Utilizan lo soez y la agresión verbal como instrumento para
el debate político o ideológico, en vez de la confrontación de programas y
propuestas para los problemas que a todos conciernen como país. Y la verdad es
que es un recurso del que se valen todos los partidos o políticos en mayor o
menor medida, pero son los representantes de la derecha y la extrema derecha
quienes profieren de manera más constante exabruptos y ataques personales al
adversario político y, lo que es peor, insultos a simpatizantes o votantes de
otros partidos.
Ejemplo de ello es la última boutade de una alta
personalidad del gobierno de la Comunidad de Madrid, nada menos que el jefe de Gabinete de la presidenta madrileña, Miguel Ángel Rodríguez, alias MAR, famoso
por sus insinuaciones y acusaciones insidiosas, la mayoría de ellas gratuitas y
sin pruebas, aunque a veces, por esos misterios de la ceguera de la Justicia,
no solo quedan impunes, sino que sirven de base para querellas y hasta para
condenar al insultado o calumniado.
Tal es la especialidad a la que se ha dedicado este
individuo que ocupa un despacho oficial del que emana el argumentario utilizado
por su jefa, la ínclita Isabel Díaz Ayuso, cada vez que abre la boca cuando
quiere cuestionar al Gobierno de la nación y, en especial al presidente del
Ejecutivo, Pedro Sánchez, al que llegó a llamar hijo de p... desde la tribuna
de invitados del Congreso de los Diputados.
La boutade a la que me refiero ha venido servida en
unos tuits en los que el veterano y polémico político ha asegurado, como si
fuera vidente, que el Tribunal Constitucional absolverá al exfiscal general del
Estado, en respuesta al recurso presentado por este tras ser condenado por el Tribunal
Supremo por revelar datos reservados.
Pero, no contento con mostrar su desconfianza con la
independencia de tan alto Tribunal, ha aprovechado que estaba inspirado para,
de paso, agredir por escrito a los votantes socialistas, considerándolos como
“Un tercio de españoles podrido”.
Insulto que completa, por si no había quedado claro, con otro tuit: “Un
tercio de España está podrida. Apoya a Sánchez, Begoña, Ábalos, hermano de
Sánchez, Cerdán, putas, corrupción, macarras, muertos porque se lo llevan…,
Manipulación en RTVE, compra de medios de comunicación, compra de activistas…
Un tercio de España está podrida”. Y se ha quedado tan pancho.
Personalmente, me doy por aludido. Pertenezco a ese
porcentaje de población, según MAR, que vota a las izquierdas desde que se pudo
hacer en este país, tras la muerte del dictador Franco. Soy, pues, del grupo de
los podridos y no consiento la agresión sin defenderme, pero sin caer en
aquello del “y tú más”, sino enorgulleciéndome de lo que diferencia mis valores
de los que defiende el botarás Rasputín de Ayuso, es decir, del ideario de la
derecha.
Y lo haré con los modos y medios con que defiendo mis convicciones:
sin insultar ni desprestigiar a mis oponentes ideológicos y partidistas. Entre
otras cosas, aparte de por educación, porque estoy convencido de que con
diálogo y respeto todos podemos alcanzar acuerdos y lograr una convivencia
social en paz y libertad en el marco de las leyes y la democracia, sin
sectarismos ni imposiciones.
Cosa que este personaje insultador no puede ni sabe hacer.
El modelo social y económico que postula lo pretende defender mediante
mentiras, tergiversaciones, amenazas, campañas de desprestigio y bulos. Lo hace
ahora y lo ha hecho siempre, como ya en otra ocasión describí. No es de
extrañar, por tanto, que su última extravagancia tuitera reproduzca
calificativos que suele utilizar cuando busca confrontar con adversarios
políticos. Y que su elevado tono despreciativo provenga más del resentimiento y
el nerviosismo que de una estrategia de polarización.
Para desacreditarlos, envió un mensaje difamatorio a varios
medios, añadiendo, además, que los reporteros habían intentado entrar
encapuchados en el domicilio de la presidente de la Comunidad madrileña y que
habían “acosado” a los vecinos e, incluso, a “niñas menores de edad, en un
acoso habitual en dictaduras”.
Con ello intentaba contrarrestar lo que prefería que
permaneciera oculto o, cuando menos, pasara desapercibido entre una maraña de
bulos, ya que el mensaje lo difundió después de que un medio digital publicase
la noticia que la pareja de Ayuso había defraudado 350.000 euros a Hacienda. Y
él, como jede de Gabinete de la novia del defraudador, tenía que salir en
defensa del… presunto delincuente. Y lo hace a su modo y manera: inventándose
noticias, desprestigiando a profesionales y a la profesión periodística,
amenazando y coaccionando a cuantos pretendan averiguar la verdad, insultando y
agrediendo oral o por escrito a todo el mundo. Es la manera de comportarse de MAR,
lenguaraz y mezquino, como siempre ha sido.
Porque así defiende sus ideas este político que suele actuar
bajo la sombra de algún poderoso que lo proteja y cuide. Es su estilo desde que
era portavoz de Castilla y León, cuando elaboró una lista negra de periodistas
sospechosos de cuestionar al Gobierno regional; también desde la Oficina de
Información del PP, en la que aparece como pagador de dinero negro a una
presentadora de televisión; incluso desde la Secretaría de Estado de
Comunicación y ejerció de Portavoz del Gobierno de Aznar, desde donde amenazó
al entonces dueño de Antena3; y, ahora, en
su puesto de jede de Gabinete de Ayuso, desde donde hace y deshace a su antojo
para construir a una “lideresa” a su imagen y semejanza.
¿Debatir ideas, propuestas y programas? Quiá! Lo suyo es exclusivamente
insultar e intoxicar. Pero yo, como aludido, no se lo voy a permitir. Porque podrido
estará él. Y no porque yo lo diga, sino porque su currículo lo demuestra. Y sin
necesidad de recurrir de cuantificar cuántos ladrones, malversadores,
condenados, corruptos, manipuladores, acaparadores de instituciones y medios de
comunicación, tramposos y macarras hay más en sus filas que entre los
socialistas. No hace falta.
Pero lo grave y triste es que esas conductas y modos que MAR
exhibe se contagian a la formación que ha de representar unas ideas tan
defendibles como las mías ante la tribuna de la opinión pública. Un debate de
ideas que ha de hacerse sin agresividad ni imposiciones, sino con respeto mutuo
y diálogo civilizado. Cosa que MAR no sabe ni hace; es más, impide que se haga.
Porque quien de verdad tiene putrefacta la boca es este
señor que jamás se ha comportado con dignidad ni ha respetado las instituciones
ni los cargos por los que ha pasado, provocando la vergüenza en sus propios
correligionarios decentes y honestos. Y, en contra de lo que él asume, no todo
vale en política. Así, no. Yo no se lo consiento ni se lo voy a dejar pasar. Quede
constancia.


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