domingo, 1 de agosto de 2021
Agosto21
domingo, 25 de julio de 2021
De vacaciones en el Museo
Adentrarse en el antiguo Convento de la Merced, reformado y
ampliado desde 1835 para convertirse en la sede del Museo de Bellas Artes, es asistir
a una lección de historia sobre la pintura sevillana, desde el Barroco hasta el
Romanticismo, pasando por el Renacimiento. Allí encontraremos obras de Murillo,
Zurbarán o Valdés Leal, entre otros. Y también esculturas de Torrigiano,
Martínez Montañés y Juan de Mesa. Además de dibujos y otras piezas.
Hay que reconocer que, siendo jóvenes, era aburrido ir al
Museo. Pero conforme tu formación te hace consciente de la importancia y el
valor de las obras que allí se exponen, la sorpresa no deja de aparecer en cada
nueva visita, como nos ha pasado esta última vez. Sorprendidos y maravillados
del tesoro que tenemos en nuestra ciudad y que es más apreciado por turistas
que por nosotros mismos. La vida de un museo son sus visitantes, los que hacen
que su contenido no languidezca entre la indiferencia social y la desidia
institucional. Aprovechemos estas fechas de remanso vacacional para insuflar
vida al museo y cultura a nuestras vidas. Saldrán gratamente sorprendidos.
(Fotografías del autor)
domingo, 18 de julio de 2021
La Herradura
La Herradura, como otras localidades costeras de Granada, es una alternativa al turismo de masas que abarrota destinos habituales del veraneo vacacional, en los que las aglomeraciones suponen un peligro en tiempos epidémicos como los que vivimos. La tranquilidad y la belleza del enclave obligará, con toda seguridad, a futuras visitas.
viernes, 9 de julio de 2021
¿Sólo los jóvenes son culpables?
El descubrimiento de una vacuna (o varias) contra la Covid
en tiempo récord para la ciencia (todavía no ha hecho lo mismo contra el
Sida, por ejemplo), capaz de inmunizar a la población ante la infección
(protege de los casos más graves y mortales de la enfermedad, pero no de la
posibilidad de contagios asintomáticos), ha permitido realizar una
“desescalada” de las restricciones, hasta el extremo de que ya se ha recuperado
la movilidad de la población por todo el territorio, la reapertura sin apenas
limitaciones del comercio y la hostelería (de hecho, de toda la actividad industrial
y mercantil) y se está reactivando el turismo, tan rentable en esta época
estival, en función de las normativas para los viajeros en el país de origen y
las exigencias requeridas en el de destino (visados de vacunación, cuarentenas,
pruebas PCR y de antígenos, etc.). Todo ello ha dado la sensación de que la
enfermedad ha sido vencida y que la normalidad volvía a nuestra cotidianeidad.
Es, por supuesto, una sensación errónea.
En estos momentos, estamos asistiendo a una quinta ola de la
pandemia en España, que afecta principalmente a personas jóvenes y maduras, entre
los 20 y 50 años de edad. Y se culpa de ello a la conducta irresponsable de las más jóvenes y adolescentes, incapaces de reprimir sus impulsos gregarios de
diversión, de ocio entre amigos y de fiestas (ya sea en el interior de
establecimientos o al aire libre). ¿Pero son realmente los jóvenes los
causantes de esta quinta oleada del virus que ha multiplicado exponencialmente
los contagios? Lo dudo, por mucho que se repita este mensaje, acompañado de
imágenes de “botellonas” y aglomeraciones juveniles, a través de los medios de
comunicación.
El reproche a la juventud resulta tanto más injustificado
por cuanto parece obedecer a la búsqueda de un chivo expiatorio ante una
situación descontrolada que no se ha sabido, podido o querido atajar. Y es
injusto porque, en segundo lugar, los jóvenes, simplemente, están pagando las
consecuencias de una actitud poco rigurosa, por expresarlo elegantemente, de
quienes asumen con dudas y vacilaciones (a todos los niveles: estatal,
autonómico y municipal) la responsabilidad de afrontar con contundencia esta
crisis sanitaria, compatibilizando la protección de la salud y el mantenimiento
de la economía. Y, esto, en el mejor de los casos. Porque, en el peor, tampoco se
ha dudado en instrumentalizar y manipular esta grave coyuntura sanitaria para
la confrontación política y el desgaste del adversario, jugando con la salud de
los ciudadanos.
