lunes, 20 de abril de 2026

Soy de los podridos

Resulta que, para algunos, la pluralidad ideológica es un mal insoportable y el adversario político, un enemigo. Solo desde esa mentalidad, se puede alegremente insultar al votante de un partido que no te agrada, tachándolo de ignorante o cosas peores. Es lo que hacen quienes disienten y combaten ideas o iniciativas de alguna formación de la que desconfían, sobre todo si gobierna, mediante insultos, descalificaciones, tergiversaciones o sencillamente mentiras y bulos.

Utilizan lo soez y la agresión verbal como instrumento para el debate político o ideológico, en vez de la confrontación de programas y propuestas para los problemas que a todos conciernen como país. Y la verdad es que es un recurso del que se valen todos los partidos o políticos en mayor o menor medida, pero son los representantes de la derecha y la extrema derecha quienes profieren de manera más constante exabruptos y ataques personales al adversario político y, lo que es peor, insultos a simpatizantes o votantes de otros partidos.    

Ejemplo de ello es la última boutade de una alta personalidad del gobierno de la Comunidad de Madrid, nada menos que el jefe de Gabinete de la presidenta madrileña, Miguel Ángel Rodríguez, alias MAR, famoso por sus insinuaciones y acusaciones insidiosas, la mayoría de ellas gratuitas y sin pruebas, aunque a veces, por esos misterios de la ceguera de la Justicia, no solo quedan impunes, sino que sirven de base para querellas y hasta para condenar al insultado o calumniado.

Tal es la especialidad a la que se ha dedicado este individuo que ocupa un despacho oficial del que emana el argumentario utilizado por su jefa, la ínclita Isabel Díaz Ayuso, cada vez que abre la boca cuando quiere cuestionar al Gobierno de la nación y, en especial al presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, al que llegó a llamar hijo de p... desde la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados.

La boutade a la que me refiero ha venido servida en unos tuits en los que el veterano y polémico político ha asegurado, como si fuera vidente, que el Tribunal Constitucional absolverá al exfiscal general del Estado, en respuesta al recurso presentado por este tras ser condenado por el Tribunal Supremo por revelar datos reservados.

Pero, no contento con mostrar su desconfianza con la independencia de tan alto Tribunal, ha aprovechado que estaba inspirado para, de paso, agredir por escrito a los votantes socialistas, considerándolos como “Un tercio de españoles podrido”.  Insulto que completa, por si no había quedado claro, con otro tuit: “Un tercio de España está podrida. Apoya a Sánchez, Begoña, Ábalos, hermano de Sánchez, Cerdán, putas, corrupción, macarras, muertos porque se lo llevan…, Manipulación en RTVE, compra de medios de comunicación, compra de activistas… Un tercio de España está podrida”. Y se ha quedado tan pancho.

Personalmente, me doy por aludido. Pertenezco a ese porcentaje de población, según MAR, que vota a las izquierdas desde que se pudo hacer en este país, tras la muerte del dictador Franco. Soy, pues, del grupo de los podridos y no consiento la agresión sin defenderme, pero sin caer en aquello del “y tú más”, sino enorgulleciéndome de lo que diferencia mis valores de los que defiende el botarás Rasputín de Ayuso, es decir, del ideario de la derecha.

Y lo haré con los modos y medios con que defiendo mis convicciones: sin insultar ni desprestigiar a mis oponentes ideológicos y partidistas. Entre otras cosas, aparte de por educación, porque estoy convencido de que con diálogo y respeto todos podemos alcanzar acuerdos y lograr una convivencia social en paz y libertad en el marco de las leyes y la democracia, sin sectarismos ni imposiciones.

Cosa que este personaje insultador no puede ni sabe hacer. El modelo social y económico que postula lo pretende defender mediante mentiras, tergiversaciones, amenazas, campañas de desprestigio y bulos. Lo hace ahora y lo ha hecho siempre, como ya en otra ocasión describí. No es de extrañar, por tanto, que su última extravagancia tuitera reproduzca calificativos que suele utilizar cuando busca confrontar con adversarios políticos. Y que su elevado tono despreciativo provenga más del resentimiento y el nerviosismo que de una estrategia de polarización.

Es lo que cabe suponer puesto que, acostumbrado a mentir e insultar con impunidad, no siempre se sale con la suya, afortunadamente. Un nerviosismo que suponemos proviene del hecho de que, a principios de mayo, Miguel Ángel Rodríguez tendrá que declarar como investigado ante un juez por difundir la identidad, con nombres, apellidos y fotografías, de dos periodistas de El País que trabajaban en una información sobre la pareja de Ayuso.

Para desacreditarlos, envió un mensaje difamatorio a varios medios, añadiendo, además, que los reporteros habían intentado entrar encapuchados en el domicilio de la presidente de la Comunidad madrileña y que habían “acosado” a los vecinos e, incluso, a “niñas menores de edad, en un acoso habitual en dictaduras”.

Con ello intentaba contrarrestar lo que prefería que permaneciera oculto o, cuando menos, pasara desapercibido entre una maraña de bulos, ya que el mensaje lo difundió después de que un medio digital publicase la noticia que la pareja de Ayuso había defraudado 350.000 euros a Hacienda. Y él, como jede de Gabinete de la novia del defraudador, tenía que salir en defensa del… presunto delincuente. Y lo hace a su modo y manera: inventándose noticias, desprestigiando a profesionales y a la profesión periodística, amenazando y coaccionando a cuantos pretendan averiguar la verdad, insultando y agrediendo oral o por escrito a todo el mundo. Es la manera de comportarse de MAR, lenguaraz y mezquino, como siempre ha sido.

Porque así defiende sus ideas este político que suele actuar bajo la sombra de algún poderoso que lo proteja y cuide. Es su estilo desde que era portavoz de Castilla y León, cuando elaboró una lista negra de periodistas sospechosos de cuestionar al Gobierno regional; también desde la Oficina de Información del PP, en la que aparece como pagador de dinero negro a una presentadora de televisión; incluso desde la Secretaría de Estado de Comunicación y ejerció de Portavoz del Gobierno de Aznar, desde donde amenazó al entonces dueño de Antena3; y,  ahora, en su puesto de jede de Gabinete de Ayuso, desde donde hace y deshace a su antojo para construir a una “lideresa” a su imagen y semejanza.

¿Debatir ideas, propuestas y programas? Quiá! Lo suyo es exclusivamente insultar e intoxicar. Pero yo, como aludido, no se lo voy a permitir. Porque podrido estará él. Y no porque yo lo diga, sino porque su currículo lo demuestra. Y sin necesidad de recurrir de cuantificar cuántos ladrones, malversadores, condenados, corruptos, manipuladores, acaparadores de instituciones y medios de comunicación, tramposos y macarras hay más en sus filas que entre los socialistas. No hace falta.

Pero lo grave y triste es que esas conductas y modos que MAR exhibe se contagian a la formación que ha de representar unas ideas tan defendibles como las mías ante la tribuna de la opinión pública. Un debate de ideas que ha de hacerse sin agresividad ni imposiciones, sino con respeto mutuo y diálogo civilizado. Cosa que MAR no sabe ni hace; es más, impide que se haga.

Porque quien de verdad tiene putrefacta la boca es este señor que jamás se ha comportado con dignidad ni ha respetado las instituciones ni los cargos por los que ha pasado, provocando la vergüenza en sus propios correligionarios decentes y honestos. Y, en contra de lo que él asume, no todo vale en política. Así, no. Yo no se lo consiento ni se lo voy a dejar pasar. Quede constancia.        

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