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miércoles, 15 de julio de 2026

¡Vacaciones!

Lo necesita el cuerpo y la mente, también la familia. Hay que parar y descansar, cambiar de aires y relajarse. Suspender temporalmente las obligaciones rutinarias del año para retomarlas después con ánimos renovados, con nuevo impulso. Incluso con ilusión. El autor de este blog y sus lectores merecen, como todos por estas fechas, un descanso, aunque sea por breve tiempo, con el que reponer fuerzas para continuar un nuevo ciclo de actividad. Durante quince días estará colgado el cartel de cerrado por vacaciones. Solo espero que las disfrutéis con las mismas ganas con que yo lo hago. ¡Hasta pronto!

martes, 30 de junio de 2026

Tiempo de lecturas

Nos adentramos en un tiempo resplandeciente por el fulgor del cuerpo, al que el sudor hace brillar con sabor a salitre en la orilla del mar, y del alma, que hace refulgir los ojos ante las deslumbrantes páginas del libro que nos acompaña a cualquier hora en estos meses del verano, tan propicios al exilio vacacional, lejos de ataduras y obligaciones regidas por el reloj.

Es un tiempo reblandecido por las luces y las sombras de las ensoñaciones en tardes soporíferas del estío que solo el hábito de la lectura, con su ensimismada soledad, consigue aliviar y refrescar.

Un tiempo que también a este blog amodorra con el pegajoso discurrir de un verano al que ni la actualidad de lo cotidiano, con esa polarización política que no cesa, ni la inútil brisa de la prosa más literaria, cargada de hueras intenciones, podrá sustraerlo de una atención embebida por el rumor de las olas, el frescor de unas cañas de cerveza y la belleza de unos cuerpos desparramados sobre la arena o exhibiéndose cual musas luminosas en el atardecer de las terrazas.

Porque es el tiempo de la placidez contemplativa, de la pasividad sensorial y de la desidia tan reconfortante para un cuerpo y una mente fatigados por las rutinas y los delirios del resto del año. Transitamos, por tanto, el tiempo de enfrascarse en lecturas y extraviarse en utopías ensoñadoras, en fantasías de nuevas expectativas y conocimientos que satisfagan una curiosidad que, al contrario del vigor físico, se mantiene intacta con los años, cuando más experiencia y vivencias se acumulan.

Por tal motivo, estas páginas virtuales de Mirada Crepuscular espaciarán la publicación de entradas, amoldándola a la parsimonia con la que el verano impregna toda actividad lúdica o sujeta a obligaciones. Más que estar atenta a lo que pasa ahí fuera, procurará centrarse en lo que nos pasa a nosotros mismos y cómo lo asumimos. Así, por ejemplo, durante estos meses sofocantes, no hará otra cosa que dejar constancia de los libros que han deslumbrado la mirada cansina y descreída de su autor, de quien suscribe estas líneas explicativas a los improbables lectores de la bitácora.

Y es que Mirada Crepuscular también se aleja del mundanal ruido de la cotidianeidad y de los agobios insoportables del presente para buscar reposo en la sombra de la tranquilidad y el silencio sin ecos mediáticos que proporciona la distancia más emocional que física, allá donde la actualidad no es sinónimo de estar al día de lo que tratan las tertulias y recoge la prensa ni la capacidad de aprender, expandiendo el espíritu, es exclusiva de la juventud y los trepas.

Se trata de una forma, como cualquier otra, de combatir el calor de estos meses de la manera más placentera: tumbados a la bartola con un libro entre las manos. ¡Que paséis buen verano!           

lunes, 11 de agosto de 2025

La excepción del verano

Para una inmensa mayoría de la gente, el verano representa una excepción en la regla rutinaria de sus vidas. Y es que el verano se destina para tomar un descanso y romper con la actividad, remunerada o no, que se desarrolla durante el resto del año. Porque en verano es cuando esa mayoría de gente disfruta de sus merecidas vacaciones. Es cuando se confirma la excepción de la regla. Por eso, regresar de las vacaciones es para muchos dar por finalizada la estación más calurosa, aunque los calores se extiendan mucho más allá del período vacacional: desde mucho antes y hasta mucho después.