Por tanto, ¿quiénes son los culpables? ¿Los jóvenes, que
salen desbocados a disfrutar de las relajaciones de una desescalada que se les
ha brindado en bandeja, o quienes les facilitan, invitan y estimulan a ejercer esa
“libertad” de calles y cañas en contra de la opresión a que obligan las
restricciones? Hay un componente hipócrita en señalar a los jóvenes por una
quinta ola de la pandemia cuando ni siquiera se les ha vacunado, pero se les ha
abierto las puertas de una “normalidad” que posibilita su desfogue, disfrutando
de aquellas “libertades” que les ofrece el ocio y su negocio.
No son los jóvenes los que determinan las medidas
epidemiológicas a seguir, los criterios de vacunación de la población, las
limitaciones y restricciones de derechos y de la actividad económica y de
cuantas decisiones han sido pertinentes para afrontar la pandemia. Y lo que es más
grave, tampoco son los jóvenes culpables de toda la política sanitaria y de
orden público que posibilita las concentraciones, las fiestas, los viajes y el
consumo colectivo que tanto se cuestionan por considerarlos causantes de esta nueva
ola de contagios.
Y no lo son porque no quisiera creer que se les exige a los
jóvenes que no se comporten como lo que son, afortunadamente jóvenes, para
que los demás sigamos aparentando ser serios y responsables. Una excusa para nuestra
manifiesta mediocridad en la gestión de la pandemia ¡Con lo fácil que resulta echarle
la culpa siempre a otro!
lunes, 5 de julio de 2021
Sin
Without (Sin) es un libro de poemas desconcertante, por el dramatismo de sus versos. Dicen que es “la esencia de la mejor poesía” de su autor, el norteamericano Donald Hall. Y realmente es desgarrador por la intensidad emocional con que describe, de manera lírica, la enfermedad, muerte y ausencia siempre presente de su esposa Jean Kenyon, también poeta, fallecida de leucemia, quince meses después de su diagnóstico.
Tu presencia en esta casa / es casi tan enorme / y
dolorosa como tu ausencia.
Todo el libro es un poema que nace del dolor y el vacío que
ocasionan el sufrimiento y la pérdida de quien fue algo más que una compañera
de vida y profesión, sino el alma que infunde aliento vital a su pareja, cuya
ausencia se hace presente en cada objeto, cada espacio y cada hora que
sobreviven a su desaparición. Un espanto, a veces descrito con rabia, que aflora
desde el diagnóstico y tratamiento de una fatalidad tan injusta como ineludible.
“Morir es fácil”, dijo ella. / “Lo peor es… la separación”.
/ Cuando dejó de hablar / se tumbaron los dos juntos, tocándose, / y ella clavó
en él / sus bellos ojos enormes, redondos y marrones, / brillando sin
pestañear, / y radiantes de amor y miedo.
“Sin” es lo que queda cuando nos arrebatan lo más preciado y
nos precipitan abruptamente al abismo de la soledad más hiriente, la del vacío
en que todo carece de sentido. Sin embargo, también es un canto al amor que se
llora desde la nostalgia que ocasiona su pérdida, mediante versos crudos que mezclan
un lenguaje directo y lírico, que convierten bello el sufrimiento. Entre toda
la poesía elegíaca, es uno de los poemarios más impactantes y emotivos que he leído.
Without (Sin)
vivíamos en una nación como una pequeña isla de piedra /
sin color bajo nubes grises y viento / lejos del inmenso océano la leucemia /
linfoblástica aguda sin gaviotas / ni palmeras sin vegetación / ni vida animal
sólo percebes y musgos / color plomizo que oscurecían a medida que / lo hacían
los meses











