domingo, 16 de marzo de 2025

Europa, !ar¡

Hay una intención unánime de aumentar el gasto en Defensa de la Unión Europea (UE) como reacción a la actitud de la Administración Trump de EE UU de dejar de actuar como el “gendarme” defensivo de Occidente. El objetivo de esta intención es el rearme del Viejo Continente de manera que pueda defenderse por sus propios medios ante cualquier agresión militar procedente de fuera de sus fronteras, principalmente de Rusia, sin depender para ello del paraguas defensivo que ofrecía EE UU, a través de la OTAN, desde el final de la 2” Guerra Mundial. La intención es, pues, convertir Europa en una potencia militar, capaz de enfrentarse, si llegara el caso, a Rusia, sin ayuda de nadie.

Este nuevo grito que recorre el continente es:” Europa, ¡ar!”, como si Europa no gastara ya en defensa un buen puñado de euros. Según el Consejo Europeo, el gasto total en defensa de los estados miembros alcanzó en 2024 la friolera de 326.000 millones de euros, alrededor del 1,9 % del PIB de la UE. Pero si contamos solo los 23 Estados de la UE que son miembros de la OTAN, el gasto sería del 1,99 % de sus PIB.

Es decir, Europa no ha dejado nunca de invertir en Defensa y Seguridad para afrontar los conflictos y crisis en todo el mundo que afecten a sus intereses, como demuestran las cifras y evidencian sus misiones militares en diversas partes del mundo, como la Operación Atalanta en el Mar Índico, etc. Ahora, además, pretende armarse todavía más, en virtud de lo aprobado el 6 de marzo para desarrollar un programa de rearme sin precedentes, de nada menos que 800.000 millones de euros en cuatro años, “para hacer frente a la amenaza de Rusia”.

España ha respaldado ese programa, comprometiéndose a hacer un esfuerzo por alcanzar el 2 % del PIB en gasto en defensa antes de 2029. Un esfuerzo que, para el Sindicato de Técnicos de Hacienda Geshta, supondría gastar en defensa 95.000 millones de euros en cuatro años. Un compromiso que se añadiría al acordado con la OTAN, por el que nuestro país se comprometió a incrementar también hasta el 2 % su contribución con esa organización militar.

Al parecer, hay que invertir más en Defensa a nivel europeo y nacional. ¿Acaso gastamos poco? Según grupos antimilitaristas y pacifistas, como el Centre Delás y el Colectivo Tortuga, nuestro país ha superado el 2 % de gasto en defensa, si se cuentan las partidas del Presupuesto vinculadas al gasto militar de otros ministerios, ya que el Gobierno solo cuantifica el gasto del Ministerio de Defensa. Es decir, España ya gasta una pasta gansa en Defensa. Pero Europa quiere más.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en un discurso ante el Parlamento Europeo, ha reconocido que su objetivo es alcanzar el 3 % del PIB en gasto militar, permitiendo que los gobiernos se endeuden por encima de lo establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC). Dicho pacto fijaba unas normas estrictas.en materia de deuda y déficits públicos (del 60 y el 3 por ciento del PIB, respectivamente), cuyo incumplimiento estaba penalizado.

Ahora, no solo no estará penalizado, sino que, incluso, se admite la posibilidad de que la UE asuma préstamos en los mercados privados de capital y que el Banco Europeo de Inversiones ayude a financiar ese enorme gasto militar con parte de sus recursos.  Ahora, todo son facilidades para conseguir gastar más en defensa. Es más, hay prisa por armarnos hasta los dientes.

La pregunta que generan estas pretensiones es: ¿Realmente es necesario aumentar sustancialmente las partidas destinada a gasto militar en Europa? Pues depende. Para no depender tanto de EE UU y que Europa aumente su autonomía estratégica, asumiendo su responsabilidad en defensa, habría que definir qué capacidades tiene para disuadir y defenderse frente a Rusia u otros enemigos. Y la verdad es que Europa carece de capacidad disuasoria efectiva frente a Rusia, ya que los Ejércitos de los Estados miembros arrastran limitaciones importantes en personal y recursos. Y algo más grave: no están totalmente integrados en una fuerza común ni disponen de un mando único. Carencias que suplía estar integrados en la Alianza Atlántica.

