Mercurio, como Venus, la Tierra y Marte, es un planeta rocoso.
Su estructura interna está dominada por un enorme núcleo de hierro, mucho más
grande, en comparación, que el de la Tierra. Y no tiene atmósfera, sino una
delgada exosfera formada por átomos expulsados de la superficie por el viento
solar y el impacto de los meteoritos. Es un planeta, en suma, que ofrece más
misterios que respuestas.
Y por ello es digno de destacar la misión que la Agencia
Espacial Europea (ESA), junto a la Agencia Japonesa de Exploración Espacial
(JAXA), está a punto de coronar su objetivo para la investigación de Mercurio. Es
la primera misión europea al planeta menos explorado del Sistema Solar. Se trata de la misión BepiColombo, una nave
compuesta por dos orbitadores científicos independientes: el Orbitador
Planetario a Mercurio (MPO, por sus siglas en inglés), de la ESA, enfocado a
estudiar la superficie del planeta, su geología y composición interior; y el Orbitador
Magnetosférico de Mercurio ((MMO), de la JAXA, destinado a analizar el campo
magnético y la magnetosfera de Mercurio.
El objetivo de la misión será desvelar algunos de los
misterios del planeta, estudiando su superficie, su estructura interna y su
gran núcleo, además del origen de su campo magnético, las dinámicas de su
magnetosfera y cómo interactúa con el viento solar. También elaborará mapas
globales y tomará imágenes de sus formaciones para comprender mejor los
procesos geológicos, la actividad tectónica y otros fenómenos que presenta su superficie
(como volcanes y depósitos de hielo polar en cráteres donde no llega la luz solar)
que permitirán saber más sobre su origen y comprender mejor la evolución del
planeta.
El nombre de la misión es un homenaje al matemático e
ingeniero italiano Giuseppe (Bepi) Colombo (1920-1984), conocido por haber
explicado las peculiares características de rotación de Mercurio, un planeta
que gira alrededor del Sol describiendo una órbita muy corta y rápida, lo que hace
que un año mercuriano dure solo 88 días terrestres. Sin embargo, rota sobre su
eje a un ritmo muy lento, tanto que un día de Mercurio es como 58 días de la
Tierra.
Esta combinación de rotación lenta y traslación rápida
origina un hecho curioso: el Sol tarda mucho en salir y ponerse. Y hay veces
que amanece dos veces en ciertos lugares del planeta. Y en el lado opuesto,
también anochece dos veces. Ello se debe a que, durante días previos al
perihelio, cuando el planeta está más cerca del Sol, la velocidad de traslación
supera momentáneamente a la de rotación, causando que el movimiento aparente
del Sol se invierta durante un tiempo. Es decir, en ciertos lugares de
Mercurio, un observador podría ver salir el Sol hasta la mitad de su recorrido,
después volver a ponerse parcialmente para, al final, volver a salir antes de
ponerse del todo, y todo ello en un solo día mercurial.
Por otra parte, este pequeño y veloz planeta posee un débil
campo magnético global (aprox., el 1 % del terrestre), cuyo origen y geometría
desconcierta a los científicos, pues, en teoría, un mundo tan pequeño debería
haberse enfriado y solidificado hace millones de años, apagando el núcleo
interno que genera el magnetismo. Sin embargo, su eje magnético está desplazado
cerca de 500 kilómetros al norte del centro geográfico del planeta, lo que
provoca que el escudo magnético sea mucho más débil en el hemisferio sur.
Ya durante el primer sobrevuelo de la sonda BepiColombo (que
ha realizado nueve sobrevuelos -uno a la Tierra, dos a Venus y seis a Mercurio-
para ralentizar su “caída” hacia el Sol antes de entrar en órbita alrededor del
planeta), los instrumentos detectaron que los electrones de la magnetosfera
caen precipitados directamente contra la superficie, emitiendo rayos X. Son
como auroras boreales que tocan el suelo.
Todos estos misterios -y los que todavía se ignoran-
constituyen el objetivo de la misión BepiColombo que ya hace su aproximación
final al planeta Mercurio. Se espera que su investigación aporte datos que
revolucionen los precarios conocimientos que se tienen del planeta y ayuden a
desentrañar incógnitas acerca del origen de su campo magnético, su inusual
densidad interna y la composición geológica de su superficie.
Mientras en la Tierra seguimos a la greña por acaparar
riquezas y poder, la Ciencia espacial nos permite conocer el entorno sideral en
que nos hallamos y valorar exactamente lo que representamos en relación con la
inmensidad del Universo. Por eso es tan conveniente como interesante seguir los
avances y descubrimientos de la investigación espacial. Como esta misión de la
Agencia Espacial Europea en colaboración con la japonesa. Ojalá logre un éxito
rotundo.


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