miércoles, 8 de julio de 2026

Una Andalucía irrespirable

Nos encaminamos hacia el verano más irrespirable que se recuerda en Andalucía, comunidad que se aprestan a gobernar la derecha “moderada” del PP de Juan Manuel Moreno Bonilla -Juanma para los “amigos”- y la extrema derecha de Vox, representada por su delegado regional Manuel Gavira, mediante un acuerdo de coalición que hará posible aquel “gobierno imposible” al que temía en campaña electoral el candidato y reelegido presidente que desea ser identificado por su apelativo coloquial, como si eso “moderara” su imagen y objetivos políticos.

Se trata del `Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía´, el segundo que suscribe el PP de Andalucía con Vox desde que en 2019 Moreno Bonilla se convirtiera en el primer presidente andaluz de derechas, pacto que confirma, como ha sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León, la voluntad de las derechas de gobernar juntas cada vez que los votos lo permitan, obviando preventivos “cordones sanitarios” contra los ultras. Antes, al contrario, se les facilita el acceso al poder en tanto en cuando el pacto conlleva la entrada al Gobierno andaluz del candidato de Vox como vicepresidente de la Junta de Andalucía y titular de la macrocartera de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración local. 

Todo hace presagiar, pues, un verano irrespirable, que se extenderá a lo largo de toda la legislatura que ahora se inicia, no solo por la temperatura que marquen los termómetros a causa de un cambio climático que el propio acuerdo califica de mero “fanatismo climático”, sino también por el retroceso que supondrán las 150 medidas recogidas en el citado acuerdo de gobierno, de 60 páginas, algunas de las cuales inculcan leyes en vigor o son fraudulentas por tratar materias, como la inmigración, que son competencia exclusiva del Estado.

Entre ellas, el desarrollo de la llamada “prioridad nacional” que la extrema derecha consigue imponer allí donde sus votos son imprescindibles. Una iniciativa segregacionista que excluye el acceso a prestaciones y servicios sociales a quienes no demuestren “arraigo” en Andalucía -discriminación por origen-, y que plantea, además, la supresión de ayudas, subvenciones, convenios y conciertos a ONG u otras entidades que, según el texto, contribuyan al denominado “efecto llamada” por trabajar sobre el problema de la inmigración ilegal. Prevé, incluso, “revisar” las funciones y la composición del Foro Andaluz para la Integración de las Personas de Origen Inmigrante.

Es, sin duda, la principal palanca legal contra la inmigración que obsesiona a la ultraderecha, y que se acompaña, como recoge el pacto andaluz, de acuerdos para rechazar y confrontar la política inmigratoria del Gobierno e impedir que Andalucía participe en la acogida de “menas” (menores extranjeros no acompañados) como solución a la saturación que soportan las Islas Canarias con la llegada ilegal de inmigrantes. Al mismo tiempo, se prohíbe el uso del burka y nicab en espacios públicos autonómicos (al parecer, un peligro de seguridad mayúsculo), así como dejar de impartir la lengua árabe y la cultura marroquí en los centros educativos de Andalucía.

El “moderado” Moreno Bonilla ha asumido sin rechistar, porque, según dice, lo mismo se ha firmado en “otros sitios”, tal planteamiento xenófobo que responde a prejuicios ideológicos que criminalizan la inmigración. Es su forma de “normalizar” políticas racistas a pesar de estar demostrado que la diversidad cultural no diluye ninguna identidad, sino que la enriquece, ni tampoco perjudica la convivencia, puesto que favorece la tolerancia pacífica en cualquier sociedad plural y democrática.

Otras medidas ponen en la diana los avances en la igualdad y protección de la mujer. En ese sentido, el pacto recoge que se derogará toda norma basada “en el criterio de ideología de género”, como la Ley Trans, la Ley de Lucha contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad entre Hombres y Mujeres y, en definitiva, todo lo que la ultraderecha califica de “ideología” feminista.