Sin embargo, fuera del paraguas de la organización militar, la fragmentación defensiva de Europa, con Ejércitos nacionales, limita considerablemente su capacidad militar para operaciones conjuntas y de forma coordinada. Además, la disparidad y la duplicidad de medios (los ejércitos de los Estados europeos cuentan con 12 tipos de carros de combate, 14 aviones de combate diferentes, etc.) dificultan no solo la operatividad conjunta, sino también la organización de suministros y recursos eficiente. Máxime cuando esas capacidades críticas (municiones, misiles, movilidad militar, defensa aérea) han de asegurarse en cantidad, logística  y producción de forma inmediata.

Otro factor a tener en cuenta sería la inversión estratégica a medio plazo en producción industrial militar, tecnológica e innovación y de inteligencia y seguridad que permita disponer de una auténtica capacidad defensiva europea que reemplace la dependencia de EE UU y consolide una ventaja comparativa sobre las capacidades enemigas, en este caso, de Rusia. Y ello no se consigue si el armamento no es de fabricación europea, así como los medios electrónicos, los misiles, submarinos, aviones, cohetes y hasta los satélites que facilitan las comunicaciones y la vigilancia del territorio. Es inimaginable una Defensa europea sin capacidades militares y estructuras de mando netamente europeos.  Y es que tener la intención de convertirse en una potencia militar precisa de autonomía en todos los aspectos involucrados con la defensa.

La pregunta del principio podría responderse reconociendo que los países europeos ya gastan, en su conjunto, una cifra importante en defensa, incluso más que Rusia. Y que el problema radica, por tanto, en gastar mejor de forma coordinada, planificando a nivel continental las inversiones y los proyectos. Y sobre todo, corrigiendo esa falta de mando único de un Ejército común europeo que pudiera efectivamente ejercer capacidad disuasoria frente a sus potenciales enemigos.

De ahí que el mayor problema no sea tanto económico como político. ¿Hay realmente voluntad en Europa de asumir la responsabilidad en defensa de manera autónoma? De la respuesta a esta pregunta depende el gran proyecto político que hace de Europa un espacio democrático de paz y prosperidad que pone nerviosos no solo a Putin, sino también a Trump.  

sábado, 15 de marzo de 2025

Otra vez en el Museo: de Bilbao a Sevilla.

Otra vez visitamos el Museo de Bellas Artes de Sevilla., pero, en esta ocasión, para ver obras pictóricas pertenecientes al Museo de Bellas Artes de Bilbao, que abarcan desde El Greco a Zuloaga, exhibidas en el museo hispalense mientras se remodela la pinacoteca vizcaína. Se trata de la exposición Del Greco a Zuloaga. Obras maestras del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que nos brinda la oportunidad de admirar veintiséis pinturas y dos esculturas que resumen la evolución del arte en España desde el siglo XVI hasta principios del XX.

Y lo primero que llama la atención es un óleo del catalán Mariano Fortuny (1838-1874) sobre la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla, pintado en Roma en 1870, en el que este autor costumbrista es capaz de capturar la luz  y una  cuidada atmósfera. En él se representa el coso sevillano de La Maestranza con la Giralda al fondo, sobre un cielo apacible, y un tendido lleno de espectadores, pero sin toro ni matador en el ruedo.  Esta ausencia de elementos taurinos, junto a la sombra sobre el albero, el colorido de la gradería y la Giralda de fondo, denotan elementos narrativos próximos al género del paisaje, además de un manejo moderno de la luz. Como curiosidad, la obra sirve de testimonio que documenta la construcción de La Maestranza, mostrando una plaza sin las gradas superiores que en la actualidad ocultan la visión de la ciudad.

