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martes, 30 de junio de 2026

Tiempo de lecturas

Nos adentramos en un tiempo resplandeciente por el fulgor del cuerpo, al que el sudor hace brillar con sabor a salitre en la orilla del mar, y del alma, que hace refulgir los ojos ante las deslumbrantes páginas del libro que nos acompaña a cualquier hora en estos meses del verano, tan propicios al exilio vacacional, lejos de ataduras y obligaciones regidas por el reloj.

Es un tiempo reblandecido por las luces y las sombras de las ensoñaciones en tardes soporíferas del estío que solo el hábito de la lectura, con su ensimismada soledad, consigue aliviar y refrescar.

Un tiempo que también a este blog amodorra con el pegajoso discurrir de un verano al que ni la actualidad de lo cotidiano, con esa polarización política que no cesa, ni la inútil brisa de la prosa más literaria, cargada de hueras intenciones, podrá sustraerlo de una atención embebida por el rumor de las olas, el frescor de unas cañas de cerveza y la belleza de unos cuerpos desparramados sobre la arena o exhibiéndose cual musas luminosas en el atardecer de las terrazas.

Porque es el tiempo de la placidez contemplativa, de la pasividad sensorial y de la desidia tan reconfortante para un cuerpo y una mente fatigados por las rutinas y los delirios del resto del año. Transitamos, por tanto, el tiempo de enfrascarse en lecturas y extraviarse en utopías ensoñadoras, en fantasías de nuevas expectativas y conocimientos que satisfagan una curiosidad que, al contrario del vigor físico, se mantiene intacta con los años, cuando más experiencia y vivencias se acumulan.

Por tal motivo, estas páginas virtuales de Mirada Crepuscular espaciarán la publicación de entradas, amoldándola a la parsimonia con la que el verano impregna toda actividad lúdica o sujeta a obligaciones. Más que estar atenta a lo que pasa ahí fuera, procurará centrarse en lo que nos pasa a nosotros mismos y cómo lo asumimos. Así, por ejemplo, durante estos meses sofocantes, no hará otra cosa que dejar constancia de los libros que han deslumbrado la mirada cansina y descreída de su autor, de quien suscribe estas líneas explicativas a los improbables lectores de la bitácora.

Y es que Mirada Crepuscular también se aleja del mundanal ruido de la cotidianeidad y de los agobios insoportables del presente para buscar reposo en la sombra de la tranquilidad y el silencio sin ecos mediáticos que proporciona la distancia más emocional que física, allá donde la actualidad no es sinónimo de estar al día de lo que tratan las tertulias y recoge la prensa ni la capacidad de aprender, expandiendo el espíritu, es exclusiva de la juventud y los trepas.

Se trata de una forma, como cualquier otra, de combatir el calor de estos meses de la manera más placentera: tumbados a la bartola con un libro entre las manos. ¡Que paséis buen verano!           

martes, 15 de julio de 2025

Descanso

Es costumbre. Hay que descansar, no solo quien escribe sino también los que leen esta bitácora, sean cuantos sean. Porque es conveniente cambiar de aires para poder seguir haciendo lo de siempre, pero con renovado ímpetu. Se trata de cerrar un ciclo para iniciar otro, como hacemos cuando cumplimos años o emprendemos la vuelta al cole, aunque ya ni celebramos cumpleaños ni nos esperan en ningún colegio. Pero así es la vida: una sucesión de ciclos con los que regulamos nuestras rutinas en espacios temporales, imprimiéndoles un sentido progresivo hacia el futuro, la única dirección posible en toda existencia.

Descansar es, pues, coger impulso para seguir adelante. Por esa razón nos tomamos unos días de vacaciones, para que todos –ustedes y yo- descansemos donde podamos o queramos y nos olvidemos momentáneamente de las tribulaciones que nos impone nuestro actual estilo de vida, que consiste en vivir para trabajar. Descansar es, de alguna manera, transformar momentáneamente ese modo de vida por el de vivir –relajado- para disfrutar sin trabajar y en compañía de los seres queridos.

No serán muchos días, solo los suficientes para desconectar y soñar con utopías de mundos felices y pacíficos. Porque de ilusión también se vive, aunque sea fugazmente. Como las vacaciones.  ¡Que tengáis buen descanso!



viernes, 30 de junio de 2023

Parón vacacional

En estos tiempos tan difíciles, en los que nada es seguro ni es para siempre porque la mercantilización de la vida controla hasta el derecho a descansar, anunciar que tomamos vacaciones durante el mes de julio puede parecer una provocadora excentricidad. No es la intención. Simplemente, deseamos avisar al lector ocasional -la mayoría- y al habitual -la minoría- que este blog permanecerá mudo durante ese mes. No registrará entradas a lo largo de tan caluroso y sofocante período de tiempo.

