Y no lo vi, no porque desconociera -cosa imposible después
de tanta publicidad- que iba a tener lugar un fenómeno natural, aunque
esporádico, que asustaba en la antigüedad a la gente, sino porque ni quise ni
cambié mis proyectos o asuntos por mirar al sol. Ni siquiera compré las
imprescindibles gafas con filtros que evitan daños en la retina al que
imprudentemente mira directamente el disco solar. Simplemente, no pensaba
observarlo y no lo hice.
Soy, pues, de esos excéntricos que caminan con paso cambiado
y no siguen los dictados consumistas que guían a la masa, pastoreada dócilmente
por las modas, las redes sociales, la propaganda política o comercial, los
convencionalismos, los medios de comunicación y hasta por la lotería o la ONCE.
Intento ir a mi bola, aunque no siempre lo consigo.
Pero esta vez, con el eclipse, me he resistido y no he caído
en las redes manipuladoras que todo lo convierten en espectáculo… para sacar
beneficio. El negocio de viajes, alojamientos, gafas, restaurantes y demás
complementos ha sido mayúsculo. Han hecho su agosto este agosto. Pero de mí no
han obtenido ni un céntimo. Y no por ser un tacaño, que no lo soy, sino porque
he creído que no mirar cómo el sol se torna oscuro, desde mi ignorancia y lego
en física, supusiera que me perdería una experiencia “histórica” de la que me
acabaría arrepintiendo.
No lo creo porque la experiencia de un eclipse, aun sin ser
total en donde vivo, la disfruto de otra manera, percatándome de la disminución
de luz, de la bajada de las temperaturas, de la alteración en la conducta de
algunos animales, del regreso de las sombras y del doble atardecer al que asistí
esa tarde. Y todo ello sin mirar directamente al astro rey, sino sabiendo que
está ahí, siguiendo su trayectoria de este a oeste y jugando con la luna para
asombro -y negocio- de los habitantes de la Tierra.
Y lo mejor para quienes vivimos en estas latitudes sureñas,
tendremos nuevas ocasiones de contemplar más eclipses: el 2 de agosto de 2027
habrá otro eclipse total, y el 26 de enero de 2028, uno anular (la luna, muy
alejada de la Tierra, no consigue tapar todo el disco solar).
Por todo ello, no sentía la necesidad imperiosa de reaccionar
al estímulo colectivo de mirar adonde nos mandan, a pesar de que no seamos
astrónomos. No tenía ganas de sumarme a la vorágine propagandística de este
eclipse de sol. Total, ya habrá tiempo y forma de hacerlo con menos presión
ambiental.


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