Otro cuadro que atrae la atención, por su asombrosa y cuidada precisión pictórica, de estilo sobrio y elegante, es  el Retrato de Matías Sorzano Nájera, del artista valenciano Vicente López (1722-1850).  La luminosidad del personaje contrasta con la oscuridad del fondo, haciendo resaltar su figura. Con una pincelada suave y precisa, el autor modela volúmenes y texturas con meros toques de luz. Así, reproduce rostros y manos con pasmosa precisión, imprimiendo intensidad en la mirada, donde los parpados caídos o los lagrimales húmedos consiguen transmitir una increíble sensación realista, de presencia vital. El colorido de la obra, con esos tonos terrosos y oscuros, consigue crear un ambiente sereno y tranquilo que contribuye a reflejar la personalidad, con esa expresión serena y digna, de una persona importante en la sociedad de su época.

Y un último lienzo a destacar del conjunto de la exposición. Es La Anunciación, en una de las dos reproducciones que realizó El Greco. Se trata de una versión reducida del gran lienzo conservado en el Museo del Prado que el artista pintó para el retablo de la  iglesia de la Encarnación del Colegio de Doña María de Aragón en Madrid, encargado en 1596. Es una muestra de la costumbre de El Greco de repetir en lienzos de pequeño formato las obras de mayor éxito o que más le gustaban. Existe otra reproducción reducida en el Museo Thyssen Bornemisza. Y nada más ver las figuras inconfundiblemente alargadas del cuadro, identificamos a su autor.

La obra presenta una iconografía innovadora de la Virgen que, sorprendida ante la llegada del arcángel, se pone en pie y se gira hacia él. El autor abandona aquí los postulados naturalistas para presentar el mensaje doctrinal mediante una visión subjetiva y sumamente colorista. Un bello grupo de ángeles músicos ocupa la parte superior y una multitud de querubines abren camino a los rayos de luz de la paloma del Espíritu Santo. El cuadro está pintado con extraordinaria soltura y empleando una gran gama cromática, propia de los últimos años del artista. Para ser una versión en pequeño tamaño de un cuadro mayor, no deja de sorprender el genio artístico de El Greco.

viernes, 7 de marzo de 2025

Un 8M más necesario que nunca

La celebración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de la lucha de la mujer por su participación, la igualdad y su desarrollo íntegro como persona, se torna este año más necesaria que nunca, a pesar de los avances conseguidos en favor de los derechos de la mujer, consolidados institucionalmente, y otras medidas legales que la protegen de la violencia machista. Es más pertinente que nunca porque, aunque se cumple el 20º aniversario de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, las iniciativas impulsadas durante todos estos años contra la discriminación, la desigualdad y las injusticias que todavía acechan a la mujer son percibidas, sobre todo por los jóvenes, como una afrenta que discrimina al hombre, considerándolas que han ido demasiado lejos.

Es lo que evidencia un estudio de la consultora LLYC, en el que, tras analizar 8,5 millones de mensajes publicados en X en 2024, el antifeminismo es el asunto predominante, y más de la mitad de los mensajes es para atacar la igualdad. Ello supone que un amplio sector de la población, la que se vale de las redes sociales, los titulares y los mensajes cortos como únicas fuentes de información y comunicación, constituye un colectivo sumamente sensible a los relatos y la propaganda antifeminista que difunden elementos o grupos ultraconservadores reaccionarios. Se trata de discursos atrayentes que alimentan el descontento y la frustración de una juventud que se siente marginada y con escasas alternativas vitales, y que acaban calando e influyendo en su visión del mundo, hasta el extremo de cuestionar los avances logrados por la igualdad entre hombres y mujeres.

Si a ese bombardeo propagandístico se suma la poca capacidad para contrastar o verificar cualquier desinformación o bulo recibido, no puede resultar extraño que sus receptores asuman doctrinas que manipulan la violencia machista, diluyéndola en una supuesta violencia intrafamiliar, como pretende la ultraderecha, cuando este tipo de violencia se ejerce mayoritariamente contra la mujer por parte de quienes son o han sido sus parejas o cónyuges. El cómputo provoca escalofríos: más de 1290 mujeres han sido asesinadas por violencia machista desde el año 2003.

