miércoles, 8 de abril de 2026

Matón, bocazas y mentiroso

Ya saben a quién me refiero. Con solo leer el título, cualquier persona medio informada enseguida relaciona esos adjetivos con un nombre. Sí, ese. Ese que, en su segundo mandato, está desatado, repitiendo lo que hacía en el primero, pero con más descaro, más destrozos y más soberbia, con la soberbia del inculto que está orgulloso de su ignorancia peligrosa. Y además vanidoso. Aun peor, zafio y poderoso, muy poderoso. El más poderoso del mundo. Todo eso junto es lo que define al personaje del que estamos hablando. Uno que se comporta como un matón de colegio, bocazas y mentiroso. El mismo del que está usted ahora mismo pensando, amigo lector.

Un matón que, porque está al frente de la primera potencia mundial, se cree que su país tiene derecho a imponer sus condiciones y reglas al resto del mundo, de dictar a los demás sus conveniencias, sin pararse a negociar ni pactar ninguna relación equitativa que tenga en cuenta las necesidades e intereses del resto de naciones del globo. Y lo hace por la fuerza, con amenazas, aranceles arbitrarios, sanciones unilaterales y, llegado el caso, con bombas, secuestros y asesinatos. Los ejemplos de Venezuela e Irán ilustran las opciones a las que recurre este matón.

Un matón letal que puede y hace lo que le da la gana. Máxime si se acompaña de otros de su misma calaña que, bajo la sombra protectora que él les proporciona, aprovechan para también imponer por la fuerza sus ambiciones y veleidades desquiciadas en sus respectivos ámbitos, sin importarles cometer genocidio contra un pueblo acorralado e indefenso en la mayor cárcel del mundo. O ampliar sus dominios anexionándose, naturalmente por la fuerza, de tierras soberanas de países vecinos con la excusa de poner la rayita de separación cada vez más allá para defenderse…, cuando son los demás los que deben defenderse de su constante ofensiva por ocupar todo lo que le apetece.

Es lo que hace ese palmero que usted está imaginándose, líder de un país que considera “enemigo” a niños por simplemente pertenecer al pueblo al que se le quiere arrebatar dominios ancestrales y se le está expulsando de sus tierras. Y que legisla, con alegría vergonzante, la pena de muerte por ahorcamiento -hasta un pin de una horca exhiben en las solapas para celebrarlo- para los ciudadanos de ese pueblo que sean considerados “terroristas” por no dejarse expulsar y arrebatar sus casas y parcelas.

Así las gasta el reyezuelo de un país que se considera elegido por Dios porque cree que está escrito en un libro que se tiene por sagrado que reine en aquellas tierras bíblicas… a sangre y fuego. Líder de aquellos que se consideran perseguidos y tachan a los demás de antisemitas si no les permiten hacer lo que se les ocurra por sus obsesivas y diabólicas cabezas. Derecho a defenderse, arguyen. Así son los matones: se juntan para dominar a los demás mediante los abusos y la fuerza que despliegan, protegiéndose mutuamente.

Pero, aparte de unirse a otros de su misma condición, el matón al que me refiero es bocazas. Tremendamente bocazas. Más de la mitad de su fuerza -que es inmensa- se le va por la boca. Habla y escupe insultos y vituperios contra los que se atreven a llevarle la contraria y no se amoldan a sus exigencias, al mismo tiempo que no para de proferir amenazas y presagios apocalípticos si no se satisfacen sus deseos y caprichos, si no se le rinde vasallaje.

Con el pelo dorado a su albedrío y su boquita de piñón, parecería un payaso si no fuera un lunático sumamente peligroso. Porque lo mismo advierte de querer apropiarse de Groenlandia si no se la regalan o se la venden, que de bastarse él solo para iniciar una guerra sin sentido cuando sus aliados se niegan a seguirle el juego. O cuando se batió en un duelo de aranceles con China para, al final, viendo que los chinos le mantenían o subían la apuesta, quedarse como estaba al principio. Incluso cuando dice estar pensando en abandonar la OTAN porque esa organización no apoya lo que está reglado, acordado y escriturado en sus estatutos que no puede hacer, que es iniciar una agresión en un área fuera de su área de influencia, ya que es una alianza defensiva de, por y para Europa y el Atlántico Norte. No agresiva a escala mundial.

Doblegarse ante un bocazas es perder la partida desde antes de enfrentarse a tamaño energúmeno, desaprovechando que podría retractarse, quedarse en nada, que su verborrea sea un farol, una táctica de negociación para achantar al adversario. Un fanfarrón que juega sin reglas, sin límites, sin honestidad.

Claro que nunca se sabe si va en serio o de fantasmón. Por eso hay que tener cuidado, sobre todo si se le enfrenta de manera solitaria, sin el consenso de otros que te apoyen y defiendan. Porque este matón bocazas es sumamente fuerte con los débiles, pero débil y claudicante con los fuertes. De ahí que ya empiece a ser bautizado como TACO, acrónimo con su apellido para decir que siempre se raja, se echa atrás.

Ni de Rusia ni de China ha conseguido obtener nada que esos países no hayan previsto de antemano conceder por mor de sus propios intereses. Rusia no ha transigido con la paz en Ucrania ni China se ha doblegado con los aranceles que pretendía imponerles el matón. Es más, esta última no se arredra de ser una potencia que compite por la supremacía global y no estar subordinada al orden mundial que emana del país del matón. Le echa el pulso, incluso, para volver a la Luna. Y el bocazas, chitón y a envainársela.       

Pero es que, para colmo, es mentiroso. Un mentiroso compulsivo que se inventa lo que desconoce, como buen ignorante, y afirma o asegura lo que le conviene o interesa. Ya durante su primer mandato, un periódico de Washington le computó miles de declaraciones falsas o engañosas, tantas que, durante aquella campaña, esa actitud fue descrita como “sin precedentes” en la política de su país.

No es de extrañar, pues, que él siga con mentiras, engaños y medias verdades como procedimiento útil y eficaz en su actual mandato, en el que un día dice una cosa y, al siguiente, la contraria. Una técnica de manipulación y propaganda que ni Goebbels hubiera podido imaginar hasta dónde llegaría. De cara al interior, la adoración y seguidismo de sus fieles al movimiento MAGA demuestra que con mentiras y engaños se puede alcanzar la presidencia de un país, ser el comandante en jefe de un poderosísimo ejército, aunque seas un botarate.

Y de cara al exterior, su incalificable e incomprensible comportamiento amedrenta y acojona, si tienes detrás al ejército más poderoso del mundo, a cualquier país o mandatario al que quiera humillar. Este matón bocazas es ejemplo vivo de que, en contra de lo que dicta la dignidad y la educación, con mentiras se consigue casi todo. Y ese casi todo, para él, significa hacer lo que le da la gana en su país y en el mundo entero. Y así va el mundo: sin orden ni concierto, con nuevas guerras y más abusos y atropellos. Y todo gracias a un matón, bocazas y mentiroso.

Ahora, póngale usted nombre y rostro a semejante criaturita, querido lector. Seguro que acierta.    

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