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lunes, 29 de diciembre de 2025

Un año funesto (y II)

El año 2025 también ha sido funesto en España, país en que la crispación política y la polarización, alimentadas por el bombardeo de desinformación y la proliferación de mentiras y bulos, condenan a la ciudadanía al enfrentamiento y a la desafección. No hubo semana en este año que agoniza en la que los partidos con posibilidad de gobernar no se tirasen a la cara exabruptos y acusaciones a cuál más grave: que si esto es una dictadura, que el gobierno es ilegítimo y su presidente, un jefe mafioso con toda su familia corrompida, que aquel otro es amigo de narcotraficantes y su partido está condenado por corrupción y dispuesto a gobernar con la extrema derecha. Y así, un día tras otro.

Claro que también existían motivos para la alarma y el arrugar de nariz. Porque después de siete años de impulsar con éxito una moción de censura contra un Ejecutivo conservador cuyo partido acabó siendo condenado por corrupción, al ético presidente que prometió acabar con esa lacra le han aflorado presuntos casos de corrupción alrededor de su entorno político y personal. Muchos casos para un Gobierno que pretendía ser limpio y ajeno a unas prácticas que ha empañado el ejercicio de la función pública, bajo cualquier administración de este país, desde que la democracia permite investigar y hablar de ello. Y antes también, por supuesto.

En el ámbito personal, con motivos fundados o no, a la esposa del presidente del Gobierno y su hermano se les investiga por tráfico de influencia y prevaricación. Y en el político, dos secretarios de Organización del partido gobernante, personas de su máxima confianza, han sido imputados por estar implicados en el “caso Koldo”, acusados de malversación, cohecho y tráfico de influencias. Además, una exmilitante del PSOE es detenida y puesta en libertad por supuestos contratos irregulares y buscar información sensible de quienes investigan las tramas corruptas.

Pero la actuación judicial con mayor repercusión política del año ha sido la imputación y condena del fiscal general del Estado, un hecho inédito. Es la primera vez en democracia que se condena a un fiscal general en ejercicio, con pena de dos años de inhabilitación, por revelación de secretos relacionados con la investigación de un defraudador confeso que es pareja sentimental de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

El año también nos deparó otro hecho inédito: un apagón sin precedentes que dejó a toda España a oscuras durante horas. Fue una jornada en la que recuperamos las radios a pilas, nos alumbramos con linternas y velas, no funcionaron ni trenes ni metros, los semáforos estaban apagados y volvimos a casa a pie, los bares tuvieron que echar las persianas y almorzamos sándwiches fríos o latas de atún. El Gobierno echa la culpa a las empresas energéticas y éstas al regulador del sistema. Todavía no se conoce la causa concreta de un fallo que paralizó a todo el país e, incluso, afecto al vecino Portugal.

Los efectos del cambio climático también se sintieron en España, provocando un verano en llamas por los incendios. Fue la peor temporada en décadas y con la mayor superficie carbonizada que se recuerda. Según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, más de 400.000 hectáreas se quemaron ese año, casi diez veces más que en 2024. Pero ahora, como llueve, ya ni nos acordamos.

Aunque tarde, fue el año en que el presidente de la Comunidad de Valencia presentó su dimisión, doce meses después de las inundaciones que afectaron a su región, mientras el perdía el tiempo en una comida durante horas, en las que murieron ahogadas más de 200 personas. Esperó un año acumulando sospechas, versiones contradictorias y silencios para responsabilizarse de una ineptitud que no tenía justificación posible, y menos por estar de comilona.

Por su parte, al Gobierno de la nación, que al parecer tendrá que prorrogar por tercera vez los Presupuestos, se le agota la capacidad de maniobra. El partido conservador independentista, Junts per Catalunya, esencial para sumar mayoría en el Parlamento, ha decidido dejar de apoyar al Ejecutivo. Rompía así el pacto de investidura que posibilitó el actual Gobierno de coalición, por lo que cualquier iniciativa legislativa parece difícil, por no decir imposible. La gobernanza no está asegurada y un ruido de urnas se oye en el ambiente.  

Y por si fuera poco, España fue el único país que rechazó el incremento de gastos de la OTAN acordado en la Cumbre de La Haya y mantuvo su posición de limitarlo al 2,1% del PIB. Ello ha despertado la ojeriza del presidente norteamericano, que acusa a nuestro país de “no jugar limpio” y ha amenazado con represalias. No doblegarse ante Trump es peligroso, por más que EE. UU. conserve estratégicas bases navales y aéreas en suelo español. Una ojeriza que agrava el enfado del norteamericano por el reconocimiento de Palestina por parte de nuestro país.

