miércoles, 16 de octubre de 2024

Soberana barbaridad

Disfrutó de tantos privilegios que acabó creyéndose intocable. Y lo era, pero ya no engaña a nadie. Cuando ejercía de “jefe supremo” se comentaba en voz baja que de vez en cuando cometía deslices inapropiados, pero cuando fue cazado en Botswana en uno de esos deslices inapropiados para una institución suprema como la suya, la cosa ya no se pudo ocultar más. Como soberano cometía barbaridades sin freno, por lo que tuvo que abdicar para proteger, no a su persona puesto que era intocable, sino la credibilidad y continuidad de la institución que encarna y carga sobre su cabeza. Pero lo último desempolvado acerca de sus correrías indecorosas  de hace tres décadas avergüenza hasta a sus propios aduladores y protectores. Son de una soberana barbaridad. Y nunca mejor empleados estos términos literal y figuradamente.

Porque ya no es que se sospeche que el supuestamente campechano era irrefrenablemente mujeriego y saltimbanqui, sino que se confirma documentalmente que era de bragueta fácil, comisionista sin escrúpulos, delincuente fiscal  y malversador de fondos públicos. Pero sigue siendo intocable, aunque se ha retirado, en un exilio voluntario, a un país amigo de desiertos remotos, donde lo visitan periódicamente amigos, alguna hija sentimental y algún nieto aspirante a la buena vida. Pero no está lejos de su país, sino de su hijo varón y sucesor en el trono a fin de evitar mancharlo con las salpicaduras de su cochambre impúdica, tan impropia de su condición como jefe supremo o, mejor dicho, de exjefe supremo, es decir,  jefe emérito, con asignación económica, personal adscrito, escoltas de seguridad y demás gastos a cargo de los Presupuestos del Estado. Se lo cree merecido todo por ejercer un cargo vitalicio de suprema relevancia y, salvo en una ocasión, no recuerda haber hecho nada de lo que deba disculparse. Lo dicho: se cree intocable.

Pero, para  representar a una institución que se reinstauró por capricho de un dictador, que no fue elegida democráticamente por los ciudadanos y que se renueva por linaje hereditario como en tiempos medievales, poco ha hecho el intocable por dignificar su propia razón de ser y garantizar la aceptación y continuidad de su estirpe con la ejemplaridad de su conducta y dedicación como símbolo supremo de nuestro sistema político. Era lo único que tenía que hacer a cambio de vivir como un rey sin dar golpe. Pero no. Estaba convencido de que era intocable, que lo es, pero se excedió, acumulando riquezas de procedencia inconfesable y dando vía libre a sus picores de entrepìerna, por decirlo coloquialmente, a causa de una pulsión incontenible que lo entronca con el derecho de pernada de algunos de sus antepasados en el puesto. Y es que,  además de intocable, se creía el más guapo y listo del mundo, dejando un reguero de historias de vodevil que, si no fuera porque las pagamos a tocateja entre todos, a nadie le importaría un bledo. Allá él con su moral y su reputación. Total, no eran más que bribonadas de un rijoso ambicioso, como muchos de los que abundan entre los recios machos con posibilidades y privilegios, tan católicos y patriotas ellos de cara a la galería.

Pero una de sus “amigas” lo ha cazado. Lo cazó hace más de 30 años, cuando se entregaban al fornicio feliz y despreocupado, amparados por la opacidad de su estatus supremo y la protección de los servicios más secretos del Estado. Y lo que solo eran sospechas que se callaban, ahora se acaban de confirmar documentalmente para sonrojo de súbditos y.alcahuetes. Grabaciones de audio y de vídeo que muestran las debilidades humanas de quien debía representar con su persona al país como símbolo supremo del Estado. Pero lo conocido repugna y da asco. El mismo que provocaría ver usar la bandera nacional, otro símbolo del Estado, de papel higiénico. Pero, entiéndase bien, el asco no es por las calenturas del intocable ni porque se constate ahora que se bajaba los calzoncillos para refocilarse en alcobas ajenas y se le fuera la lengua entre las sábanas, cual bocazas encoñado, sobre nuestros representantes políticos y otros asuntos todavía turbios de aquella Transición que tanto nos vendieron como modélica. Sino porque sus sinvergonzonerías eran silenciadas generosamente con pagos millonarios a cargo de las arcas del Estado y perfectamente toleradas y protegidas por el gobierno, militares, empresarios, medios de comunicación y demás instituciones compinches de sus deslices impropios e inaceptables, sin que ningún juez, de esos que gustan instruir  prospectivamente hasta hallar algún indicio delictivo, haya osado mirar a palacio. Era y continúa siendo intocable.