Y es que los rancios “ultras” posfascistas están convencidos de que cualquier iniciativa por equiparar en derechos a la mujer con el hombre y aquellas otras tendentes a luchar por protegerlas contra la violencia machista, no son más que rémoras de una peligrosa ideología feminista que socava la sociedad y la relación entre hombres y mujeres, tal y como ellos la entienden.

Tanto es así que hasta la existencia del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), cuyas iniciativas sociales persiguen la defensa de esos avances en derechos de la mujer, será objeto de revisión y nueva definición, sea lo que sea lo que eso signifique, seguramente a peor, para ellas.

Quiere decirse, por tanto, que se espera a partir de verano en Andalucía un mazazo contra las políticas de solidaridad y respeto a la dignidad de hombres (inmigrantes) y mujeres (víctimas del machismo) hasta ahora vigentes. Para combatirlas, la obsesión racista y antifeminista de la extrema derecha busca insistentemente limitarlas o derogarlas, como propugna su reaccionario ideario, mediante compromisos que pacta en los gobiernos a los que accede. Y lo grave es que, cada vez que resulta necesario, la derecha “convencional” asume sin pudor tal ideario para conservar o acceder al poder, incluso compartiéndolo con Vox, como se ha evidenciado allí donde gobierna gracias al apoyo de los ultras.

Es previsible que este ambiente asfixiante se agudice todavía más conforme se vaya aplicando el resto de las medidas que recoge el citado acuerdo. Porque, aparte de las comentadas, se contempla la derogación de la Ley andaluza de Memoria Histórica, lo que obstaculizará, más si cabe, la exhumación de restos óseos de las personas asesinadas y enterradas sin identificar en fosas comunes durante la Guerra Civil, así como  el estudio y conocimiento -para evitar repetir los mismos errores- de ese pasado ignominioso que continúa influyendo en el presente, junto a la valoración crítica y rigurosa de lo que supone la restauración de la democracia en nuestro país tras las secuelas de una sangrienta dictadura de cuatro décadas. Se nos niega, así, que tengamos memoria de las páginas más negra de nuestra historia.

Asimismo, el pacto de PP y Vox cuestiona la Política Agraria Común (PAC), rechaza el acuerdo UE-Mercosur, discrepa de la condicionalidad climática, del Pacto Verde y la Agenda 2030 sobre sostenibilidad medioambiental que, en opinión de los ultras, perjudica al sector primario. Sin embargo, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Andalucía (UPA) muestra sus reservas a esas medidas pactadas porque, a su entender, no afrontan los principales retos del campo andaluz y contienen planteamientos que contradicen la realidad del sector, que sufre las consecuencias del cambio climático que en ellas se cuestiona y que afectan de forma directa a las cosechas andaluzas.

Incluso, para colmo, se reducen las ayudas a la cooperación internacional y las subvenciones a las organizaciones sindicales y la patronal, imprescindibles en cualquier política de concertación social.   

En cambio, como no podía ser menos, el Acuerdo de Gobierno para Andalucía señala la promoción de nuestras más acrisoladas tradiciones, como son la tauromaquia, la caza y la pesca, tan denostadas por esos conservacionistas que se abochornan de sus raíces culturales más hondas y viriles, prometiendo la reducción de todas las tasas autonómicas relacionadas con estas actividades. Coherentemente, se eliminarán tributos ligados a cuestiones medioambientales, como los impuestos a las bolsas de plástico, las emisiones de gases contaminantes y los vertidos a aguas litorales. Todo un ataque a las políticas de sostenibilidad del Medio Ambiente y del aprovechamiento racional de los recursos naturales.

En fin, lo que este resumen pronostica es que el verano en Andalucía será cualquier cosa menos agradable y tranquilo. Muchos, los más desafortunados y débiles, sudarán la gota gorda por ese sol implacable de la falta de derechos y ayudas que genera insolación por la discriminación racial y cultural, por la desigualdad y las injusticias que privilegian a una parte -dominante, eso sí- de la población y por el rechazo, la falta de solidaridad y de empatía con que se abordan los problemas sociales que a todos nos afectan.

Si todo eso no hará de Andalucía un lugar insoportablemente irrespirable, que venga dios y lo vea