No hay que olvidar que la moda ultra ya está aquí. Y se contagia. Sus siglas en España son las únicas que crecen en cada elección, como ha demostrado Extremadura, condicionando cualquier política que se quiera aplicar. Y contagia a la derecha moderada, como en Badalona, donde el alcalde de la localidad tiene el indigno honor de ser el primero en dictar un desalojo masivo de inmigrantes de un colegio abandonado en plenas fiestas de Navidad. Más de doscientas personas fueron echadas a la calle cuando las lluvias y el frío azotaban a la población, con la manida excusa -es un clásico- de acabar con un foco de delincuencia. Si no es racismo, se le parece; y si no es aporofobia, también. En cualquier caso, es el proceder maniqueo de esos ultras que dicen salvaguardar la civilización occidental y la cultura cristiana, justamente aquella que se dotó de derechos y libertades para combatir las desigualdades, las injusticias y los abusos de los poderosos por cuestión de raza, lengua, creencia o sexo. El alcalde en cuestión lo que defiende es la barbarie y la discriminación, como buen cristiano que celebra estas fiestas a su manera. Lo malo es que le votan y no lo botan.

No obstante, hay imágenes positivas en ese 2025 que nos deja. Y sorprendentemente son económicas. La marcha de la economía va bien, digan lo que digan los agoreros, con unas de las tasas de crecimiento más altas de los países de la zona euro. Según la Comisión Europea, será casi del 3% del PIB. Y la tasa de paro quedará por debajo del 11%, gracias a la creación de empleo cercano al 2% y una inflación que se reduce algo por encima del 3%.  Son datos macroeconómicos que nada nos dicen, pero de alguna manera reflejan la salud económica de nuestro país. No todo iba a ser funesto, impidiendo que albergáramos una tenue esperanza de cara al próximo año. ¡Suerte y salud!   

sábado, 27 de diciembre de 2025

Un año funesto (I)

A punto de dar carpetazo a 2025, parece oportuno recordar los sustos que nos ha causado el año para que 2026 no nos coja desprevenidos, ya que el próximo promete ser aún más catastrófico. Han sido tantos los sobresaltos que nos ha propinado que no resulta exagerado calificarlo de año funesto. Porque, si repasamos someramente los hechos más importantes acontecidos, tanto en el mundo como en España, tal vez hasta nos quedemos corto a la hora de valorarlo. Y no es para menos.

Para empezar, Donald Trump arrancó en enero su nuevo mandato como presidente de EE.UU. con la soberbia, el narcisismo y el afán de venganza que les caracteriza. Es, sin duda, el agente más poderoso, peligroso y fanático capaz de desestabilizar y destrozar el orden y comercio mundiales. Y de alterar, en beneficio propio, las normas y los organismos que otorgan seguridad a las relaciones internacionales. De hecho, ha impuesto aranceles arbitrarios para conseguir balanzas comerciales positivas, ha lanzado amenazas a países sobre los que planea extender la influencia geoestratégica de su país, como son Canadá y Groenlandia, o para apoderarse de sus recursos y riquezas naturales, como Venezuela. Ha empujado a Europa a aumentar el gasto en defensa y hacerse cargo de la ayuda a Ucrania, advirtiendo de abandonar la OTAN. Ha interferido en procesos electorales de estados extranjeros por favorecer a candidatos afines e, incluso, ha autorizado el bombardeo de zonas en conflicto, como Irán o Nigeria, para afianzar intereses y gobiernos aliados, etc.

En su propio país, la ha tomado con la inmigración irregular, ordenando expulsiones masivas, incluso de los hijos de estos nacidos en EE.UU. Ha iniciado el desmantelamiento de sectores enteros del Estado federal, despidiendo a miles de funcionarios públicos, cerrando agencias de cooperación y desarrollo, aplicando recortes a Universidades y la NASA y eliminando partidas presupuestarias de los sistemas de salud y educación que perjudica a los más desfavorecidos. En definitiva, ha hecho saltar la convivencia, la paz social y la confianza en su población y entre países por sus obsesiones ultranacionalistas y negacionistas, en sintonía con el ideario de la extrema derecha. Así, ha conseguido que alrededor del 75% de los científicos estadounidenses esté considerando emigrar a causa de los recortes a la investigación y su interpretación sobre el cambio climático, las vacunas y demás evidencias científicas.

Y si esto sucede en la primera potencia mundial, cabe esperar que el futuro inmediato pinta mal para el resto del planeta. De ahí que calificar de funesto el año que está a punto de terminar sea quedarse corto. Porque es, simplemente, para ponerse a temblar.

Por si fuera poco, en el mundo continúan las agresiones y violaciones de la legalidad internacional, como en Gaza, donde Israel, más que actuar en legítima defensa tras el atentado de Hamás, lo que está perpetrando es un auténtico genocidio contra los palestinos de la Franja. Es más, la tregua acordada entre Israel y EE. UU. no ha impedido que mueran cerca de medio millar de personas en el enclave por disparos del Ejército hebreo. La matanza, por tanto, no ha cesado.

