domingo, 4 de agosto de 2024
Sevilla y agosto
El sol pega fuerte. Es lo normal en agosto por estas
latitudes del sur de España. Lo sorprendente es que hiciera fresco. Lo habitual
son días infernales y noches tropicales en las que no corre ni una brizna de aire, un aire recalentado que permanece sin renovarse en el interior de unas viviendas
castigadas por el calor. La única manera de combatirlo es manteniéndolas a la
sombra durante todo el día, con las persianas bajadas y las ventanas cerradas.
E intentar que los ventiladores sirvan para aliviar el bochorno de unas
estancias en las que no te libras de sudar al mínimo esfuerzo. O mantener el
aire acondicionado encendido si el sofoco es insoportable y no te importa el
recibo de la luz a final de mes. A veces, como un milagro que se apiada de los que
sufren este infierno, las noches parecen bendecidas por una brisa fresca que te
permite descansar con las ventanas abiertas, procurando que el aire circule entre las habitaciones. Entonces sueñas a pierna suelta mientras
las estrellas parpadean en el cielo oscuro, Y crees que el verano está próximo
a acabar. Hasta que al día siguiente vuelve a apretar el calor. Se trataba solo
de un respiro con el que soportar la estación más inclemente del año, al menos
por estas fechas en estas tierras. Así es agosto en Sevilla, una maravilla para
las chicharras y los frioleros. Aunque tiene su encanto, no crean. Es cuestión
de saber combatir tanto calor y no desesperarse. El otoño acabará sustituyendo
al verano y se podrá respirar sin tener que abrir la boca. Paciencia.
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