viernes, 7 de junio de 2024

La Europa por la que voto

Nunca he votado en unas elecciones europeas con tanta preocupación e interés, como si me afectara personalmente, como en esta ocasión. Esta vez me siento obligado a participar por defender con mi voto la Europa con la que sueño, que deseo y, en definitiva, por la que acudiré a las urnas. La Europa por la que voto. Esa Europa que busca su espacio político entre el neoliberalismo imperialista de EE.UU. y el imperialismo postcomunista neocapitalista de Rusia, dos gigantes que desearían que el sueño europeísta acabe en pesadilla para que ellos sigan dominando el mundo, incluida Europa, a su antojo y conveniencia.

Voto por esa Europa libre, tolerante e ilustrada que desde antiguo ha inquietado a los más excelsos hijos de este espacio continental, como Erasmo de Rotterdam, iluminados por un bagaje cultural común que, más allá de lenguas y países, se remonta a la antigüedad greco-romana, el cristianismo, el Renacimiento o el Siglo de las Luces. Lo que tantos años, guerras y enfrentamientos ha tardado en construirse hasta llegar a ser esta comunidad supranacional de valores e intereses compartidos, este espacio de democracia, progreso, paz y libertad, puede ser destruido por quienes desearían que Europa vuelva a ser un mosaico de países egoístas y autoritarios, animados por un renovado espíritu totalitario, que sólo velan por su interés particular.

La actual configuración democrática de Europa, nacida de las cenizas de la Segunda Guerra mundial y que pivota sobre un Parlamento Europeo que representa a los ciudadanos de los países miembros para hacer un control político de las demás instituciones de la Unión , puede verse radicalmente afectada o, lo que es peor, infectada por el virus ultraderechista del fascismo. Una enfermedad que no deseo para la Europa que quiero y por la que voto.

Mi voto es, pues, una vacuna contra el mal que se cierne sobre Europa y que puede llegar a destruirla. Puede destrozar ese sueño compartido que anhela no estar supeditado a la economía, sino que aspira a materializarse en políticas que antepongan los Derechos Humanos de todos los ciudadanos, protejan el Medio Ambiente, combatan el cambio climático, erradiquen o minimicen los riesgos de la naturaleza, la enfermedad o la desigualdad y la pobreza, y eviten que ninguna guerra o enfrentamiento bélico estalle entre nosotros, en Europa.

La Europa por la que voto es para evitar que tengamos que recordar, parafraseando la obra de Stefan Sweig, `la Europa de ayer´ y lamentemos dejar crecer, otra vez, si me abstengo, el ocaso de la libertad por entregar este sueño al ultranacionalismo insolidario y excluyente de la extrema derecha que pugna por ser, gracias a las facciones ultras de Abascal, Meloni, Le Pen y otros, la primera fuerza del Parlamento Europeo. Un peligro bastante probable porque, como advertía Sweig, es “el momento de estar alerta”, ya que “las fuerzas que empujan hacia el odio (son), por su misma naturaleza vil, más vehementes y agresivas que las conciliadoras”. (El mundo de ayer).

Si perdemos el sentido de que los intereses comunes y valores compartidos deben predominar sobre las preferencias particulares y el beneficio individual, que es el mensaje embaucador de la extrema derecha, permitiremos que nos conviertan en simples consumidores, no sólo en nuestra vida económica, sino también en la política. Tal es la estrategia ultra que quiero combatir con mi voto, pues lo que busca la extrema derecha es amortiguar nuestra confianza en el proyecto europeo, instalándonos en la incertidumbre elevada al paroxismo del miedo colectivo, como preconizaba Tony Judt en “Algo va mal”. Porque, cuanto más ingenuo sea un pueblo, tanto más fácil resulta embaucarlo con histerias colectivas, como las de que los inmigrantes son todos delincuentes, los agricultores soportan una “burocracia” (controles) europea desmedida o los gobiernos son todos corruptos y traidores.

Contra todo ello es por lo que voto porque, en definitiva, somos hijos de la democracia de Grecia. Esta es la Europa con la que sueño y por la que voto.

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