Y eso es lo verdaderamente repugnante y preocupante de lo que ya es notorio y se publica sin cautelas regias. Esa total impunidad del intocable para cometer sus fechorías, que no consistían sólo en “regalar” dinero a cambio del silencio de sus víctimas, sino sus elusiones fiscales, su evasión de capitales, sus fundaciones opacas, sus cuentas bancarias en paraísos fiscales, sus delitos por malversación de caudales públicos y, para colmo, su inviolabilidad con la que obligaba al Estado a hacerse cargo de las gratificaciones entregadas a sus despechadas `amigas´ por los servicios carnales prestados. Todo un truhán y un señor, como cantaba aquel.

Un tinglado de complicidades en las más altas instancias del Estado para supuestamente defender el andamiaje político que se construyó en la Transición sobre la institución que el intocable representa. Y que no dudó en valerse de los servicios de inteligencia para “limpiar” las sucias huellas de sus deslices inapropiados, como cuando sometieron a acoso a la empresaria alemana, con la que cruzó continentes en secreto y se dejó fotografiar en actos oficiales sin rubor alguno mientras vivieron un romance, por negarse a devolver los 100 millones de dólares que el intocable le había regalado en forma de “donación irrevocabñle” y que después reclamaba. Un dinero, por cierto, obtenido de un país árabe rico en petróleo por la adjudicación de las obras del  tren de Alta Velocidad. Y un romance que acabó en pleito y puso al descubierto la catadura de unos personajes que vivían, entre achuchones, un mundo de adulterios, codicia, corrupción, espionaje y cacería de elefantes.    

O cuando aquella otra, conocida por su afición a deslumbrar como vedette, que después de una relación de más de 15 años, recibió 25 millones de las antiguas pesetas por no hacer público el material que grabó, la muy cuca, de sus encuentros. Y que no contenta con ello, logró un acuerdo por el que, además obtendría otros 600 millones de pesetas (3,6 millones de euros), divididos en un primer desembolso de 100 millones y el resto en pagos anuales de 50 millones, durante 10 años, por destruir esas grabaciones. ¿Qué contenían de tanto valor?

Indudablemente, su valor radica no sólo en las  acrobacias amatorias de sus protagonistas, sino en las insinuaciones y confidencias que se hacían entre ellos, referidos, entre otros asuntos, a lo que sabía el intocable sobre el frustrado golpe de Estado antes de que produjera. Comentarios bajo las sábanas acerca del general Alfonso Armada, preceptor militar y secretario de su casa durante 12 años, quien, por su implicación en la intentona golpista, “ha pasado siete años en la cárcel, cariño, se ha ido a su pazo de Galicia y el tío jamás ha dicho una palabra. ¡Jamás! En cambio, este otro está largando…” El otro al que se refiere el intocable es Sabino Fernández Campo, también jefe de su casa hasta que prescindió de él y que, según el libro de memorias de José Bono, dijo que el intocable no esperaba tiros cuando escuchó los disparos en el Congreso el día del golpe. ¿Esperaba algo el intocable?

Demasiada impunidad y demasiadas zonas oscuras en el desempeño de las supremas funciones del intocable que deberían ser esclarecidas y corregidas por el bien de nuestra convivencia en democracia y para no tener que transigir con similares barbaridades soberanas en el futuro. De lo contrario, sería preferible modificar el sistema por otro en que el jefe supremo no sea intocable y fuera elegido cada cierto tiempo por los ciudadanos, sin más historias. Digo yo.       

