viernes, 23 de diciembre de 2022
¡Felices fiestas!
sábado, 17 de diciembre de 2022
¿Quién rompe España?
Para la derecha nacional, todo Gobierno que no esté encabezado por ella, aunque surja de las urnas, no puede ser otra cosa más que irresponsable, desleal, prácticamente ilegal y, por supuesto, deleznable. Calificativos que se tornan aun más duros, como traidor o vende-patrias, si quien gobierna osa introducir cambios legales que persiguen racionalizar y actualizar, adaptándolas a la realidad del país, las normas que garantizan nuestros derechos y libertades y, por tanto, una convivencia basada en el respeto, la igualdad y la tolerancia. Entonces, los atronadores gritos celestes se multiplican porque, para ellos, todo avance progresista es querer romper España.
Y no se equivocan. Tales cambios afectan al modelo social que propugna la derecha (recuérdese su negativa al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, a la eutanasia, a la Dependencia, su desconfianza del feminismo, etc.), a su creencia cuasi religiosa en la economía neoliberal, tan apreciada por la fuerza del capital (recuérdense sus objeciones al incremento del salario mínimo, al Ingreso Mínimo Vital, a la reforma laboral, a ampliar y garantizar prestaciones y subsidios, a regular y contrarrestar abusos del mercado, etc.), a su “atrincheramiento” en las instituciones (recuérdese su férreo bloqueo a la renovación del CGPJ y del Tribunal Constitucional, entre otros, generando conflictos entre los poderes del Estado por asegurarse su influencia en ellos) y su sectario concepto de país, en el que las élites disfrutan de privilegios y prebendas que son negados al resto de la ciudadanía. No hay duda: por supuesto que se intenta romper esa España de unos pocos, por muy poderosos, pudientes y conservadores que sean, para construir un país que sea de todos, en la que quepamos todos sin excluir a nadie.
Ante esta lucha tan titánica y agotadora, un nuevo alarido, que desgraciadamente no será el último, brota de las gargantas de esta derecha intransigente y reaccionaria a causa de las modificaciones que impulsa el Gobierno para “desjudicializar” y normalizar, en términos políticos, el “conflicto” catalán y encauzar las relaciones con Cataluña a través del diálogo, la lealtad institucional y el sometimiento a la legalidad. El afán independentista de una parte de la población y del Ejecutivo de aquella Comunidad Autónoma es tan legítimo y defendible, en democracia, como cualquier otro. Incluso como el de la derecha. Y, puestos a comparar, unos y otros cometen acciones que violan de forma intencionada la Constitución, como celebrar un referéndum de autodeterminación u obstruir órganos y poderes del Estado. Sin embargo, para la derecha política y mediática de este país los únicos criminales son los independentistas. ¡Curiosa vara de medir!En su esfuerzo por reconducir la situación, el Gobierno ha decidido modificar varios artículos del Código Penal (relativos a los delitos de malversación y sedición) que fueron utilizados para condenar con penas desorbitadas a los autores de las iniciativas soberanistas que provocaron aquel conflicto. Un conflicto que viene de antiguo, por la recurrente aspiración secesionista catalana, y que de vez en cuando enturbia las relaciones entre Cataluña y el Gobierno de la nación. Se trata, por tanto, de un problema de indudable carácter político.
Aun así, las modificaciones no se acometen para contentar a los perjudicados, sino por adecuar las penas a la debida proporcionalidad con que, en función de la gravedad, estos delitos deben ser aplicados. Y para evitar que vuelvan a ser utilizados para judicializar problemas políticos de enconada conflictividad como los protagonizados por los independentistas catalanes. Es verdad que estos promovieron movilizaciones y altercados, pero tales hechos, en cualquier democracia consolidada, solo caben ser considerados de graves desórdenes públicos y de desobediencia.
