martes, 15 de septiembre de 2026

Viaje a Mercurio

El planeta Mercurio, el más pequeño -un poco más grande que nuestra Luna- y cercano al Sol, es el menos explorado del Sistema Solar y el que más incógnitas presenta para la ciencia. La razón es sencilla: enviar naves hasta allí es sumamente complicado, casi una odisea. En la historia de la carrera espacial, solo dos misiones norteamericanas tuvieron por finalidad estudiar el planeta: la Mariner 10 de la NASA, en 1974, y la Messenger, en 2011, que realizaron sendos sobrevuelos sobre el planeta, aportando datos insospechados sobre su débil campo magnético y de su superficie, llena de cráteres, muy parecida a la de Luna. Los soviéticos, ni en su mejor época de esplendor astronáutico, desarrollaron campaña alguna sobre Mercurio. Y los chinos, en la actualidad, solo lo incluyen como un objetivo a medio plazo, a partir de la siguiente década.

Mercurio, como Venus, la Tierra y Marte, es un planeta rocoso. Su estructura interna está dominada por un enorme núcleo de hierro, mucho más grande, en comparación, que el de la Tierra. Y no tiene atmósfera, sino una delgada exosfera formada por átomos expulsados de la superficie por el viento solar y el impacto de los meteoritos. Es un planeta, en suma, que ofrece más misterios que respuestas.   

Y por ello es digno de destacar la misión que la Agencia Espacial Europea (ESA), junto a la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA), está a punto de coronar su objetivo para la investigación de Mercurio. Es la primera misión europea al planeta menos explorado del Sistema Solar.  Se trata de la misión BepiColombo, una nave compuesta por dos orbitadores científicos independientes: el Orbitador Planetario a Mercurio (MPO, por sus siglas en inglés), de la ESA, enfocado a estudiar la superficie del planeta, su geología y composición interior; y el Orbitador Magnetosférico de Mercurio ((MMO), de la JAXA, destinado a analizar el campo magnético y la magnetosfera de Mercurio.

El objetivo de la misión será desvelar algunos de los misterios del planeta, estudiando su superficie, su estructura interna y su gran núcleo, además del origen de su campo magnético, las dinámicas de su magnetosfera y cómo interactúa con el viento solar. También elaborará mapas globales y tomará imágenes de sus formaciones para comprender mejor los procesos geológicos, la actividad tectónica y otros fenómenos que presenta su superficie (como volcanes y depósitos de hielo polar en cráteres donde no llega la luz solar) que permitirán saber más sobre su origen y comprender mejor la evolución del planeta.

Pero ninguno de esos módulos orbitadores aterrizará en Mercurio, sino que lo sobrevolarán a diferentes alturas para estudiarlo desde el espacio. Lo que acaban de hacer es separarse del Módulo de Transferencia (Mercury Transfer Module, MTM), la sonda que, tras un viaje de ocho años desde que fuera lanzada en 2018 por un cohete Arianne 5, ha estado proporcionando al conjunto la energía y la propulsión necesarias para llegar hasta las cercanías del planeta. Aun así, y todavía a más de tres millones de distancia de su objetivo, la llegada de estos orbitadores requerirá un proceso gradual de maniobras de aproximación que se extenderá a lo largo de los próximos meses. Se espera que entren en órbita a finales de noviembre y que comiencen a transmitir datos a partir de abril del próximo año.

El nombre de la misión es un homenaje al matemático e ingeniero italiano Giuseppe (Bepi) Colombo (1920-1984), conocido por haber explicado las peculiares características de rotación de Mercurio, un planeta que gira alrededor del Sol describiendo una órbita muy corta y rápida, lo que hace que un año mercuriano dure solo 88 días terrestres. Sin embargo, rota sobre su eje a un ritmo muy lento, tanto que un día de Mercurio es como 58 días de la Tierra.

Esta combinación de rotación lenta y traslación rápida origina un hecho curioso: el Sol tarda mucho en salir y ponerse. Y hay veces que amanece dos veces en ciertos lugares del planeta. Y en el lado opuesto, también anochece dos veces. Ello se debe a que, durante días previos al perihelio, cuando el planeta está más cerca del Sol, la velocidad de traslación supera momentáneamente a la de rotación, causando que el movimiento aparente del Sol se invierta durante un tiempo. Es decir, en ciertos lugares de Mercurio, un observador podría ver salir el Sol hasta la mitad de su recorrido, después volver a ponerse parcialmente para, al final, volver a salir antes de ponerse del todo, y todo ello en un solo día mercurial.  

Por otra parte, este pequeño y veloz planeta posee un débil campo magnético global (aprox., el 1 % del terrestre), cuyo origen y geometría desconcierta a los científicos, pues, en teoría, un mundo tan pequeño debería haberse enfriado y solidificado hace millones de años, apagando el núcleo interno que genera el magnetismo. Sin embargo, su eje magnético está desplazado cerca de 500 kilómetros al norte del centro geográfico del planeta, lo que provoca que el escudo magnético sea mucho más débil en el hemisferio sur.

Ya durante el primer sobrevuelo de la sonda BepiColombo (que ha realizado nueve sobrevuelos -uno a la Tierra, dos a Venus y seis a Mercurio- para ralentizar su “caída” hacia el Sol antes de entrar en órbita alrededor del planeta), los instrumentos detectaron que los electrones de la magnetosfera caen precipitados directamente contra la superficie, emitiendo rayos X. Son como auroras boreales que tocan el suelo.

Todos estos misterios -y los que todavía se ignoran- constituyen el objetivo de la misión BepiColombo que ya hace su aproximación final al planeta Mercurio. Se espera que su investigación aporte datos que revolucionen los precarios conocimientos que se tienen del planeta y ayuden a desentrañar incógnitas acerca del origen de su campo magnético, su inusual densidad interna y la composición geológica de su superficie.

Mientras en la Tierra seguimos a la greña por acaparar riquezas y poder, la Ciencia espacial nos permite conocer el entorno sideral en que nos hallamos y valorar exactamente lo que representamos en relación con la inmensidad del Universo. Por eso es tan conveniente como interesante seguir los avances y descubrimientos de la investigación espacial. Como esta misión de la Agencia Espacial Europea en colaboración con la japonesa. Ojalá logre un éxito rotundo.

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