miércoles, 24 de noviembre de 2021
Un relámpago consciente.
domingo, 14 de noviembre de 2021
El fracaso de Glasgow
lunes, 8 de noviembre de 2021
Encantamiento con Cuenca
Pero con Cuenca me equivoqué, al menos con su parte antigua,
el centro histórico que se aferra a la roca que ha sido esculpida durante milenios
por los ríos Júcar y Huécar hasta dejarla aislada de la serranía a la que
pertenece. Entre las hoces que han cavado esos ríos se yergue el promontorio en
el que los árabes fundaron una ciudad fortificada, rodeada de murallas y coronada
por un castillo, que pretendía ser inexpugnable. Tales ruinas son los cimientos
del casco histórico de Cuenca, al que se accede por empedradas calles empinadas
que culminan en una especie de descansillo, un ensanche donde se ubica la Plaza
Mayor, presidida por la Catedral, la primera de estilo gótico de Castilla, que
mandó construir el rey Alfonso VIII sobre los restos de la mezquita de la
fortificación árabe. Desde allí se continúa ascendiendo hasta alcanzar la cima
del promontorio, coronado por las ruinas de un castillo medieval del que sólo
se conserva parte del lienzo de su entrada, y desde donde la vista se extasía
con la panorámica de esa Cuenca que desafía la gravedad con sus balcones
voladizos, que sobresalen sobre los riscos de la roca, hasta convertirse en el
símbolo más emblemático y turístico de la ciudad.
miércoles, 3 de noviembre de 2021
Contra el coche
Si no, observen la fotografía que ilustra este comentario.
Toda una zona de aparcamientos, de más de ciento cincuenta metros de longitud, que
era utilizada por los propietarios de las viviendas lindantes y los clientes de
los comercios frente a ella, ha sido suprimida de la noche a la mañana, sin
contemplaciones. La que existía en la acera opuesta, ya había sido anulada por
la construcción de un carril para bicicletas. Se trata de una avenida importante,
una vía radial que sale de la ciudad en dirección noreste, razón por la que se
llama Carretera de Carmona. Por lo que se ve, ya no se trata sólo de prohibir
circular, como si fuera un delito, sino también de aparcar, cosa al parecer tan
grave o más que la primera. Echándole buena fe para asumir que no se deba
circular, no se comprende por qué no se puede aparcar.
Es cierto que cada vez hay más coches mientras las calles y
avenidas siguen siendo las mismas, salvo en áreas nuevas de crecimiento urbano
en la periferia. La excusa medioambiental y la densidad del tráfico sirven para
perpetrar estos despropósitos a la hora de presumir sensibilidad ecológica en municipios
presuntamente “verdes”, pero sin que merme la recaudación fiscal. La idea es
acabar con el coche en las ciudades, sin que se deje de comprarlos, de manera que
sólo taxis, autobuses, motocicletas, bicicletas y patinetes conformen el parque
motorizado de las urbes modernas. Y si usted no tiene garaje para su coche, vaya
a buscarse la vida a otra calle, y continúe pagando su “sellito” del coche.
La situación, para más “inri”, sería de risa si no fuera porque
a los “iluminados” de la iniciativa se les ha escapado las consecuencias de extrema
peligrosidad que se podrían derivar. En su fanatismo por impedir cualquier
posibilidad de aparcar, instalando marmolillos de hierro atornillados a la
calzada, también están obstaculizando el acceso de ambulancias o bomberos a las
viviendas o comercios de la calle que precisen de su intervención urgente. Además,
se imposibilita, incluso, detener el vehículo para que se bajen quienes deban
acudir a un Centro de Salud ubicado a pocos metros de esta zona de
aparcamientos anulados. Si esta medida ha rendido algún beneficio a la
circulación, cosa que se desconoce, ha sido a costa de provocar problemas y
perjuicios mayores a los vecinos y viandantes de la zona. Sevilla aspiraba a ser
la ciudad de las personas, pero no cuenta con ellas ni con sus necesidades de
movilidad. Un hábitat sostenible no se consigue sólo con prohibiciones y
sanciones que criminalizan al coche, sino concienciando sobre la preservación
del medio ambiente y facilitando la transición a un modo más sostenible de
nuestro estilo de vida, que, por cierto, nos ha sido impuesto. Y, de momento,
sólo se ha optado por las multas y la demagogia.