Estos misóginos son incapaces  de valorar la importancia de un problema que afecta, según una macroencuesta elaborada por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, al 57,3 % de mujeres residentes en España, de entre 16 o más años, que han sufrido algún tipo de violencia machista (violencia física o sexual en el ámbito de la pareja o fuera de él, agresión sexual o acoso reiterado) a lo largo de sus vidas. Un problema que sufren cerca de 12 millones de mujeres víctimas de violencia machista por el mero hecho de ser mujeres.

Esta actitud de menosprecio a la lucha de la mujer por su dignidad, propia de personas manipulables o sin criterio, se ve desgraciadamente reforzada por el daño ocasionado por aquellos que, precisamente, se erigen ante la sociedad en baluartes progresistas que defienden la causa contra la discriminación y los abusos que padece la mujer.

Todo ello hace que, este año, sea más necesario que nunca celebrar reivindicativamente el 8M, ya que esos episodios de líderes izquierdistas acusados de agresión sexual revelan que el machismo, lejos de estar erradicado, permanece incrustado, incluso, en ámbitos sociales que hipócritamente lo combatían. Lo que evidencia que el patriarcado es transversal y se camufla, cuando se ve arrinconado, de un machismo “light” que acompaña solo formalmente al feminismo.

Un comportamiento que explica, al menos en parte, esa violencia que se ejerce contra la mujer y que el año pasado acabó con la vida de 48 de ellas. Y que en lo que llevamos de 2025, ya son dos las mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas,  Sin embargo, la percepción de los españoles sobre esta lacra es todavía miope, pues, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas que preguntó por esta materia, sólo 1,2 por ciento de los consultados lo consideraba entre los tres principales problemas del país, cuando a comienzos del siglo era alrededor del 4,5 por ciento. Estamos perdiendo fe en la lucha por la igualdad de la mujer y, con ella, por una sociedad más justa, tolerante y libre, que no discrimine a nadie por razón de sexo ni ninguna otra condición.  

No faltan, pues, motivos para participar en este 8M de manera aun más decidida y masiva, reconociendo incluso que se puedan visibilizar y defender diferentes posiciones feministas. Porque hay que defender lo conseguido y no dejar que el machismo destruya los avances logrados con tanto esfuerzo. Y porque hay que seguir peleando por lo que falta para completar este complejo y, a veces, contradictorio proceso por la efectiva igualdad entre la mujer y el hombre.  

miércoles, 5 de marzo de 2025

Vida extraterrestre

Mirar a las estrellas y preguntarse si esa inmensidad solo alberga vida en la Tierra, ha sido una cuestión que siempre ha despertado la inquietud del ser humano. Máxime si, gracias a la ciencia y la astronomía, tenemos la certeza de que nuestro Sol es únicamente una estrella más del universo, perdida en un rincón de una de las miles de millones de galaxias que giran en la vastedad del espacio. La respuesta al interrogante solo conduce a dos alternativas que dejaron a Arthur C. Clarke aun más inquieto: “Solo hay dos posibilidades, que estemos solos o no. Y no sé cuál de las dos es más aterradora”.

Por lógica estadística (que solo un 1% de las galaxias contenga estrellas parecidas a nuestro Sol, que solo 1% de esos soles disponga de planetas girando a su alrededor y que solo un 1% de esos planetas reúna condiciones aptas para la vida, como la Tierra), es razonable admitir la probabilidad de vida extraterrestre, pero también la casi imposibilidad de encontrarla y de contactar con ella, al menos como la imaginamos o deseamos: con un grado de inteligencia y de avance tecnológico muy superior al nuestro que le permita viajar por el cosmos como nosotros por el planeta.

