Aseguran los entendidos que hoy es el día más corto con la noche más larga del año, la jornada de menos horas de luz con la oscuridad nocturna más duradera. Desde hoy los días empiezan a alargarse hasta conseguir que el Sol y la Luna coincidan en el cielo en esos atardeceres tardíos del verano. Un fenómeno tan asombroso que los antiguos creían que tales cambios en la duración del día eran debido al capricho de dioses empeñados en confundir y atemorizar a los moradores de aquel mundo de ignorancia y tinieblas. Ahora, gracias a la experiencia y la ciencia, se sabe que todo es producto del solsticio de invierno, el punto orbital en que la posición del planeta respecto al Sol, por la inclinación de su eje, hace que el hemisferio norte reciba menos luz directa. La astronomía ofrece precisas razones para el inicio de lo que, sin necesidad de tanta sabiduría, conocemos como invierno, aunque climáticamente este ya empezara a manifestarse en el ambiente y obligara a la gente a sacar abrigos y calentadores para combatir los primeros fríos que empañan los cristales de las ventanas. Un conocimiento que satisface plenamente a la razón, pero despoja de poesía los misterios de la naturaleza. Con todo, bienvenido sea un invierno que ha alimentado, con su helado aliento, tanto las supersticiones como el saber de los hombres a través de los siglos, sin fallar nunca al ciclo de las estaciones. Hoy comienza oficialmente el invierno.

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