Ingenuity, que así se llama el dron, es una especie
de caja con patas, de cerca de dos kilos de peso, dotada de dos pares de aspas
contrarrotatorias, a modo de helicóptero, en su parte superior, que giran a más
de 2500 revoluciones por minuto para conseguir volar en la débil atmósfera de
Marte, un 99% menos densa que la de la Tierra. Lograr que cumpliera su función
con éxito es un alarde histórico de la tecnología astronáutica. Ese pequeño
vuelo de prueba supone un salto cualitativo en la exploración espacial, pues
permite investigar un planeta que disponga de atmósfera, además desde satélites
en órbita y vehículos sobre la superficie, con naves voladoras que amplían el
horizonte de observación.
martes, 20 de abril de 2021
Un dron en Marte
miércoles, 10 de marzo de 2021
“Atasco” en Marte
Marte, por tanto, está de moda para la curiosidad científica,
puesto que, en la actualidad, ya son múltiples las misiones que focalizan en el
planeta rojo su actividad exploratoria, a cual más espectacular: desde
satélites en órbita, naves que “amartizan”, robots que recorren el terreno y
hasta por la recogida de muestras que se prevén traer, más adelante, a la
Tierra. Todo un alarde de investigación astronáutica concentrada en nuestro rojizo
vecino del Sistema Solar. Y los miembros de tan selectivo club con posibilidades
de emprender estas hazañas son, por orden de llegada, EE UU (NASA), Unión
Soviética, Europa (ESA, Agencia Espacial Europea), China, India y Emiratos
Árabes Unidos, a los que se sumará, en un futuro cercano, Japón. No es extraño,
pues, que la circulación sideral en torno a Marte nunca haya sido tan intensa
y variopinta como hasta ahora.
Pero es que, pocos días antes, otra sonda, esta vez china,
la Tianwen 1, había llegado al planeta y estaba efectuando maniobras para
alcanzar una órbita apropiada y más próxima desde la que emprender las
investigaciones y las mediciones atmosféricas que tiene programadas acerca de tan
codiciado planeta. Por si fuera poco, esta nave china había llegado sólo un día
después de la lanzada por Emiratos Árabes Unidos, la primera sonda árabe, denominada
Al Amal, construida y enviada en colaboración con universidades de EE
UU., con finalidad también exploratoria.
Esta saturación de artefactos espaciales no tripulados sobre
un mismo destino no tiene más explicación que la capacidad técnica para desarrollarlos
y enviarlos, la oportunidad que brinda la “ventana” astronómica que pone a
Marte a sólo 58 millones de kilómetros, cosa que se produce cada dos años y
cincuenta días, y el deseo de acopiar conocimientos y datos que permitan una
probable y futura misión tripulada al planeta más parecido al nuestro del
Sistema Solar. En fin, un empeño de la inteligencia que está causando un “atasco”
en Marte.