viernes, 11 de octubre de 2024

Un otoño a tiempo

El otoño ya empieza a teñir de ocres y pardos los árboles y plantas en campos y ciudades. Sus brisas frescas se adelantaron unas fechas al inicio oficial de la estación para refrescar la despedida del verano. Pero las lluvias han sido puntuales a la hora de regar una tierra sedienta y seca, que necesitará mucha más agua para que ríos, embalses y acuíferos recuperen sus niveles normales y alejen el espectro de la sequía. El otoño, pues, ha llegado a tiempo, acompañado de sus nubes en el cielo y su frescor en el aire. Y, también, de sus días más cortos y noches tempranas, de las hojas en el suelo y las berreas en los bosques. De los primeros humos en las chimeneas y las huidas los fines de semana a la sierra. Las lecturas en el rincón favorito bajo la luz cálida de una lámpara y las sábanas arropando nuestros sueños e ilusiones. No hay duda, el otoño ha venido a tiempo y refulge en nuestros ojos con la luz tamizada de un despertar esperanzador. Bienvenido seas, otoño.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Perdón por descubrir América

Todo imperio ha cometido actos violentos y actos civilizatorios en sus colonias. Unos y otros, que no tienen que ser opuestos entre sí, acaban siendo actos deplorados o resaltados en las revisiones históricas que el transcurrir del tiempo posibilita, en función de las perspectivas con que se acomete la tarea, ya sea desde el punto de vista de la potencia o de la colonia. Pero todas esas visiones no dejan de ser sesgadas al basarse en una valoración parcial, poco objetiva y escasamente académica de los acontecimientos del pasado. Es lo que ocurre con la controversia surgida entre México y España a raíz de la exigencia  epistolar del exmandatario Andrés Manuel López Obrador, quien en 2019  envió una carta al rey de España reclamándole que pidiera perdón por los excesos cometidos, hace cinco siglos, contra los pueblos originarios de un México que entonces no existía, durante el descubrimiento y la colonización de América, al objeto de proceder a una reconciliación (?) histórica entre ambas naciones.

Cinco años después, España sigue sin responder a la misiva. Y el conflicto se ha enconado hasta el punto de que las relaciones diplomáticas se mantienen “en suspenso”, a pesar de que las comerciales y culturales continúen en vigor. Por ello, la nueva presidenta que sucede, tras las elecciones, a López Obrador no ha invitado al rey de España a la ceremonia de su toma de posesión, razón por la que ningún miembro del Gobierno español asistirá oficialmente al evento. Hasta aquí la lectura política  de la crisis. La otra, la histórica, es mucho más compleja.

Porque, aunque es cierto que la historia la escriben los vencedores, lo primero que llama la atención de este artificial embrollo es su pretensión de reescribir la historia, juzgando actos de hace más de 500 años desde consideraciones contemporáneas. Asimismo, es también llamativo la vía poco diplomática o nada académica escogida para emprender una necesaria reflexión histórica sobre un pasado que comparten otros países iberoamericanos del continente, además de México. Y es, precisamente, esa vía extemporánea, con exigencias e imposiciones, lo que puede que haya motivado la falta de respuesta y el silencio del rey de España, destinatario personalizado, junto al papa Francisco,  de la carta del expresidente mexicano. Y es que las formas o modos condicionan las relaciones y los resultados de cualquier iniciativa, incluso la de volcar nueva luz para interpretar hechos históricos. No es de extrañar, por tanto, que en nuestro país el rechazo a pedir perdón haya sido generalizado, salvo en sectores de la izquierda nacionalista o independentista.

Además, la petición exuda, por el contexto en que se hace, quien la hace y cuando la hace, un deliberado tufo nacionalista que, interpelando a las emociones antes que a razones o hechos objetivos, es propio del populismo que practica al Gobierno de López Obrador. En ese sentido, la iniciativa parece responder, con una mezcla de ideología y viejos relatos parciales de la Historia, más a la necesidad de entusiasmar a su propio electorado que a la búsqueda de un conocimiento histórico objetivo..Se trata, en fin, de una tendencia que promueven formaciones populistas y extremistas en otras partes del mundo, y que se basa en un pasado imaginario de pureza virginal supuestamente mancillado por esa diversidad racial, religiosa y cultural que las invasiones o las migraciones han propiciado en muchas naciones a lo largo del tiempo. Es como si, como señala el historiador Enrique Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea de la universidad de Extremadura, nos pusiéramos a exigir que “los cromañones pidan perdón a los neandertales, a los musulmanes por haber invadido la Península, a los godos por invadir la Hispania romana…”, etcétera. Un auténtico disparate.