Se trata de un silencio obligado por las vacaciones veraniegas, una costumbre que el cuerpo y la mente agradecen, pero que cada vez es más difícil y problemático mantener por imperativos de la sacrosanta economía de mercado, que hasta del ocio hace una fuente de suculentos "rendimientos" lucrativos. Y no sólo como industria -la más importante del país- que explota las vacaciones como turismo estacional, generando riqueza y puestos de trabajo. Sino porque el tiempo dedicado al descanso es considerado por muchas empresas como un "gasto" insoportable que no contribuye a la "productividad" que tantos patronos persiguen en sus negocios, reacios como son a conservar o respetar derechos laborales por muy consagrados que estén.

De ahí que anunciar este parón vacacional, por corto que sea, parezca casi como alardear de un privilegio. Repito. no es la intención. Aunque es cierto que tomamos un par de semanas de asueto, el silencio del blog obedece a mi impericia patológica con las nuevas tecnologías, que me impide acceder desde la distancia a la página de esta bitácora, como hago desde el ordenador doméstico. Por ello el silencio del blog, que alargo unos días hasta que elaboro nuevas entradas. Permitidme, pues, este parón vacacional, fruto antes de mi obsolescencia informática que del relax veraniego. Soy así de torpe, no se rían. Con un poco de paciencia, en agosto retomaremos la rutina. Gracias por su comprensión. Y los que puedan, disfruten también del merecido descanso veraniego. Hasta pronto.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Inauguro y reanudo

He de reconocer una evidencia. Prometí hace meses que dejaba de escribir mis opiniones de manera periódica por sentir que ya lo había dicho todo acerca de todo, puesto que lo que ocurre es vulgar repetición de lo sucedido en otras ocasiones. Y parecía que me repetía cuando hablaba de los que sufren, de las injusticias, del machismo, del capitalismo salvaje, de los estereotipos sociales, de las imposiciones de las élites clasistas, de los abusos empresariales, de los múltiples adoctrinamientos que se ejercen sobre los ciudadanos, de las libertades y los derechos cercenados, de los destrozos al planeta, de las tutelas religiosas, de la mercantilización del arte y la cultura, del negocio espectacular del ocio, de guerras, del hambre, de la política. He hablado prácticamente de todo y pensaba que no tenía nada nuevo que decir.

 Pero resulta que no. Que nunca me había ido definitivamente ni dejado de plasmar por escrito mis observaciones y emociones. De hecho lo que hice fue cerrar un blog y abrir otro, asegurando que sólo acogería entradas insustanciales, sin orden ni concierto y, desde luego, sin ninguna pretensión periodística. Y he aquí que no es cierto. Con menos asiduidad, he seguido volcando mi parecer esporádicamente cuando me ha parecido oportuno. Y debo reconocerlo. No me fui del todo. Es evidente.

Así que, aprovechando que cumplo edad, quiero confesar que inauguro la provecta edad de los septuagenarios y reanudo mis columnas de opinión en las cabeceras de Andalucía Digital, columnas que se nutren de lo que exponga en esta bitácora tan crepuscular como mi manera de mirar a mi alrededor. Incumplo, pues, aquella promesa de jubilarme del periodismo. Pido perdón. Parte de culpa por mi incumplimiento la tiene un amigo que me sobrevalora. Pero también mi familia, y yo mismo, por supuesto. Todos esperábamos un retorno que no se ha hecho esperar. Debilidades humanas.

2023 será, por tanto, un año de inauguración vital y reanudación profesional para mí. Y de renovado tormento para los pacientes lectores que se castigan con seguirme. Muchos de ellos, en su masoquismo, seguro que se alegran. Otros, en mayor número acaso, se disgustarán de tener que volver a disentir de mis opiniones y puntos de vista. Unos y otros constituyen el veneno que corre por las venas de cualquier escritor y que le insta a no dejar ningún papel en blanco con sus chorradas mentales.

Así que inauguro década y reanudo una actividad que jamás había dejado de lado completamente. Mirada crepuscular alojará el fruto de esa actividad, como anteriormente lo hacía Lienzo de Babel, inactivo pero en cuya página de Facebook se vuelca lo publicado en este blog. Quedan avisados. Y gracias por su generosa atención. Intentaré no volver a defraudarles.      

jueves, 3 de febrero de 2022

Gracias y adiós, definitivamente.

Es la segunda vez que me despido, y será la última. Con la primera me despedí de los seguidores del blog Lienzo de Babel, pero los emplacé a visitar Mirada crepuscular, la nueva bitácora con la que quise continuar la experiencia de volcar mis opiniones sobre asuntos, digamos, menos serios y más personales. Y ya ven los resultados. La última entrada registrada en este blog ha sido la del Día de Reyes, hace un mes, y para decir obviedades que a casi nadie interesan, salvo a la familia, algunos compañeros y tres amigos. Rozando a ser septuagenario, ya creo que he dicho y comentado lo que pienso acerca de casi todo, y tiendo, por tanto, a repetirme. Seguramente, esa reiteración de asuntos y de las reflexiones que me suscitan no la percibirá el lector ocasional que tropiece con esta página, pero a mí me causa agotamiento. Estoy cansado de regresar a lo mismo para volver a desarrollar un argumento que ya he expresado, con más dedicación y entusiasmo, al menos una vez, cuando no en más ocasiones, anteriormente.

