lunes, 12 de octubre de 2026

¡Por fin!

Desde el mismo momento en que se conoció el resultado de las últimas elecciones generales de 2023, en las que el Partido Popular, ganador por número de papeletas, no consiguió reunir los votos necesarios para que el Congreso invistiera presidente a su candidato y líder (quien, como el zorro de la fábula, afirmó que no gobernaba porque no quería), desde ese instante, insisto, las derechas han machacado, día sí y día también, con el mantra de que el Gobierno era ilegítimo, que el presidente era un “okupa” de La Moncloa” y que lo que tenía que hacer era convocar de inmediato elecciones para que el pueblo hablase.

¡Ea, pues ya están aquí las elecciones! Y esas derechas lo celebran con una lona desplegada en la fachada de la sede madrileña del PP con la inscripción “Por fin”. Según ellas, ya lo han conseguido. Claro que, siendo puntillosos, el anuncio de las elecciones para el próximo 29 de noviembre supone un adelanto de solo nueve meses respecto a la fecha prevista (verano de 2027). Algo, por lo demás, nada extraordinario por cuanto cinco de los siete presidentes que ha tenido nuestro país ha adelantado las elecciones en alguna ocasión.

Visto así, ese “por fin” resulta una exclamación exagerada, porque, después de tres años largos, no se ha conseguido “tumbar” a un Gobierno que se apoyaba en una suma de minorías, entre progresistas y nacionalistas, del Parlamento. Sino que ha sido el desmarque del socio nacionalista más conservador del Gobierno (Junts per Catalunya) lo que ha precipitado la legislatura. Y no fue la labor en contra de la oposición, formada por el Partido Popular y Vox, es decir, por la derecha extrema y la extrema derecha ultra, lo que ha hecho desistir al presidente del Gobierno de agotar la legislatura. ¡Y mira que han hecho todo lo posible e imposible, lo legal y alegal, lo adecuado y lo inmoral por lograrlo!

Pues nada, ha terminado por finiquitarla una acampada de jóvenes que reclamaban el derecho a una vivienda digna tras el desalojo inmisericorde de una anciana de cerca de 80 años del piso donde residía desde hacía más de 70 años. Ni las denuncias por corrupción, ni las “invasiones” de inmigrantes, ni la falta de presupuestos han podido con el Gobierno, sino unos desmelados que se manifestaban contra los rentistas y la falta de viviendas asequibles de protección oficial.

El decreto-ley que el Gobierno había elaborado, troceado en dos decretos para facilitar su aprobación por unos u otros, para responder a una inusitada demanda popular que se extendió como la pólvora por todas las ciudades del país, fue la puntilla que acabó por tumbar la legislatura. Y eso que ambos decretos garantizaban la seguridad ante posibles desahucios. El rechazo de la derecha nacionalista catalana a su aprobación hizo que el presidente del Gobierno convocara elecciones anticipadas. ¡Por fin!

Sí, pero un “por fin” al que ya se le ponen peros… Una actitud muy nuestra, la de poner la venda antes que salga el grano, no vaya a ser que, por lo que sea, los votantes contradigan los pronósticos. Y ese `lo que sea´ (que es perder), para las derechas siempre es fraudulento, tramposo y nada democrático, ya que lo “natural”, lo conveniente y lo que deseaban los ciudadanos es que ellos arrasen en las urnas y puedan gobernar como Dios manda. Pero, por si las moscas, han empezado a sembrar dudas sobre el voto por correo, cuestionando el funcionamiento de instituciones y la honradez de sus funcionarios, tanto de Correos como de la Oficina del Censo Electoral. ¡Si lo sabrá Feijóo, que fue presidente de Correos durante tres años!

Tal parece que anticipan una posible, aunque poco probable según los sondeos, derrota por culpa (a alguien tienen que culpabilizar, nunca es por ellos) del voto manipulado en Correos y de una avalancha de votos del exterior promovida, según adivinan, por la insidiosa ley de nietos. Como si esos votos fueran determinantes para el resultado electoral, cuando en ninguna elección de la democracia han tenido influencia para alterar la voluntad mayoritaria, expresada en las urnas, de los votantes. Pero, por si acaso…

Y es que la deslegitimación de las instituciones ha sido siempre una constante de las derechas cuando no gobiernan, aunque ello suponga erosionar y cuestionar la misma democracia, además de instalar la desconfianza y la desafección en los ciudadanos. Y en esta ocasión volverán a usar esta táctica, la de la basura dialéctica y máxima polarización en la diatriba política, que compense la falta de argumentos y de propuestas con las que confrontar el quehacer exitoso del Gobierno en materia económica y social.

Un balance que arroja más de 150 iniciativas tramitadas, con 43 reales decretos-ley y 22 leyes aprobadas por un Gobierno en minoría y precariedad parlamentaria, entre ellas la Ley de amnistía, la Ley ELA, la Ley de paridad e, incluso, una reforma constitucional para retirar el término “disminuidos” del artículo 49 de la Carta Magna. Si a ello añadimos la disminución reiterada de la tasa de paro, el importante incremento del salario mínimo interprofesional y otras medidas de carácter social, el resultado no puede calificarse de “legislatura fallida” o “gobierno inútil”, por muy opositor que se pronuncie uno del Gobierno.

Si para ganar unas elecciones hay que recurrir a la descalificación personal, a la insidia calumniosa, a la deslegitimación de las instituciones, a la manipulación, los bulos y las mentiras, sin reconocer en el adversario, cuando corresponda, sus aciertos y denunciar, siempre, sus fracasos, es que no se tiene confianza en la propia capacidad para ofrecer alternativas y propuestas que entusiasmen a los votantes.

Por eso ese “por fin” no parece responder a un deseo sincero de querer competir en unas elecciones, sino a una reacción que, en psicología, oculta una frustración o un complejo de inferioridad. De ahí que, por si acaso, ya se arguyen las motivaciones que podrían impedir nuestros anhelos, que es ganar y gobernar. Aparentamos fortaleza cuando nos sentimos -no que lo seamos- débiles, inferiores o menos dotados que nuestros contrincantes.

Por fin se convocan elecciones, aunque sean otros los que han provocado ese adelantamiento electoral. Aun así, por fin me puedo presentar como el que ha conseguido doblegar al Gobierno, aunque no sea cierto. Por fin... y a ver qué pasa.                

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