Puestos a elucubrar, incluso se han desarrollado fórmulas matemáticas para determinar el número de civilizaciones inteligentes que podría haber en nuestra galaxia. La más conocida es la elaborada, en 1961, por Frank Drake, un astrónomo de Chicago (EE UU) e infatigable rastreador de vida extraterrestre. En la ecuación, el resultado depende de variables como el índice de formación de galaxias, el tanto por ciento del desarrollo de sistemas solares, el porcentaje de planetas situados en zona habitable, la fracción de ellos donde la vida ha emergido, la parte proporcional en los que esa vida ha alcanzado niveles de inteligencia, otro porcentaje de la inteligencia que ha desarrollado la tecnología de comunicaciones y la ha utilizado para intentar contactar con otros mundos y, por fin, un factor que cuantifica la pervivencia de esas civilizaciones.

El resultado obtenido de la Ecuación de Drake, según cálculos de su propio autor, es del orden de 10.000 civilizaciones tecnológicamente activas en la Vía Láctea. Pero adjudicando valores menos optimistas a esos parámetros, otros científicos obtienen un resultado drásticamente más bajo, del orden de 12 órdenes de magnitud del cálculo canónico: 0,00000001. Es decir, una civilización cada 100 millones de años. Ya en su día, la fórmula fue descrita como una elegante manera de empaquetar la ignorancia.

Aunque racionalmente se asuma que es prácticamente imposible contactar con vida extraterrestre, no dejamos de abrigar la improbable esperanza de tropezar con ella en algún momento, puesto que sabemos que el universo está constituido por miríadas de galaxias que contienen millones de estrellas en las que se están produciendo reacciones nucleares, las cuales van formando los elementos que actualmente conocemos: los de la tabla periódica. Y sabemos también, por propia experiencia, que partiendo de los elementos más simples de la química inorgánica es posible evolucionar hacia estructuras más complejas que dan soporte a lo que consideramos vida.

En virtud de un proceso de creciente complejidad, a partir de átomos de hidrógeno se forman moléculas y partículas más pesadas que conforman los elementos fundamentales de la vida, tal como la conocemos. Es un proceso que, por supuesto, lleva su tiempo…, muchísimo tiempo, y unas condiciones muy determinadas. Pero en un universo que lleva extendiéndose más de 13.000 millones de años, es posible que la vida, como en la Tierra, pudiera tener un comienzo semejante en cualquier otro lugar.

Animados por esa tenue esperanza, aun reconociendo que el desarrollo de la vida en nuestro planeta es fruto de un cúmulo de circunstancias –independientes unas de otras, pero encadenadas en un azar afortunado-, es por lo que no deja de buscarse esa vida extraterrestre, con mensajes de radio (el mensaje de Arecibo) u objetos (como las placas instaladas en las sondas Pioneer y Voyager). También se permanece en constante escucha  por si se recibe alguna respuesta ((el programa SETI). Un esfuerzo, hasta la fecha, valdío.

Porque, aunque la evolución química del universo es imparable y su vastedad garantice una casuística favorable (como la de la Tierra),  la magnitud de esa vastedad y sus distancias, mensurables en años-luz, obstaculizan cualquier contacto o coincidencia temporal con una supuesta civilización extraterrestre. Un ejemplo de esta dificultad lo brinda el descubrimiento, por parte del telescopio espacial Kepler, de una estrella similar al Sol con seis planetas orbitándolo, situada a 2.000 años-luz. Cualquier mensaje enviado o recibido desde ese lugar tardaría 2.000 años. ¿Qué civilización puede perdurar 4.000 años esperando una respuesta?

Pero tanta es la obsesión, nacida de la orfandad de considerar a la humanidad la única materia viva autoconsciente del universo, que hemos poblado de criaturas, gracias a la literatura y el cine, ese vacío casi infinito. Gracias a Julio Verne o Isaac Asimov y H. G. Wells o George Lucas, entre muchos otros, son tantos los alienígenas imaginados que podrían catalogarse, atendiendo a los estereotipos más populares, en hombrecitos verdes (pequeño tamaño y cabeza gorda), gigantes (de unos tres metros), angelicales nórdicos (largos cabellos rubios, de gran belleza física y elevada espiritualidad), bichos (con formas de reptil o insectos, malísimos como Aliens), cefalopoides (con formas del pulpo o combinando alguna característica antropomórfica), virus o esporas (formas microscópicas que se manifiestan cuando poseen a los humanos) y otros (mineraloides, gelatinosos, etc.).En resumidas cuentas, hemos imaginado al extraterrestre a nuestra imagen y semejanza, dotándolo de nuestros prejuicios, bondades e instintos.

