Es un tiempo reblandecido por las luces y las sombras de las
ensoñaciones en tardes soporíferas del estío que solo el hábito de la lectura,
con su ensimismada soledad, consigue aliviar y refrescar.
Un tiempo que también a este blog amodorra con el pegajoso
discurrir de un verano al que ni la actualidad de lo cotidiano, con esa polarización
política que no cesa, ni la inútil brisa de la prosa más literaria, cargada de hueras
intenciones, podrá sustraerlo de una atención embebida por el rumor de las
olas, el frescor de unas cañas de cerveza y la belleza de unos cuerpos
desparramados sobre la arena o exhibiéndose cual musas luminosas en el
atardecer de las terrazas.
Porque es el tiempo de la placidez contemplativa, de la
pasividad sensorial y de la desidia tan reconfortante para un cuerpo y una
mente fatigados por las rutinas y los delirios del resto del año. Transitamos,
por tanto, el tiempo de enfrascarse en lecturas y extraviarse en utopías
ensoñadoras, en fantasías de nuevas expectativas y conocimientos que satisfagan
una curiosidad que, al contrario del vigor físico, se mantiene intacta con los
años, cuando más experiencia y vivencias se acumulan.
Por tal motivo, estas páginas virtuales de Mirada
Crepuscular espaciarán la publicación de entradas, amoldándola a la parsimonia con
la que el verano impregna toda actividad lúdica o sujeta a obligaciones. Más
que estar atenta a lo que pasa ahí fuera, procurará centrarse en lo que nos
pasa a nosotros mismos y cómo lo asumimos. Así, por ejemplo, durante estos
meses sofocantes, no hará otra cosa que dejar constancia de los libros que han
deslumbrado la mirada cansina y descreída de su autor, de quien suscribe estas
líneas explicativas a los improbables lectores de la bitácora.
Y es que Mirada Crepuscular también se aleja del mundanal
ruido de la cotidianeidad y de los agobios insoportables del presente para
buscar reposo en la sombra de la tranquilidad y el silencio sin ecos mediáticos
que proporciona la distancia más emocional que física, allá donde la actualidad
no es sinónimo de estar al día de lo que tratan las tertulias y recoge la
prensa ni la capacidad de aprender, expandiendo el espíritu, es exclusiva de la
juventud y los trepas.
Se trata de una forma, como cualquier otra, de combatir el
calor de estos meses de la manera más placentera: tumbados a la bartola con un
libro entre las manos. ¡Que paséis buen verano!

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