Porque acusar de sedición a quienes implementaron leyes, en función de su potestad como Gobierno de la Generalitat y refrendadas luego por el Parlamento regional, mediante las cuales se puso en marcha una convocatoria de consulta a la población catalana sobre la independencia, es pretender propinar un castigo ejemplarizante de injusta y extremada dureza. Y porque, además, el delito de sedición, versión edulcorada del de rebelión en ausencia de violencia, es un anacronismo del Código Penal que estuvo justificado cuando se instauró en 1822, época en la que proliferaron los levantamientos militares en España, como el del general Elio (1814), el de Riego (1820) o el de Torrijos (1831), entre otros muchos. Una situación absolutamente distinta a la actual y, más aun, con lo sucedido en Cataluña en 2017.
Pero cuando se es incapaz de abordar políticamente las exigencias de aquella Comunidad histórica a través del diálogo, la comprensión y los intereses compartidos en el marco de la Constitución, se echa mano para acallarlas, que no solucionarlas, a la vía judicial, tachando de rebelión aquellos desórdenes, como hizo el fiscal general de entonces siguiendo directrices del Gobierno encabezado por Mariano Rajoy. A todas luces, tal proceder supuso un uso torticero de la justicia y una injusticia política que pone de relieve la mediocridad de los dirigentes políticos que recurrieron a ellos. Por eso se deroga el delito de sedición y se crea el de desórdenes públicos agravados, con penas más reducidas.Y lo mismo sucede con la malversación, delito que cometen los funcionarios públicos que tienen a su cargo la custodia, administración y destino de fondos que pertenecen a la colectividad. Incluye, en su redacción de 1995, la figura de la autoridad o funcionario que, con ánimo de lucro, sustrae o consiente que un tercero con idéntico ánimo lucrativo sustraiga caudales públicos. Pues bien, ese delito se modificó expresamente, en 2015, para poder aplicárselo a Artur Mas por haber empleado dinero público en la convocatoria de un referéndum consultivo.
Se trata, una vez más, de otro ejemplo notorio de la incapacidad para afrontar complejas situaciones políticas por parte de dirigentes de un partido que, precisamente, por aquellos tiempos estaba siendo investigado por múltiples casos de corrupción que se castigan como malversación. Y que incluso fue condenado por ello. Tal es el talante de quienes no toleran que se practique ninguna otra política que no sea la suya.
La modificación del delito de malversación no impide el castigo de los corruptos, que son quienes malversan patrimonio público por afán de lucro. Porque, por lo demás, se crea un nuevo delito, el que castiga el enriquecimiento ilícito con penas de multa, cárcel e inhabilitación, según los casos, y que afecta a las autoridades cuyo patrimonio se incremente, durante el ejercicio del cargo público, en más de 250.000 euros sin justificar.
Queda a la vista, pues, la indigna actitud que caracteriza a la derecha española, que niega legitimidad a cualquier otra formación para gobernar España, aun contando con el beneplácito electoral y mayoría parlamentaria. Tampoco le permite ejercer sus funciones y trasladar a los demás poderes del Estado, como establece la Constitución, las mayorías resultantes de la voluntad popular. Aparte de su gravedad, esta actitud es intolerable porque, si para lograr sus propósitos tiene que manipular, a través de sus correligionarios en la judicatura y los medios, las normas y leyes que regulan el funcionamiento ordinario de las instituciones, se presta a ello sin complejos ni reservas, a pesar del daño que causa a la credibilidad y a la confianza en el sistema democrático que nos dimos los españoles en 1978. Eso sí es romper literalmente España.
Esta miopía torpe de la derecha es de tal magnitud que es capaz de precipitar a un abismo al país con tal de poder maniobrar en su propio beneficio e impedir que gobiernen los elegidos por los ciudadanos. Es una miopía letal. Induce el mismo fanatismo de los que se creen portadores de una verdad absoluta. Y da miedo. Porque si hoy, disfrutando de un régimen democrático, la derecha se comporta de este modo, ¿qué haría en momentos más indómitos que los del presente? La respuesta ha de buscarse en nuestra propia historia.
martes, 22 de noviembre de 2022
Aforismos de Nietzsche
-Vuestro honor no lo constituirá vuestro origen, sino
vuestro fin.
-Si las limosnas no se diesen más que por compasión, ya
habrían muerto de hambre todos los mendigos.
-Como hablaba a todos, no hablaba a nadie.