Y es que vida extraterrestre, si existe, es dificilísimo de encontrar, tanto como buscar una aguja en un pajar. Nuestro conocimiento parcial del fenómeno de la vida se limita al único ejemplo que tenemos de ella, el de la Tierra, lo que nos hace buscar un albergue planetario semejante al nuestro en un universo hiperpoblado de soles y planetas. Y suponiendo que exista, no sabemos adónde mirar en un espacio con mil millones de galaxias que contienen, cada una de ellas, cien mil millones de estrellas, lo que arroja un resultado de 100 trillones de estrellas que podrían tener sistemas planetarios formados a lo largo de lo que, para nosotros, es la eternidad. Tal es el objetivo de la astrofísica que, aunque se centre en rastrear estrellas tipo Sol, ni muy frías ni muy calientes, y con la tecnología a nuestro alcance, es solo cuestión de tiempo, tal vez miles de años, poder detectar signos de vida extraterrestre.

De esta espectacular aventura, no apta para impacientes, nos habla el libro Extraterrestres, de los científicos Javier Gómez-Elvira y Daniel Martín Mayorga (editado por el CSIC en 2013), que aborda el fenómeno de la vida como una consecuencia necesaria de la evolución química del universo, explicando cuestiones tan seminales como qué es la vida, cómo surgió en nuestro planeta, si hay o ha habido vida en otros lugares del cosmos, los retos de la exploración espacial y los intentos de tomar contacto con inteligencias exteriores. Un libro que nos hace soñar con los pies en la tierra y plantearnos aquella pregunta que inquietaba a Arthur C. Clarke, dejándonos con una terrible duda por respuesta.

Claro que, como muchos de los impacientes, también podríamos recurrir a la teoría de que los extraterrestres ya nos visitan de antiguo con sus fabulosas naves o platillos volantes, capaces de salvar las inabordables distancias espacio-temporales que nos separan de sus mundos. O creer, incluso, que están camuflados entre nosotros, a pesar de que no hayamos oído hablar en klingon o vulcano a nadie. Siempre ha habido religiones que ofrecen cumplida respuesta a cualquier misterio. 

viernes, 28 de febrero de 2025

El Estatuto de la sanidad

Los médicos del Sistema Nacional de Salud (sanidad pública) andan alborotados hasta el punto de tener prevista una huelga si no se atienden sus reivindicaciones en el nuevo Estatuto Marco de la Sanidad que está negociando el Ministerio de Sanidad con los sindicatos y las Comunidades Autónomas. No es que se les quiera aplicar un régimen laboral nuevo, sino renovar el existente, que no se toca desde el año 2003, con cambios que para unos son insuficientes y para otros, excesivos.

Pero, antes de nada, habría que aclarar al profano qué es el Estatuto Marco de la Sanidad. Es fácil de explicar. Los profesionales sanitarios y demás colectivos de personal que prestan servicios en centros e instituciones de la Seguridad Social son funcionarios, pero disponen de un régimen especial: el Régimen Estatutario. Se rigen por un régimen especial dadas las peculiaridades organizativas y funcionales del Sistema Nacional de Salud (SNS) en cuanto a turnos, guardias, complementos salariales, etc. Es decir, los profesionales de la sanidad pública son personal funcionario estatutario. Y la renovación de ese Estatuto es lo que se está negociando para su modernización, mejora y consolidación. 

Sin embargo, después de meses del inicio de las negociaciones, las posturas están enfrentadas entre algunos sindicatos y el Ministerio. Los sindicatos médicos, representados por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), exigen un Estatuto propio, exclusivo para los facultativos. Otros sindicados, sin embargo, entre ellos CC OO, también presentes en la mesa de negociación, defienden que todos los profesionales del SNS deben estar regulados por un mismo Estatuto Marco porque es la norma general, la regulación básica. Según el Ministerio, aprobar una norma solo para un grupo específico, rompería la cohesión del sistema.

