Y la verdad es que no es algo extraño en el comportamiento
del humano, en el que se mezclan instintos innatos con respuestas elaboradas
desde el análisis racional y la previsión de consecuencias. Es algo que no
podemos evitar, entre otras cosas, porque, como demostró Darwin, no es que
vengamos del mono, sino que somos monos, mal que nos pese. Y la actitud de la
extrema derecha viene a confirmarlo, por si los terraplanistas, creacionistas y
demás “ultristas” tenían dudas.
Tanto es así que hasta la especie más pacífica de homínido
solo se muestra cooperativa dentro del grupo, pero intolerante y hasta agresiva
frente a otros grupos. Lo que parece, a nuestros ojos, un comportamiento
generoso de fraternidad tribal, como es compartir las piezas cazadas y ayudar a
otras madres con sus crías, no es más que una apuesta fruto de la evolución
para con el grupo, dentro del cual es posible la existencia del individuo. No
se trata, pues, de solidaridad o justicia distributiva, sino simplemente de un
instinto de preservación de la especie, por encima de la del individuo, para
garantizar la perpetuación o continuidad de los genes. Un instinto que induce a
estos animales “pacíficos” a “priorizar” sus recursos: a los nuestros de todo, para
los otros, nada de nada.
Y tal comportamiento es el que anima a los impulsores de la
iniciativa de la prioridad nacional: primero, los nuestros a la hora de recibir
ayudas, prestaciones y derechos; los demás, que allá se las compongan. Como
conducta animal, no está mal y en ciertas especies está justificado como
estrategia de conservación y garantía de perpetuación y continuidad. Pero como
decisión política del homo sapìens, la del vertebrado, mamífero, placentario,
primate, simio y humano más inteligente del planeta -como diría juan Luis
Arsuaga-, es una boutade racista, una auténtica burrada irracional, se
mire como se mire, incluido el punto de vista económico.
Diferenciar a los habitantes de España, a la hora de merecer
derechos, prestaciones y ayudas, por su origen o por un “arraigo” que no se exige
a los nacidos aquí, es lo más semejante a la actitud hostil y violenta de los monos
con sus parientes de otros grupos. Es un reflejo de nuestra procedencia
simiesca (cuyo origen es, para colmo, africana) que reproduce la prioridad del
primate. Una actitud que demuestra cuán lejos están algunos de comportarse como
auténticos homo sapiens.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Este blog admite y agradece los comentarios de los lectores, pero serán sometidos a moderación para evitar insultos, palabras soeces y falta de respeto. Gracias.