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viernes, 1 de septiembre de 2023

Septiembre


Es pronto, pero es septiembre,

cuando la luz declina en los ojos

y los humedece con la esperanza

de aquellos frescos días cautelosos.

 

Es pronto, pero es septiembre

que ya anuncia amaneceres breves,

con nubes encapotando los cielos

que emborronan la monotonía de los celestes.

 

Es pronto, pero es septiembre

el que emerge del calendario,

como adelanto de que el ciclo continúa,

para que el otoño escriba en mi diario.

 

Es pronto, pero hoy es ya septiembre.





jueves, 9 de febrero de 2023

Vida de Hierro

José Hierro fue un poeta a contracorriente: no seguía la moda. Hacía poesía social cuando pocos se atrevían y no siguió las tendencias dominantes para embarcarse en un experimentalismo lingüístico en el que siempre revoloteaba el mar del Santander de su infancia. Hay pocas biografías de José Hierro, pero muchos libros de su obra poética. El último aparecido es un tomo que agrupa aspectos decisivos de su vida y una selección extensa de sus poemas. Se titula Vida,(Nordicalibros, 2022) escrito por Jesús Marchamalo, autor del texto biográfico, y Lorenzo Oliván, encargado de la antología poética. Salió a la luz el año pasado para conmemorar el centenario del nacimiento del poeta, un oportuno homenaje a uno de los más importantes poetas de postguerra de España. Tantas fueron las vicisitudes de su vida, que no extraña que ésta, al final, fuera sentida como humo que se desvanece.

Vida

Después de todo, todo ha sido nada,

a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo,

supe que todo no era más que nada.

 

Grito “¡Todo!”, y el eco dice “¡Nada!”.

Grito “`¡Nada!”, y el eco dice “¡Todo!”.

Ahora sé que la nada lo era todo,

y todo era ceniza de la nada.

 

No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo

y que, en definitiva, era la nada).

 

Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

jueves, 3 de marzo de 2022

Un poema molinero

 Hace un mes dije adiós, y hoy traigo un vídeo-poema sobre esta tierra bendita y su gente, con la que me identifico absolutamente. Gracias España, gracias Andalucía, gracias Sevilla.


viernes, 21 de mayo de 2021

El silencio eterno de Francisco Brines

Ha enmudecido para siempre, ha pasado a ser parte de esa nada que todos seremos, un poeta que me ha acompañado toda la vida susurrándome a los oídos del alma la belleza descrita en palabras y presentada en versos, para que la lírica se aprehenda con los sentimientos. En silencio, con la discreción que le caracterizaba, ha muerto a los 89 años Francisco Brines, quien me cautivara con “El otoño de las rosas”, el poemario que a finales de los ochenta del siglo pasado inoculó su veneno de sensibilidad en el joven desorientado por la existencia que yo era entonces, sin dejar de serlo. Desde aquel aguijonazo, no pude dejar de conmoverme con sus cantos a la vida, al amor, a la amistad, a la tierra, a la vejez, a la muerte, de una obra sincera e impregnada de soledad. Nos ha dejado un poeta enorme, el último de los grandes poetas españoles, recién galardonado con el Premio Cervantes, pero nos deja un gran legado, su poesía, con la que seguiremos buscando, como él, esa nada que nos resume y aturde:

“Como si nada hubiera sucedido. / Es ese mi resumen / y está en él mi epitafio”.

Descanse en paz, maestro.

jueves, 22 de abril de 2021

Varias Españas

Aute. Autorretrato, 1988.

Cuando ni para luchar contra una pandemia que a todos afecta nos ponemos de acuerdo, es que no hay dos Españas, como advirtiera Machado, sino varias y diversas. Un problema que resolvió Luis Eduardo Aute, por las siglas de los siglos, en un poema que sustituye la “Ñ” por la NH portuguesa (de igual pronunciación), para incorporar Portugal en esta Iberia individualista y cainita:

El problema de España resuelto por las siglas de los siglos Amén Jesús

Estado

Surreal

de

Pueblos

Apátridas

y

Naciones

Histéricas

Asimétricas

Igual a: I.D.E.M.*

*IDEM: Iberia Deconstruida de Estados Mixtos (o Mestizos).

Extraído del libro Auténtico. Antología poética, retrospectiva gráfica, editorial Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid, 2020.

miércoles, 17 de febrero de 2021

El peso de las palabras, entre Hasél y Margarit.

La libertad de expresión permite hacer uso de las palabras para reflexionar con lírica elegancia acerca del misterio de la existencia o para propalar el enfrentamiento, el insulto y hasta el odio entre los destinatarios de las mismas. Según el significado con que se emplean, no todas las expresiones tienen el mismo valor ni tampoco idéntica justificación legal, al provocar imágenes o pensamientos de altura poética o filosófica o incitar, más que pasiones, pulsiones agresivas o actitudes que no reniegan lo delictivo. Ese distinto peso de las palabras con que nos valemos para expresar libremente nuestro parecer es lo que diferencia a Joan Margarit, el poeta catalán recién fallecido, de Pablo Hasél, el rapero que acaba de ser encarcelado.

