A veces, los hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa se condensan en pocas fechas, haciendo que los días no den abasto para desgranarlos y asumirlos como se debe. Son jornadas en las que pasa de todo, y todo al mismo tiempo.
Lo mismo un dictador de un país cerrado al mundo recibe a otro partidario de liquidar libertades y fronteras para darse un paseo, juntitos y sonrientes, en un cochazo que le regala el uno al otro por una carretera que simboliza a ambos: sin nadie que entorpezca ni al que respetar.
O un ultra de motosierra, carajo, que vomita odio cada vez que habla, es agasajado y condecorado por una admiradora ultra que comparte idioma, ideas y enemigos: los desfavorecidos, la justicia social y los impuestos. Y también defectos: no ven la viga en sus ojos, pero sí la paja en los ajenos cuando aluden al despilfarro del Estado, a las manos rotas de políticos y sus familiares o parejas y la falta de libertad que suponen los gobiernos no presididos por ellos. Parecen almas gemelas. ¿Serán imaginaciones mías? Ya soy incapaz de distinguir un suceso de otro.
Porque, en esos días apretados, también aparece, incluso, una fantasmagórica fundación -dedicada a la memoria de un fratricida guerracivilista- que se pretende hacer desaparecer después de medio siglo de una democracia que tuvo que esperar cerca de otro medio siglo para que la dictadura implantada por el fratricida muriera de muerte natural en su cama palaciega. Ningún país de nuestro entorno con pretéritas vergüenzas parecidas consiente que sigan al descubierto Mucha prisa no nos hemos dado. ¿Qué se estaba esperando?
Todo esto y mucho más en una misma semanita. Ya que si miras afuera, allende las vallas que intentan saltar los inmigrantes, la vista se te nubla de lo apretado del paisaje o paisanaje. Hechos que se atropellan unos a otros.
Un genocida, por ejemplo, no deja de masacrar a una población atrapada bajo los escombros de su mísero confinamiento sin que nadie sea capaz de detener tales asesinatos en masa ni la justicia, más ciega que nunca, lo condene eficazmente por lo que hace: cometer flagrante y descarado delito de lesa humanidad.
O que un agresor, casualmente el mismo autoritario partidario de liquidar libertades y fronteras citado más arriba, se permita construir una línea ferroviaria para enlazar su país con una península anexionada a la fuerza y a través del territorio ocupado militarmente de otro país, el invadido. Y todo por la cara de las bayonetas y la ineficacia del derecho internacional.
No sé si les parecerán pocos. Pero lo cierto es que todos estos hechos, al mogollón, sincronizados para disputarse titulares en los periódicos, suceden justamente cuando más dificultades tengo para leer y discernir con claridad por culpa de unas cataratas oculares y, me temo,¡ ay! mentales. Es lo que me hace exclamar: ¡Vaya semanita, Che!
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