Mis comentarios acerca de la política, en general, son conocidos, tanto como mi tendencia izquierdista. Pero incluso las acciones de gobiernos o líderes “progresistas” me resultan, más que aburridas, embaucadoras, por no atacar a la raíz de las injusticias y desigualdades -lo que sería tanto como cambiar el sistema-, sino por conformarse con aliviar mínimamente las inaceptables consecuencias que estas acarrean a los más débiles y desafortunados de la sociedad. Estoy harto de cuestionar y denunciar esta situación que no hace más que empeorar continuamente, como sucede en otros ámbitos de nuestra organización social. Es lo que percibo donde quiera que dirija la mirada. El mundo parece que cambia a peor, a pesar de todos los adelantos técnicos o científicos de los que nos vanagloriamos: trompetas de guerra hasta en nuestra moderna y civilizada Europa, hambrunas en países enteros que somos incapaces de erradicar, migraciones masivas que no toleramos, explotación del hombre en nombre de “leyes” del mercado, odio, fanatismo e intolerancia crecientes, enfermedades y pandemias que se ceban sobre los más pobres e indefensos, terrorismo y crueldad en nombre de Dios o cualquier otro invento, destrucción de la naturaleza a causa del enriquecimiento de unos pocos, etc.

Al contrario de lo que nos prometieron, el transcurrir del tiempo no viene acompañado de progreso. Creíamos que este tenía sólo un sentido, hacia adelante, a mejor. Que cuanto más nos adentrásemos en el futuro, mayor sería el progreso que conseguiríamos. Pero no ha sido así.  El progreso también conlleva pérdidas y retrocesos. El progreso ha supuesto destrucción de empleo, inestabilidad laboral y precariedad salarial. También ha provocado contaminación atmosférica, la deforestación de amplias zonas verdes -los pulmones del planeta- y la desaparición de especies animales. Nos ha proporcionado una capacidad infinita para la desinformación y la manipulación más obscenas y descaradas. Y nos ha hecho perder identidad y criterio gracias a los reclamos de la propaganda y los intereses de poderosas firmas y negocios mundiales, que globalizan su mercado. Hasta la educación está dirigida a satisfacer necesidades empresariales y perseguir fines laborales, en vez de procurar conocimientos que enriquezcan a los espíritus ansiosos de sabiduría y posibiliten la emancipación de condiciones o ataduras indignas.    

Muchos ya habían previsto este desastre. Entre otros motivos, como ya señaló Baudelaire, porque “no hay más progreso que el progreso moral”. Y en este sentido, nuestra decadencia moral es espeluznante. Hemos claudicado de aquellos valores sobre los que se cimentaba nuestra moral hasta convertirla en un instrumento que todo lo relativiza en pos del consumo y el bienestar inmediatos. Nos hemos olvidado de las simientes de las que brotamos para ser lo que somos, Atenas, Roma, Alejandría…, y que nos permitieron atesorar una cultura y forjar una civilización para perseguir el deseo de disfrutar de una vida en común en paz, libertad, tolerancia y justicia. Ya no perseguimos eso, y así va el mundo. Hoy los “likes” tienen más valor que el mérito y la excelencia. Se sigue y se confía antes en un “influencer” que en un científico, un filósofo o un pensador. Preferimos las redes sociales a los libros. Hasta los gobernantes escogen la parquedad de twitter para comunicarse con los ciudadanos. Hoy se favorece el “triunfo” inmediato en detrimento del estudio y la educación prolongados. No es de extrañar, por tanto, que actualmente el fanatismo, lejos de desaparecer, crezca a pasos agigantados, como el de esos negacionistas y populistas que niegan lo evidente, en demostración de su ignorancia y estulticia.    

Este es mi estado de ánimo. Detesto reconocer que me desanima la persistencia de los problemas y la inutilidad de los esfuerzos para, al menos, descubrirlos y denunciarlos por alguien con tan poca autoridad como la mía y desde un púlpito tan insignificante como éste. Por eso me despedí y vuelvo hacerlo. Estoy cansado.

Les pido perdón. Toda la culpa es mía, por supuesto. Siento decepcionarles en la misma medida en que yo también me siento decepcionado por no estar a la altura que me había propuesto y que había prometido. No lo he conseguido. Esta aventura virtual -y vital, en cierto sentido, para mí- finaliza con estas letras. Sólo me resta insistir en el agradecimiento a los pacientes y generosos seguidores que me han dedicado su atención todos estos años. Mi gratitud hacia con ellos es infinita. Gracias y adiós.