También en Ucrania, el país europeo invadido por una Rusia nostálgica del imperialismo, lleva librándose una guerra no declarada desde hace ya cuatro años. Saltándose leyes que salvaguardan la integridad territorial y la soberanía de los estados, Rusia ha emprendido acciones militares contra Ucrania para intentar recuperar antiguas zonas soviéticas de influencia, alterar el orden de seguridad continental y los objetivos de Europa por la integración política, económica y social, además de bloquear la ampliación de la Alianza Atlántica hacia el Este. Sin dejar de atacarla a diario, las perspectivas de una paz precaria sobrevuelan el conflicto, otra vez animadas por Donald Trump, que intermedia para negociar la desmembración del país, impedir su ingreso en la OTAN, reducir su Ejército y repartirse, cómo no, sus minas de tierras raras y controlar, a medias con Rusia, la central nuclear de Zaporiya, la más grande de Europa. Triste panorama, pues, para Ucrania y Europa, convidada de piedra.

2025 nos permitió asistir a una sucesión papal en el Vaticano, tras la muerte de Francisco y la elección del primer papa estadunidense, Robert Francis Prevost, como León XIV. El nuevo pontífice, oriundo de Chicago y con nacionalidad peruana, es considerado moderado, pero con tics conservadores, como son recuperar la celebración de una misa tradicionalista, descartar la ordenación de mujeres diáconas y no reconocer el matrimonio homosexual. Tal parece que hará bueno al papa Francisco.

En cuanto al clima, el año que despedimos ha sido prolijo en fenómenos meteorológicos extremos, como los fuegos que arrasaron el área de Los Ángeles, uno de los más graves en términos económicos y humanos, pues requirió más de 60.000 millones de dólares en su extinción e indemnizaciones y causó la muerte de 31 personas., con cerca de 400 damnificadas. Los huracanes también hicieron presencia ese año, como el Melissa, uno de los más potentes que haya azotado el Caribe, que devastó Jamaica e inundó Cuba y Hawai. Igual que los tifones que asolaron Filipinas, Vietnam y otras regiones del sudeste asiático. A pesar de todo, sigue habiendo personas, como Trump y demás ralea, que niegan el cambio climático acelerado por la actividad humana. Y despotrican de las políticas de sostenibilidad y freno de las emisiones contaminantes.

Son negacionistas del cambio climático, de la violencia machista y contra la igualdad de la mujer, entre otras ideas retrógradas, que aglutinan formaciones de ultraderecha que desgraciadamente avanzan imparables en Europa y América. Uno de sus últimos representantes en ganar el poder es José Antonio Kast, que ganó las presidenciales de Chile, convirtiéndose en el primer defensor de la dictadura de Pinochet que dirigirá el país andino. Anteriormente, otros países sudamericanos han conquistado idéntico triunfo: la Argentina de Milei, Bolivia, Ecuador y Honduras. En Europa no vamos a la saga: los gobiernos de ultraderecha ya son realidad en el Viejo Continente, donde Bélgica, Bulgaria, Chequia, Francia, Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Portugal y Suecia cuentan con gobiernos de centroderecha, y Croacia, Finlandia, Hungría, Italia y Países Bajos están dirigidos por coaliciones de partidos de derecha moderada y derecha extrema. Es decir, 14 países que suman algo más de 230 millones de habitantes, lo que supone el 50,38% de la población de toda la UE. El riesgo, por tanto, de desandar los avances logrados en derechos y libertades es más serio de lo que imaginamos.

Y eso va parejo al impulso adoptado por la Unión Europea para acelerar el rearme y reforzar su industria de defensa, como se acordó en la última Cumbre de La Haya, en la que instó elevar el gasto en defensa a todos los países miembros de la OTAN hasta el 5% del PIB durante la próxima década. Aires conservadores y militaristas recorren el continente.   

Pero para colmo de calamidades, también asistimos en 2025 a un robo de película: el del Museo del Louvre, donde ladrones ataviados con chalecos de obreros entraron a plena luz del día y se apoderaron de joyas históricas de enorme valor. Cuatro de ellos han sido apresados, pero el botín no ha sido recuperado.

Y como contrapunto a todo lo anterior, habría que citar la normativa adoptada por Australia para impedir las redes sociales a menores de 16 años. Es una iniciativa inédita y francamente valiente, pues la normativa obliga a Facebook, Instagram, Threads, TikTok, YouTube, Snapchat, X, Reddit, Discord, Twitch y Kick a demostrar que han tomado “medidas razonables” para identificar y desactivar perfiles de usuarios por debajo de esa edad. Otros países, como Nueva Zelanda, Dinamarca y España, se han planteado un control similar para el acceso de menores a las redes. Ojalá cunda el ejemplo.