En cualquier caso, Europa –y no solo España- debería revisar, con menos chauvinismo y más objetividad, el relato de su historia expansionista y las relaciones con sus excolonias, reconociendo las atrocidades y abusos cometidos, pero teniendo la precaución de evitar, en tal empeño, el uso presentista de unos hechos que, aunque su simbolismo como proceso civilizatorio haya quedado desfasado, continúan influyendo en la construcción de identidad y forma de ser que caracteriza a las comunidades iberoamericanas, y que en el presente sirven de base para las exigencias de derechos y libertades, como los que ampara cualquier democracia contemporánea.

Porque echar culpas al pasado no es más que una estrategia oportunista para desviar la responsabilidad por problemas del presente. Así, exigir disculpas por hechos acaecidos en época anterior a los estados nacionales es lo más parecido a soslayar el hecho de que muchas de las actuales repúblicas latinoamericanas han cometido graves procesos de genocidio sobre pueblos originarios, como revela el historiador de la Universidad de Santiago de Chile, Fernando Paincan, especialista en temas indígenas.

De ahí que, más que exigir un perdón que sólo quedaría en vacua retórica, sea preferible abordar serena y metódicamente una reflexión acerca de la forma en que se explica y enseña el momento histórico del "descubrimiento” de América, de manera que incluya a todos los participantes de ese encuentro entre dos mundos, tanto a los pobladores indígenas y los africanos llevados a esas tierras como a los conquistadores españoles, que es lo que propone Miguel León-Portilla en su libro “Visión de los vencidos” (1959).  Entre otras razones, porque cuando se afirma que Colón descubrió América, no nos referimos a un hecho, sino que hacemos una interpretación de un hecho  en función de la perspectiva eurocentrista, tradicional e idealizada con la que se cuenta la historia unilateralmente, desde una única voz.

Con nuevos paradigmas historiográficos que amplíen las visiones rígidas de la historia, se podrían estrechar las relaciones de España con sus excolonias, no solo por esa reconciliación torticera que exige el exmandatario mexicano, sino para analizar nuevas formas de entender el devenir mutuo desde la honestidad y la comprensión recíprocas. Para ello, habría que dejar de lado el eurocentrismo imperialista, pero también la hispanofobia que forma parte de la cultura popular mexicana y que tiende a olvidar que México fue el primer país latinoamericano al que España reconoció como república independiente. ¿Acaso habría que pedir perdón también por eso?

domingo, 22 de septiembre de 2024

Dime con quién andas…

No solo los publicistas y diseñadores gráficos en su quehacer cotidiano como propagandistas mercantiles o ideológicos, sino cualquier persona consumista –y todos lo somos- saben que una imagen vale más que mil palabras. Aunque mil palabras, incluso si son mentiras, de tanto repetirlas puedan convertirse en una verdad que se acepta y se interioriza. De lo último es ejemplo esa encuesta del CIS que señala la inmigración como el primer problema que preocupa a los españoles. De tanto reiterarlo interesadamente el populismo de derechas, hemos creído que la inmigración es el problema más importante de España, aunque en realidad ni nos afecte personalmente. Y de lo primero, las dos fotografías que muestran, de un vistazo, la diferencia ideológica que separa a los dos líderes políticos con capacidad de gobernar en nuestro país, evidencian el notorio poder de la imagen. Con solo mirarlas, basándonos en el refranero, podemos hacernos una idea de cómo piensan y de qué pie cojean sus protagonistas al ver quienes los acompañan: Feijóo con Meloni y Sánchez con Abás. Sus afinidades delatan sus idearios políticos y su sensibilidad social, sin necesidad de más discursos ni retóricas.

Alberto Núñez Feijóo, el líder que prometía moderación al Partido Popular cuando fue elegido presidente de la formación, ha acabado asumiendo las tesis exageradas de la extrema derecha para azuzar el miedo y el odio al inmigrante con finalidad política. Y por eso, no duda en retratarse junto a Giorgia Miloni, primera ministra de Italia y líder del partido reacconario Fratelli d´Italia, para subrayar que el modelo de la italiana contra la inmigración es el que desea para España. Dicho modelo consiste en financiar a terceros países extracomunitarios (sin importar que no respeten los derechos humanos) donde expulsar a los inmigrantes que llegan al país. Y lo hace porque el miedo y el rechazo que se consigue instalar en la mente de los ciudadanos, aunque no responsa a la realidad, se traducen en votos. De ahí que continuamente se martillee a los ciudadanos con mensajes sobre si los inmigrantes roban y violan, nos quitan el trabajo, nos desnaturalizan con su cultura, costumbres y creencias religiosas, nos invaden y acaparan nuestros recursos, hasta convertirlos en el mayor problema de España. Con solo ver con quien anda, sabemos cómo es y qué pretende Feijóo si llega a gobernar. No hace falta más.