La excepcionalidad del verano contiene también la excepción de las vacaciones. Y ambas excepcionalidades, la del verano y la de las vacaciones, terminan con el retorno a la rutina anual, con la vuelta a la normalidad de las obligaciones y los compromisos con los que programamos nuestras agendas vitales. Esa inmensa mayoría de gente recupera la normalidad de sus rutinas con la firme voluntad de volver a disfrutar de otra excepción que rompa la regla de sus vidas el próximo verano.

Son excepciones que nos permiten soportar los engranajes que nos inducen a comportarnos como autómatas en nuestros quehaceres profesionales y sociales, y que determinan nuestro horario desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Excepto durante el período vacacional del verano, en el que nos olvidamos de los relojes y las imposiciones. Tomar vacaciones es, pues, muy importante para la estabilidad física y psicológica con la que debemos afrontar cada año de nuestras vidas, a pesar de que algún cínico neoliberal exprese públicamente que están sobrevaloradas.

El verano es una excepción del año y las vacaciones, la excepción del verano. ¡Benditas excepcionalidades que dan sentido a nuestras rutinarias y mediocres existencias! Quizás por ello esté ahora lamentando el haber vuelto a la normalidad. A mi rutinaria y mediocre normalidad. Y deseando tener otra oportunidad de valorar la excepción del verano. Tal vez, el próximo año.  

martes, 15 de julio de 2025

Descanso

Es costumbre. Hay que descansar, no solo quien escribe sino también los que leen esta bitácora, sean cuantos sean. Porque es conveniente cambiar de aires para poder seguir haciendo lo de siempre, pero con renovado ímpetu. Se trata de cerrar un ciclo para iniciar otro, como hacemos cuando cumplimos años o emprendemos la vuelta al cole, aunque ya ni celebramos cumpleaños ni nos esperan en ningún colegio. Pero así es la vida: una sucesión de ciclos con los que regulamos nuestras rutinas en espacios temporales, imprimiéndoles un sentido progresivo hacia el futuro, la única dirección posible en toda existencia.

Descansar es, pues, coger impulso para seguir adelante. Por esa razón nos tomamos unos días de vacaciones, para que todos –ustedes y yo- descansemos donde podamos o queramos y nos olvidemos momentáneamente de las tribulaciones que nos impone nuestro actual estilo de vida, que consiste en vivir para trabajar. Descansar es, de alguna manera, transformar momentáneamente ese modo de vida por el de vivir –relajado- para disfrutar sin trabajar y en compañía de los seres queridos.

No serán muchos días, solo los suficientes para desconectar y soñar con utopías de mundos felices y pacíficos. Porque de ilusión también se vive, aunque sea fugazmente. Como las vacaciones.  ¡Que tengáis buen descanso!



sábado, 3 de agosto de 2024

Vacaciones para esto

Tras varias semanas alejado del ruido mediático, regreso a casa aturdido por el vocerío escandaloso con el que se manifiesta la lid política. Y no solo aquí, también fuera. Me fui creyendo que la agitación con la que se desenvuelven nuestros representantes se calmaría con la canícula. Pero constato que ni siquiera en vísperas de agosto, cuando todos abandonan sus despachos y aparcan la confrontación para tomarse un terapéutico descanso (la lengua, como músculo al fin y al cabo, también necesita aliviar contracturas por exceso de uso), ninguno de ellos ha sido capaz de rebajar la tensión. Tal parece que la viven como si fuera una adicción de la que no pueden librarse, so pena de sufrir el mono de la abstinencia.

