Pero antes de que todos esos pasos previos se completen, el
presidente norteamericano ha querido materializar el último de ellos con la
creación de la llamada Junta de Paz, un organismo pensado para que Trump ejerza
el control directo sobre el futuro del territorio palestino e, incluso, pueda
sustituir a la ONU en la resolución de conflictos.
A tal efecto, EE UU ha invitado a líderes de todo el mundo a
formar parte de la Junta de Paz con el objetivo de dotar de mayor credibilidad
y peso internacional a un organismo que, más adelante, podría convertirse en la
institución que supervise, bajo las directrices de Trump, cualquier conflicto
en los que participe como mediador.
Y como no podía ser de otro modo, Donald Trump se ha
asegurado su control total, ya que será presidente indefinidamente de la Junta
y tendrá potestad de aprobar qué Estados o líderes pueden ser miembros o no de
ella, además de tener autoridad para vetar cualquier acuerdo o decisión que se
adopte en su seno. De entrada, ha exigido que, para ser miembro permanente, hay
que abonar mil millones de dólares (920 millones de euros), un fondo que, según
el borrador de la carta fundacional, será el propio Trump quien lo controle.
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| Gaza en la actualidad |
Otros países, en cambio, como Francia, Suecia, Noruega,
España y la UE como institución, han declinado la oferta. Y algunos todavía la
están estudiando, caso de China y los países bálticos.
Es curioso que la mayoría de líderes que ha aceptado formar
parte de la Junta tenga una tendencia reaccionaria, comprensiva con los
objetivos del mandatario norteamericano de alterar el orden mundial, está
alineada con la política estadounidense y, por supuesto, simpatiza con Israel y
su política de expansión sobre el territorio palestino y la consiguiente
expulsión de su población árabe.
También es significativo que ningún palestino haya sido invitado
a formar parte de la Junta ni que representantes del Gobierno Autónomo
Palestino, rival de Hamás y legítimo representante democrático del pueblo
palestino, figuren en ella. Al parecer, la paz de Gaza compete al agresor y sus simpatizantes, no al agredido y prácticamente aniquilado pueblo palestino
de Gaza. Todo para Gaza pero sin los gazatíes, parece la consigna.
Entre tanto, Trump también ha elegido un Comité Ejecutivo
subordinado a la Junta de Paz con personas de su máxima confianza, como Marco
Rubio, secretario de Estado de EE UU; Jared Kushner, su yerno; Roberto Gabriel,
asesor de Trump; Steve Witkoff, millonario propietario de una inmobiliaria;
Marc Rowan, otro multimillonario, Ajay Banga, presidente del Banco Mundial, y
Tony Blair, exprimer ministro británico, cuestionado en Oriente Medio por ser
coartífice de la invasión ilegal de Irak.
También ha designado a dos consejeros para la Junta, Aryeh
Lightstone y Josh Gruenbaum, que serán los encargados de las “operaciones y
estrategia del día a día”, junto al diplomático búlgaro Nicolai Mladenov como
Alto Representante para Gaza, algo así como el enlace entre la Junta y el
Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en
inglés), una especie de Gobierno de tecnócratas sin apenas margen de maniobra,
ya que estará supervisado por la Junta de Paz, por el Alto Representante y por
el Comité Ejecutivo.
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| La Gaza que se proyecta |
En lugar de exigir responsabilidades por la devastación de
Gaza, articular políticas que garanticen la coexistencia de un Estado israelí y
otro palestino, en pacífica convivencia (la "solución de los dos Estados" acordada por la ONU), y acompañar y asesorar al pueblo palestino para que
ejerza su voluntad política como democráticamente decida, la Junta de Paz
parece orientada a mantener las estructuras colonialistas en Gaza, permitiendo
que los grandes detentadores de capital, Trump entre ellos y esos
multimillonarios que lo acompañan, asuman en su beneficio la reconstrucción e,
incluso, establezcan un dominio internacional indefinido sobre la Franja, manteniéndola
separada de Cisjordania e institucionalizando, así, la fragmentación palestina,
lo que dificultaría el sueño palestino de su autodeterminación. Todo un plan perfectamente
estructurado en el que los palestinos carecen de voz y quedan reducidos a mano
de obra barata y empleados sumisos, como simples súbditos bajo tutela
internacional.
Más que la paz, esta Junta consolida abiertamente un descarado colonialismo sobre la maltratada Gaza a mayor gloria y vanidad del actual emperador del mundo, jefe supremo indefinidamente de esa nueva ONU que establecerá la paz mundial y una gobernanza fiable. Es para morirse de risa si no produjera escalofríos.



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