Lo mismo sucede con Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, quien aparece en la foto con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, justamente cuando parte del territorio palestino está siendo arrasado y la población civil masacrada por el Ejército de Israel en venganza por el ataque terrorista que milicias armadas palestinas, en octubre del año pasado, efectuaron contra poblaciones hebreas fronterizas, dejando 1.200 muertos y más de 200 israelíes secuestrados. Se trataba de la primera visita a España del Jefe de Estado palestino desde que en mayo pasado el Gobierno español reconociera como Estado a Palestina. Y presentarse junto al líder palestino significa posicionarse contra la catástrofe humanitaria que sufre la población de Gaza, pero también la de Cisjordania, apostar por la solución de los dos Estados como única vía para que la paz reine en la región y denunciar la vulneración del derecho internacional y el menosprecio a la legalidad de las resoluciones de la ONU. Al “andar” con Abás en vez de con Netanyahu, Sánchez nos hace saber que prefiere el diálogo, la negociación, la paz y el respeto al orden internacional basado en normas. ¿Se necesitan más explicaciones con esta imagen?

Desde luego, las ideologías de uno y otro son opuestas y divergentes sus propósitos políticos. Ello queda de manifiesto al observar las fotografías. Y, aunque la expresión de que una imagen vale más que mil palabras es un adagio que se atribuye a Henrik Ibsen, en esta ocasión parece confirmarse, ya que ambas fotos transmiten el pensamiento o tendencias de sus protagonistas con mayor objetividad y efectividad que una descripción detallada efectuada por escrito o por vía oral.

Y es que, a veces, el refranero es útil para conocer mejor a nuestros dirigentes, ya que por los amigos y ambientes que frecuentan podemos advertir su personalidad y las influencias de su comportamiento. No es algo científico, desde luego, pero contribuye a orientar nuestro criterio. “Una imagen vale más que mil palabras” y "dime con quién andas y te diré quién eres” son refranes que nos ayudan a ello. Al menos, para elaborar este comentario.   

martes, 17 de septiembre de 2024

Los OVNIs de finales del franquismo

Que los ovnis constituyen un fenómeno sociológico durante las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado en España, nadie lo niega, menos si, como en mi caso, no solo se ha sido testigo, sino partícipe activo de aquella “movida”. Eran tiempos en que aparecían con relativa frecuencia noticias en la prensa relacionadas con avistamientos de extrañas luces en el cielo que desafiaban toda lógica y las leyes físicas. Hasta medios de presunto rigor y seriedad periodística, como ABC, no pudieron evitar informar acerca de supuestas naves de origen desconocido sobrevolando campos o ciudades, y dedicaron un generoso espacio en sus páginas para tratar un tema que era de “candente actualidad”, como se diría hoy, y, por tanto, informativamente rentable. Por ello, no les parecía estrambótico encargar y publicar una serie de entrevistas a investigadores y representantes conocidos en aquel entonces del denominado  fenómeno ovni. Un fenómeno que surgió de súbito y mantuvo su interés durante muchos años, justamente cuando la sociedad española avistaba el final de una dictadura y sus prohibiciones comenzaban a relajarse, augurando la inminente bocanada fresca de  las libertades sociales, morales y políticas. Tal vez una cosa nada tenía  que ver con la otra, o quizás sí. Lo que es seguro es que con los años, y con la edad, todo se percibe de distinta manera, se contextualiza con menos apriorismos, sin los impulsos e impaciencias que caracterizan a los contemporáneos, sobre todo si son jóvenes, de cualquier emergencia, ya sea hormonal o sociológica.

