Es lo que refleja Oporto al visitante: su historia medieval,
los signos de decadencia tras la pérdida de las colonias portuguesas y la negra
dictadura, y el entusiasmo con que encara un presente de modernidad y progreso.
De ahí que Oporto ofrezca mucho más que sus famosos vinos dulzones y las bellas
postales de sus puentes impresionantes. Ofrece el tesón por seguir siendo lo
que fue sin dejar de evolucionar hacia una ciudad más cómoda y mejor para sus
habitantes y, por qué no, para los foráneos que se ven atraídos por sus
indudables encantos y su barroca belleza.
Porque lo primero que sorprende a quien no la conoce son sus
muros, escondidos tras las edificaciones, que la protegieron en su enclave
elevado de los embates de la naturaleza, como el tsunami que arrasó Lisboa tras
el terremoto de 1755, donde las aguas y los derrumbes causaron entre 60.000 y
100.000 víctimas mortales. Gracias a esos muros y una falla submarina que frenó
la propagación de las ondas sísmicas hacia el norte, el terremoto apenas tuvo
impacto en Oporto, a pesar de que se sintió con intensidad. Solo se produjeron
superficiales daños materiales, que no llegaron a provocar colapsos en las
construcciones ni muertes entre la población. El estuario del río Duero
amortiguó la fuerza del mar, evitando que la gran ola alcanzara el centro de la
ciudad.
Esa situación elevada, con murallas para impedir las
invasiones de suevos y alanos, ya había sido prevista desde los antiguos
asentamientos de griegos y romanos, que denominaron Cale al lugar donde
un rey suevo de Galicia fortificó un castillo que albergaba viviendas en su
interior. En la base de esa colina se
situaba el Portus Cale (Puerto de Cale), origen del topónimo Portugal.
Con esos datos básicos, es fácil dejarse llevar por sus
callejuelas empedradas, plazas y miradores para admirar el legado cultural y
monumental de la ciudad. Y se comprende que la Unesco declarara, en 1996,
Patrimonio de la Humanidad a todo su centro histórico. Una ciudad que desde
antiguo mantuvo una cierta rivalidad con Lisboa, pues en ella se asentaron
comerciantes ingleses de vino que la dotaron, con sus bodegas e industrias
subsidiarias, de una indudable pujanza fabril. Un refrán dice que “Lisboa se
divierte, Coimbra estudia, Braga reza y Oporto trabaja”. Puede que no sea
exacto, pero algo de verdad encierra, cuando menos un sentimiento compartido.
Y esa historia se aprecia también en la Estación de Tren
de Säo Bento, en cuyo vestíbulo más de 20.000 azulejos bitonos, azules y
blancos, representan hazañas históricas, como la conquista de Ceuta. Hasta la
decoración del techo sirve para señalar los límites entre los ríos Miño y Duero
del antiguo Condado que dieron origen a Portugal.
Muy cerca de la Estación se halla otro de los edificios más
antiguos y señeros de Oporto; la Catedral, conocida como la Sé, ubicada en lo
alto de una colina. Su construcción se remonta al siglo XII y combina el
románico original con modificaciones en gótico y barroco. Es un buen enclave
para otear la ciudad y el cauce del río.
Tampoco hay que dejar de ver, en un recorrido por el centro
de la ciudad, la afilada Torre de los Clérigos, de 76 metros de altura, desde
donde pueden verse unas vistas panorámicas que abarcan toda la ciudad, el río
Duero y la vecina localidad de Vila Nova de Gaia, siempre y cuando se esté en disposición de subir los 240 escalones que dan acceso a la cúspide.
Y para despedirnos de la zona alta, merece la pena acercarse
a la parte moderna y de expansión de la ciudad para contemplar, en el extremo
superior de la Avenida de los Aliados, el Ayuntamiento de Oporto, un edificio
con fachada de granito y mármol, de estilo neoclásico e imagen impresionante.
Toda la avenida, cuyo bulevar conecta la Plaza de la Libertad con el
Ayuntamiento, representa el corazón neurálgico de Oporto, y el amplio paseo
peatonal central está diseñado con jardines y fuentes.
Y desde allí, al atardecer, puede uno completar la visita
extasiándose con la puesta del Sol sobre Oporto, una ciudad que es mucho más
que sus vinos y sus puentes.
.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Este blog admite y agradece los comentarios de los lectores, pero serán sometidos a moderación para evitar insultos, palabras soeces y falta de respeto. Gracias.