El caso es que nuestros líderes patrios continúan erre que erre con que si España se rompe, aunque no acabe de hacerlo; que si el presidente es un felón que se aferra al poder; que el golpe de estado fiscal destrozará la caja de la financiación autonómica; que esta vez Puigdemont regresará de su autoexilio para quedar como víctima de la opresión del Estado español; que si Begoña Gómez (de tanto repetirlo hemos memorizado el nombre de esta particular) es corrupta hasta las bragas, primero por una cosa y después, por lo que un juez encuentre tras escarbar –lo acusan de instruir prospectivamente- por todas partes; que si dicho juez que la investiga prevarica por empeñarse en  ir en coche azul (¿qué otro color representaría mejor sus intenciones?) a la Moncloa para tomar declaración como testigo al Presidente, o si sufre persecución, ¡pobre magistrado!, por aquellos a los que investiga en los aledaños del Gobierno (en realidad, la imputada es, casualmente, la mujer del presidente del Gobierno); que si los barones díscolos del PSOE airean en público su disconformidad, como suelen, con lo que haga su Secretario General (también, casualmente, presidente del Gobierno), etc. Y así, día sí y el otro también.

Lo malo es que afuera también hay un ruido insoportable, una escandalera que enloquece al más pintado. Cuando no es Biden, el abuelito que se sienta en la Casa Blanca, que renuncia al fin a su reelección, es otro abuelo de mejor pelambre y peor leche, tan bocazas como mentiroso, que compite por arrebatarle el sillón de Washington al primero y recibe un balazo en una oreja, cosa que no extraña a nadie en un país con más armas de fuego que habitantes.

O si París bien vale el tedio soporífero de los Juegos Olímpicos a través de las dos cadenas de TVE -dos tazas por si no  querías una- por ver cuántas medallas nos colgamos; que Maduro vuelve a hacer una fantochada de las suyas, ganando sí o sí las elecciones presidenciales, pero no como Franco, que vencía referendos con el ciento y pico por ciento de votos favorables (y obligatorios, por supuesto); que si Israel no se harta de matar (el saldo sale a un miliciano de Hamás o Hezbolá por cada dos mil palestinos inocentes) y que sigue dispuesto a ampliar el genocidio por todo Oriente Próximo (Líbano e Irán parecen próximos objetivos) hasta eliminar a todo aquel que considere enemigo antisemita; que si Putin también continúa con su guerra contra Ucrania, bombardeando hospitales, edificios civiles o mercados, entre otros objetivos “militarmente” estratégicos, en su campaña por seguir desgajando y anexionándose trozos del país invadido, etc.

En fin, un interminable bla, bla, bla de acaloramiento político que ríase usted de las recurrentes olas de calor con las que los informativos rellenan sus espacios estos días veraniegos. Excepto TVE, nuestra televisión de servicio público, que ni hueco halla para ofrecer el pronóstico del tiempo a causa de esas retransmisiones deportivas mañana, tarde y…, si los hubiera, también de noche, hora, en cualquier caso, de los resúmenes medalleros de la jornada. Una saturación de molestos ruidos que, nada más regresar, ya me hacían sentir como si no hubiera descansado nada durante las vacaciones. Las percibía como si hiciera mucho tiempo de ello y no fuera ayer, sino hace meses que estuve con los pies hundidos en la arena mojada de la playa, sentado en una silla bajo la sombra de una sombrilla y con un libro sobre las rodillas, dejándome acariciar por la brisa marina, extasiado con la inmensidad del horizonte y el murmullo de las olas. Aquello era paz y tranquilidad, lo más cercano a la felicidad.