Y es, precisamente, desde esa perspectiva con la que una exposición trata de ilustrar la incidencia del fenómeno ovni en la España que transitaba, en aquellos años, del final del franquismo a la restauración de la democracia. Nos referimos a la exposición fotográfica que acaba de inaugurarse en el Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) de Almería, bajo el título de Spanish Files, que sugiere que se rescatan los "expedientes X" del posfranquismo y albores de la democracia. La muestra, obra del fotógrafo José Luis Carrillo (Alicante, 1977), persigue brindar un interesante recorrido fotográfico y documental de la España de aquellos años, cuando los casos de avistamientos y encuentros con ovnis abundaban por toda la geografía del país y todo tipo de incidentes extraños eran reportados, vividos por testigos de toda condición, y documentados y catalogados por una miríada de entusiastas investigadores obsesionados con el denominado fenómeno ovni. Así nació la ufología, una “ciencia” que trataba de entender y estudiar un fenómeno que escapaba del análisis científico, pero que, sin embargo, generó la eclosión de investigadores, metodologías, asociaciones, casuísticas, conferencias, informes, boletines, revistas, libros, programas radiofónicos, películas y series de televisión que, durante décadas, contribuyeron a la “popularidad” de los platillos volantes, como se conocía vulgarmente a los objetos voladores no identificados y su acrónimo ovni. Tal sarpullido social es el objeto de Spanish files, una exposición que es fruto de cuatro años de trabajo de su autor, el fotógrafo José Luis Carrillo.

Pero, en vez de fijar el foco en el denominado fenómeno ovni, la muestra se centra en la mirada de testigos e investigadores, en las personas a las que el fenómeno ha impactado de alguna manera y les ha cambiado la vida para siempre. Busca retratar un tiempo y una generación de personas que se vieron influidos por esas extrañas apariciones hasta el punto de generarles no solo curiosidad, sino también inquietudes, motivaciones y anhelos. Y para ello, la exposición combina la fotografía de creación contemporánea con la relectura de archivos a fin de comprender como los platillos volantes se convirtieron en una nueva mitología del imaginario colectivo.

Al fotógrafo, como reconoce en una entrevista en el digital elDiario.es, le empezó a interesar sobre todo la parte humana de todo aquello, poniendo el foco en lo sociológico y antropológico de aquella fiebre ufológica. Y descubre que las primeras personas que, durante la Transición, mostraron curiosidad por el fenómeno no eran chiflados, sino “verdaderos intelectuales, literatos y científicos (que) encontraron en el tema de los ovnis un lugar en el que abrirse”. Además, entre los testigos de los avistamientos y encuentros “había gente de lo más normal y corriente, con estudios y formación, junto a otros con algún trastorno psicológico”, determinando que la comunidad de contactados no hiciera distingos entre estratos sociales o niveles educativos. Tanta atracción e interés despertaban estos fenómenos que, sin necesidad de redes sociales, muchos aficionados y curiosos organizaban quedadas ufológicas donde se suponía podrían darse avistamientos o se reunían en lugares en los que ya se había producido algún caso.    

La idea de que los extraterrestres pudieran visitarnos solo era combatida por  escépticos acérrimos o descreídos con una teoría que consideraban fruto de la fantasía. Es preciso recordar que los finales del franquismo eran años de tensión social e incertidumbre, caracterizados por el temor a un posible retorno a lo ocurrido antes de la Guerra Civil, como sucedió en EE.UU. al final de la Guerra Fría. Desde ese contexto, es posible hacer una lectura psicológica del fenómeno, como hace Carl Gustav Jung en su libro “De cosas que se ven en el cielo”. E, incluso, podría extraerse una interpretación religiosa, en la que, lo que antes eran ángeles, ahora son los extraterrestres, puesto que el ser humano sigue con la necesidad de creer e indagar en lo desconocido. Y el fenómeno ovni permite toda una amplia gama de lecturas, algunas de las cuales guardan consonancia con lo religioso a través de mensajes o discursos mesiánicos centrados en la necesidad de amor e igualdad,

Toda esa influencia del fenómeno ovni en la España y en la generación de aquellos años, desde un punto de vista social o, si lo prefieren, cultural  y antropológico, es lo que pretende mostrar con sus fotografías y documentos la exposición de Spanish Files, que se exhibe en Almería hasta el 24 de noviembre. A buen seguro, los ufólogos no se la perderán.