Otro de los asuntos conflictivos de la negociación es la regulación de las jornadas laborales, que han de cuadrar con la realización de las guardias médicas obligatorias. El actual Estatuto señala que, tras una guardia de 24 horas, el profesional debe a la administración las horas de descanso del día siguiente. El borrador del nuevo Estatuto contempla unas guardias de 17 horas de trabajo máximo al día, sin que se tengan que devolver las horas de descanso, pero sin que se puedan computar las horas de guardia como horas de jornada ordinaria. CC OO pide, por su parte, que el descanso tras la guardia se compute como jornada ordinaria y, por tanto, no recuperable.  Y que la jornada máxima en todas las comunidades sea de 35 horas semanales. Se trata de un viejo asunto cuya regulación no satisfará por completo a nadie, pues los médicos son el único colectivo que hace guardias mientras el resto del personal sanitario trabaja a turnos.

El otro escollo a resolver es el de las incompatibilidades a determinados cargos para ejercer simultáneamente en la medicina privada. Para la CESM, se trata de una clara discriminación que desincentiva la atracción de profesionales al SNS, ya que, si se aprobara el Estatuto en su actual redacción, los mandos intermedios, como los jefes de servicio, no podrían trabajar también en la privada, pues sus funciones en la pública están consideradas de dedicación exclusiva. El Ministerio responde que esta incompatibilidad ya existe en varias comunidades autónomas y que, para un desempeño ético de las funciones directivas o de gestión, es necesario que estas tangan una dedicación exclusiva. Y que para compensar esta dedicación plena, se ha creado el complemento de dedicación exclusiva. El resto de sindicatos considera que la exclusividad fortalece el sentido de dependencia al SNS, pero ha de estar mejor remunerado.  También los colectivos en defensa de los pacientes y de la sanidad pública  reconocen que mejorar las condiciones de los facultativos y profesionales sanitarios redunda en la calidad de la asistencia a la población. Al parecer, la cuestión se reduce a términos económicos.

Pero el Estatuto no regula solo la labor de los médicos, sino de todos los profesionales sanitarios que trabajan en los hospitales públicos. Y todos ellos exponen sus exigencias, a través de sus representantes sindicales, a la hora de abordar las modificaciones del Estatuto que les afectan, como el personal de Enfermería, técnicos auxiliares o investigadores. Y una de las reivindicaciones en las que todos coinciden es en la reclasificación de las categorías profesionales de la sanidad. Los facultativos, por ejemplo, buscan que se les suba de categoría profesional. El nuevo Estatuto propone una nueva reclasificación basada en los créditos o grados universitarios del título exigido para el ingreso, por el que los facultativos especialistas tendrían el nivel 8, las enfermeras especialistas el 7, y así sucesivamente. Los sindicatos lamentan que esta nueva reclasificación se plantee sin la mejora retributiva correspondiente.

Los enfermeros, por ejemplo, exigen mejoras en los procesos selectivos, carrera profesional, jornada laboral y jubilación anticipada, entre otras, a fin de que el nuevo Estatuto incluya dichas mejoras de forma expresa, clara y concreta.

En definitiva, el nuevo Estatuto de la Sanidad es una compleja norma que, además de lo anteriormente expuesto, pretende poner fin a la precariedad e inestabilidad en el sistema sanitario, ya que dispone que las Ofertas Públicas de Empleo sean cada dos años y que el plazo de resolución no supere también los dos años. Obliga a los servicios de salud a tener una planificación de recursos humanos que regule la oferta y demanda de profesionales. Y que el personal estatutario tenga la consideración de autoridad pública que dote de mayor seguridad a los profesionales frente a las agresiones.

Un ambicioso marco regulatorio que, de momento, no ha alcanzado un acuerdo definitivo y que, posteriormente, habrá que llevar al Congreso para su aprobación final. El camino, pues, es largo y pedregoso.