Sin embargo, lo más curioso era que, aparte de los catastrofismos apocalípticos que generaban tanto ruido, también existían sonidos agradables que, solapados por aquellos, apenas eran audibles, cual susurros en medio del griterío. Como si fueran preferibles los primeros, por resultar más rentables mediática y políticamente, que los segundos, o se vendiera mejor y más caro el odio y la bronca que las cosas del comer. Y es curioso porque, a la par de lo ruidoso, también había voces que anunciaban que el Producto Interior Bruto (PIB) había crecido, lo que significa que la economía crece y se muestra más activa que la media europea; y que el Índice de Precios al Consumo (IPC) había sido del 2,8 %, seis décimas inferior al del mes anterior, dejando  la inflación acumulada de 2024 en el 2,2 por ciento. Es decir, que bajan los precios, aunque poco se note en la cesta del supermercado.

También desciende el paro, situando en poco más de dos millones y medio el número de personas sin empleo, la cifra más baja desde hace dieciséis años. No parece que sea interesante anunciar que hay más empleo y más oportunidades de trabajo. De hecho, este verano está siendo de récord en cuanto al número de turistas que vienen aquí a gastarse los cuartos, disfrutando de nuestro sol y nuestras paellas. Hay tantos turistas que algunas ciudades empiezan a estar hartas de soportar guiris por doquier. Porque también hacen ruido y ocasionan el encarecimiento de recursos y servicios, como la vivienda o la hostelería, haciendo que una cerveza, por ejemplo, cueste más de cinco euros en cualquier tasca de barrio… turístico.

En definitiva, que regreso de la playa para introducirme en una olla de grillos, todos chillando de manera estridente e imparable. Un ruido ensordecedor que brota nada más abrir el periódico, encender la televisión o escuchar la radio. Y no te digo nada si navegas por las redes sociales e internet. Con lo bien que estaba yo en la playa, no solo por la belleza paisajística y la placidez emocional, sino además porque estaba aislado de tanto ruido ambiental, como el que genera la política y transmiten, amplificándolo, los medios de comunicación de masas. No sé si se habrán dado cuenta: lo que me pasa es que me está costando retomar la rutina. Y que, lo peor, es que me queda todo un año para volver a interrumpirla. ¡Que lo paséis bien!  

viernes, 30 de junio de 2023

Parón vacacional

En estos tiempos tan difíciles, en los que nada es seguro ni es para siempre porque la mercantilización de la vida controla hasta el derecho a descansar, anunciar que tomamos vacaciones durante el mes de julio puede parecer una provocadora excentricidad. No es la intención. Simplemente, deseamos avisar al lector ocasional -la mayoría- y al habitual -la minoría- que este blog permanecerá mudo durante ese mes. No registrará entradas a lo largo de tan caluroso y sofocante período de tiempo.

Se trata de un silencio obligado por las vacaciones veraniegas, una costumbre que el cuerpo y la mente agradecen, pero que cada vez es más difícil y problemático mantener por imperativos de la sacrosanta economía de mercado, que hasta del ocio hace una fuente de suculentos "rendimientos" lucrativos. Y no sólo como industria -la más importante del país- que explota las vacaciones como turismo estacional, generando riqueza y puestos de trabajo. Sino porque el tiempo dedicado al descanso es considerado por muchas empresas como un "gasto" insoportable que no contribuye a la "productividad" que tantos patronos persiguen en sus negocios, reacios como son a conservar o respetar derechos laborales por muy consagrados que estén.

De ahí que anunciar este parón vacacional, por corto que sea, parezca casi como alardear de un privilegio. Repito. no es la intención. Aunque es cierto que tomamos un par de semanas de asueto, el silencio del blog obedece a mi impericia patológica con las nuevas tecnologías, que me impide acceder desde la distancia a la página de esta bitácora, como hago desde el ordenador doméstico. Por ello el silencio del blog, que alargo unos días hasta que elaboro nuevas entradas. Permitidme, pues, este parón vacacional, fruto antes de mi obsolescencia informática que del relax veraniego. Soy así de torpe, no se rían. Con un poco de paciencia, en agosto retomaremos la rutina. Gracias por su comprensión. Y los que puedan, disfruten también del merecido descanso veraniego. Hasta pronto.