fundamentalmente a los más pudientes, y la eliminación de “gastos” de la
Administración, que perjudica a los que no pueden costearse ni la salud, ni la
educación, ni la vivienda, ni la dependencia, ni el desempleo, ni la seguridad,
ni la cultura, aparte de otras muchas carencias. Y la defensa a ultranza de los
valores tradicionales de España, como la familia, el matrimonio heterosexual,
la religión católica, la lengua castellana y la unidad homogénea de España, lo
que lo enfrenta a la diversidad cultural y social del país, a las lenguas que
se hablan en determinadas comunidades autónomas (euskera, gallego y catalán), a
la libertad sexual y religiosa y, en definitiva, a la pluralidad de la sociedad
española y el respeto al diferente.
Unas políticas que tienen consecuencias para los ciudadanos,
a veces letales. No es casual que haya sido en Madrid donde se registró la
mayor mortalidad en las residencias de ancianos por la pandemia de la Covid-19 en
2020. 7.291 ancianos murieron sin asistencia médica porque el protocolo que
estableció la Comunidad impedía trasladarlos a los hospitales, excepto los que
tuvieran un seguro médico con clínicas privadas. Al parecer, los viejos pobres
podrían colapsar unos hospitales públicos, ya de por sí desbordados, no solo por
la pandemia, sino por los recortes que sufrieron con las políticas que
desmantelan la sanidad pública.
Con idénticas medidas restrictivas, junto a la incapacidad
para gestionar una crisis, en la Valencia gobernada por el PP murieron 238
personas a causa de una dana que provocó las peores riadas de la historia de
este país. Se priorizó confrontar con el Gobierno a procurar la actuación coordinada
entre las distintas administraciones para hacer frente a la catástrofe. Por eso,
no es casualidad que estos desastres golpeen con mayor intensidad en territorios
que regatean recursos a los servicios públicos.
Es lo que sucedió en Castilla y León y Galicia, en el verano
de 2025, donde la falta de recursos y de inversiones en la prevención de
incendios forestales facilitó que se registren en esas comunidades una oleada
de incendios histórica en Europa, con más de 403.000 hectáreas quemadas. La
alta temporalidad con que se contratan los agentes forestales, con un modelo laboral precario, la
externalización del servicio y el abandono de las zonas rurales, a causa de políticas
de reducción del gasto, hicieron posible la voracidad inaudita de esos
incendios.
No hay que ser, pues, ningún adivino para saber a lo que nos
exponemos a partir del próximo 17 de mayo. Y la única manera de afrontarlo es
con nuestro voto, si votamos con la cabeza en vez de con las emociones, a las
que tanto apelan los partidos en liza. Nunca antes había sido tan decisivo. Nos
jugamos la Andalucía que anhelamos, ni más ni menos.
sábado, 2 de mayo de 2026
Cumpleaños feliz de Averroes
No todos los años se puede celebrar el 900º aniversario del nacimiento de un personaje ilustre de la historia. Pero el pasado abril tuvimos ocasión de hacerlo. Se cumplía ese mes el noningentésimo aniversario del nacimiento, en la Córdoba andalusí de 1126, de Abu Al-Walid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Rushd, más conocido como Averroes, un pensador erudito al que muchos consideran el mayor representante del racionalismo islámico, pues subordinaba la fe a la razón.
Nueve siglos que
no apagan la luz de quien contribuyó a alumbrar el devenir del desarrollo
cultural de Occidente, ya que su defensa de la razón frente a la fe religiosa lo
convierte en una figura clave de la evolución del pensamiento occidental y un
precursor de la modernidad intelectual. Y un puente entre el saber clásico (fue
un lector y traductor de Aristóteles) y el mundo latino medieval, hasta el
punto de ser considerado un referente de autoridad en la Edad Media e, incluso,
el Renacimiento.
Jurista,
filósofo, médico, matemático y astrónomo, Averroes provenía de una notable
familia de cadís (funcionario judicial islámico, con competencias
civiles, judiciales y religiosas, encargado de administrar justicia basándose
en la ley religiosa o sharía), como su abuelo y su padre, a quienes sucedería
en el cargo. Sus antepasados eran muladíes, descendientes de hispano-visigodos
convertidos al islam. Su abuelo (1058-1126), llamado al-Yidd (el abuelo), fue
cadí mayor de Córdoba y autor de famosas obras de jurisprudencia. Igual que su
padre, del que apenas se conoce su existencia.
Este linaje no
solo le otorgó posición, sino también una responsabilidad hacia el estudio y el
conocimiento. De ahí que recibiera, en el seno de esa familia, una educación
coránica que completaría con la jurídica y más tarde la médica. Esta formación
abarcaría conocimientos de teología y del derecho, además de medicina y
filosofía. Su erudición extendió su figura más allá de las fronteras de
Al-Ándalus, gracias a obras, como el Libro sobre las generalidades de la
Medicina, referente en todas las universidades de Europa, y otras de
filosofía que dejaron profunda huella en la historia de los hombres, al
armonizar el rigor de la lógica con la profundidad de la fe, dos formas de
conocimiento que, según él, se complementan, pues no implica que existan
verdades diferentes.
La tesis de su pensamiento se basaba en que “la verdad no se opone a la verdad”. Así defiende la armonía entre la revelación religiosa y la razón filosófica. Y es que, para Averroes, la razón es la mejor vía para comprender el sentido profundo y alegórico de las escrituras. De este modo, al afirmar la unidad de la verdad, hizo de la filosofía un saber autónomo, independiente de la teología y la religión. Al mismo tiempo, con ello buscó desactivar el fanatismo y los fundamentalismos que suelen afectar a las religiones, incluso en su tiempo. Desde este punto de vista, Averroes representa la capacidad del conocimiento para tender puentes, para la defensa de la razón y el valor del diálogo entre culturas. Y esa defensa de la razón -la ratio- frente a la fe -la fides- lo convierte no solo en una de las mentes más brillantes de la civilización andalusí, sino en una figura a reivindicar por toda sociedad que se asiente en el conocimiento, la tolerancia y el pensamiento crítico, tan necesarios hoy en día.
Córdoba,
lugar de nacimiento de Averroes, rinde tributo a uno de suss pensadores más
universales con un monumento que se levanta delante de la muralla
histórica de la ciudad, entre las puertas de Almodóvar y de la Luna, al final
de la calle Cairuán. Se trata de una escultura con pedestal, sobre el que se
erige una estatua que representa a Averroes sentado y sosteniendo un libro
sobre sus rodillas. El monumento, que fue realizado por Pablo Yusti Conejo en
1967 y, desde 1985, está catalogado como patrimonio histórico, sirve para
honrar la memoria de este erudito andalusí cuyas obras buscaron conciliar la
filosofía de Aristóteles (la razón) y la fe islámica (las creencias), dejando
un legado que perdura en el tiempo hasta nuestros días.
Novecientos años es, pues, excusa suficiente para conocer a un hombre visionario cuya sombra intelectual se proyecta aun en la actualidad, ya que su vida fue testimonio de su búsqueda incansable de la verdad basada en la razón. Y del que, gracias a sus traducciones al hebreo y al latín y sus comentarios del Estagirita (fue conocido como “El Comentador” de Aristóteles), la Europa Medieval pudo conocer o redescubrir el racionalismo helénico.
















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