A pesar de que no hay comparación posible entre ellos, pueden tomarse de ejemplo de los modos de ejercitar la libertad de expresión desde distintos grados de responsabilidad y respeto a la hora de elaborar aquellos mensajes que pretendemos transmitir, mensajes que, como toda comunicación, se basan en el lenguaje, tanto oral, escrito o cantado, articulado por palabras. Y tal diferencia radica en el peso -ninguna palabra es inocua- que confieren estos autores a las palabras que utilizan. Partiendo de la legitimidad de uso, puesto que las palabras no delinquen, la intención significativa con que las emplean puede suponer una colisión de derechos que habrán de ser ponderados para no causar menoscabo o afrentas a libertades de mayor relevancia individual o social, igualmente reconocidas y protegidas por la Constitución de nuestro país. De lo contrario, tipificaciones penales como las injurias o las calumnias, por ejemplo, carecerían de sentido frente al derecho a una libre expresión sin límites.

Sin embargo, también ha de ser valorado la intención provocativa, más allá de la literalidad, que se persigue con determinadas palabras al objeto de mover a la reacción o la reflexión de unos interlocutores que se ven enfrentados a expresiones que zarandean prejuicios, conformismos y valores dominantes controvertidos o manifiestamente injustos. El mal gusto y la zafiedad no son, por sí mismos, delictivos mientras queden circunscritos a un ámbito cultural y artístico que los utiliza como llamadas de atención con fines cognitivos más ambiciosos que el mero insulto o la insustancialidad.

Bastaría con comparar estos distintos grados de responsabilidad en el uso de la libertad de expresión, sin entrar en otras valoraciones, para discernir el peso de las palabras de las que se valen los autores que nos sirven de ejemplo. Más que el Código Penal es la sensibilidad que exhiben lo que los diferencia, al recurrir uno a eufemismos y apologías de la violencia, y otro a palabras que pesan tanto como el dolor y la memoria que llevamos encima.       

Textos de canciones y tuits de Pablo Hasél:

“Merece que explote el coche de Patxi López!". "¡Que alguien clave un piolet en la cabeza a José Bono!". "No me da pena tu tiro en la nuca, 'pepero'. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, 'socialisto'. Me da pena el que muere en un andamio". "Siempre hay algún indigente despierto con quien comentar que se debe matar a Aznar”.

Poema inédito de Joan Margarit:

“Pensé que me quedaba todavía / tiempo para entender la honda razón / de dejar de existir. Lo comparaba / con el desinterés, con el olvido / con las horas del sueño más profundo, / pensando en esas casas donde un día vivimos / y a las que no hemos vuelto nunca. / Pensaba que lo iba comprendiendo / que me iba liberando del enigma. / Pero estaba muy lejos de saber / que yo no me libero. Me libera la muerte, /permite, indiferente, / que me vaya acercando hasta alguna verdad. / Inexplicablemente, esto me ha emocionado.”

"Conmovedora indiferencia", incluido en Animal de bosque, de próxima aparición en Visor libros.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Premio al poeta de las desgarraduras

Francisco Brines, poeta modesto, nada pretencioso, perteneciente a la generación de los cincuenta del siglo pasado, acaba de ser galardonado con el premio Miguel de Cervantes, el más importante de la literatura castellana, en su 46º edición. Se trata de un premio merecido para un poeta que no busca el reconocimiento de los demás, sino descubrir la pasión de la vida, desde la propia biografía, con su fugacidad y degradación, que incluye la inutilidad última de la pasión, pero también la belleza, el amor y los aspectos sensuales y eróticos en que la pasión se expresa en plenitud. El rememorar elegíaco de Brines se transforma en un “amor profundo a la vida”.

Comencé a leer la poesía de Francisco Brines a finales de los ochenta, cuando adquirí su poemario El otoño de las rosas, aquel que lo convirtió, como dijo Carlos Barral, en “un clásico vivo”.  Quedé subyugado, me conmovió profundamente. Acudí a una presentación que hizo en Sevilla en el salón de actos de una caja de ahorros en la calle Martín Villa. Me impactó escucharlo en persona no sólo por la hondura de los versos que escuchamos de sus propios labios, sino por la timidez, sencillez y honestidad que irradiaba, que denotaban a un ser nada pretencioso ni fatuo.

Brines canta a la pasión desde la desolación, desde las desgarraduras de un sentimiento de frustración que huye del idealismo trascendente para aferrarse a la experiencia sensible, como describe Juan Carlos Abril en su edición del Jardín nublado briniano. Entre esa experiencia vital y la reflexión ética, con la que formula una construcción pagana, alejada de todo contagio religioso, discurre la poesía del flamante premio Cervantes, en la que el amor, el fracaso, las heridas, la soledad, la condición inesquivable del tiempo que acota esa quimera hecha de plenitud y vacío que llamamos ser humano, forman parte de sus motivos más recurrentes.

Este premio, uno más, concedido cuando Brines, delicado de salud pero mentalmente lúcido, alcanza los 88 años de edad, le fue otorgado por ser el poeta que “más ha ahondado en la experiencia del ser humano individual frente a la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital”. De hecho, sigue trabajando en un nuevo libro titulado “Donde muere la muerte”, en el que posiblemente volverá a exponer su artesanía poética sobre la aventura efímera de la vida que es el hombre. Pero su epitafio ya nos lo dejó escrito en “Mi resumen”*:

“Como si nada hubiera sucedido”

.Ese es el resumen

y está en él mi epitafio.

 Habla mi nada al vivo

y él se asoma a un espejo

que no refleja a nadie.       

 

*: Último poema de Jardín nublado, de Francisco Brines, edición de Juan Carlos Abril. Colección La cruz del sur, antologías, de la editorial Pre-Textos. Valencia, 2016.