-No debes dejar que te den un derecho que tú eres capaz de
conquistar.
-Cuanto menos se sabe, tanto más fácilmente se conserva la
fe.
-La mayor parte de las filosofías han sido inventadas para
acomodar nuestros sentimientos a las circunstancias adversas; pero tanto las
circunstancias adversas como nuestros sentimientos son efímeros.
-¿Cómo? ¿El hombre será solamente un error de Dios? ¿O Dios
será solamente un error del hombre?
-Bajo cada pensamiento se oculta una pasión.
-El imaginativo niega la verdad ante sí mismo; el mentiroso,
únicamente ante los demás.
-Para vivir hay que valorar.
-Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay
algo de razón en la locura.
-La ventaja de la mala memoria es que se disfruta varias
veces de las mismas cosas por primera vez.
-Sin temor y sin codicia, ¿qué sería el hombre?
-Debemos confesar que los esclavos tienen, bajo todos los
aspectos, una existencia más segura y más feliz que el obrero moderno, y que el
trabajo servil es poca cosa en comparación con el trabajo del obrero.
-Hoy cada cual habla de cosas de las que no “puede” tener
ninguna experiencia.
-¡Nada os pertenece en propiedad más que vuestros sueños!
-Aceptar una creencia simplemente porque es costumbre aceptarla,
¿no será mala fe, cobardía, pereza? La mala fe, la cobardía, la pereza, ¿no
serán la primera condición de la moral?
-El verdadero epitafio para un muerto es un tardío suspiro
de pesar.
-Es más agradable ofender y pedir perdón enseguida, que ser
ofendido y perdonar.
-Caracteres del hombre no-científico: tiene por buena una
opinión cuando le halaga y se encuentra bien a su sombra.
-¡imprimamos el sello de la eternidad en nuestra vida! Este
pensamiento contiene más que todas las religiones que desprecian la vida como
pasajera y hacen mirar hacia otra vida incierta.
-El talento de tener buenos amigos es, en muchas gentes, más
grande que el de ser buen amigo.
-La vida es como soñar despierto. Cuanto más inteligente y
comprensivo es un hombre, tanto más siente la sublime contingencia de su vida,
de sus propósitos; tiembla como el durmiente cuando llega un momento en que se
da cuenta de que sueña.
-Toda fe tiene el instinto de la mentira: se defiende contra
cualquier verdad que amenace su voluntad de poseer “la verdad”.
-Se debe vivir de modo que se tenga, en el momento oportuno,
la voluntad de morir.
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Friedrich Nietzsche, Aforismos, Editorial Renacimiento. Sevilla, 2013.
miércoles, 9 de noviembre de 2022
Por qué exhumar a Queipo de Llano de una iglesia.
En consecuencia, un personaje que promovió, junto a otros
golpistas capitaneados por el general Francisco Franco, un levantamiento
militar contra el régimen legal y democrático de la II República, iniciando una
Guerra Civil que instauró un régimen dictatorial en España durante más de cuarenta
años, no debía continuar en lugar tan preeminente, como si fuera un santo varón
de la iglesia. Es necesario, por tanto, recordar lo que significó este militar
en una historia que se escamotea en la educación a los jóvenes con argumentos tan
peregrinos, nada pedagógicos y en absoluto transparentes y cívicos, como los de
no levantar heridas que quienes las causaron pretenden que sigan en el olvido.
Por ello, no es de extrañar que una gran parte de la
juventud actual desconozca las atrocidades de una guerra fratricida que condenó
España a sufrir una férrea dictadura durante décadas, en la que la arbitrariedad
del poder, la intolerancia y el sectarismo de los vencedores, que impusieron su
ley con sangre y fuego y mantuvieron su régimen mediante la represión, incautaciones
y expropiaciones a los vencidos, constituye una de las páginas más negras y
trágicas de nuestra historia. La única versión permitida de lo sucedido fue la
que contaron los golpistas y simpatizantes en libros, calles, lápidas,
monumentos y otros espacios para la exaltación de sus líderes, como esa tumba
de Queipo de Llano en un templo de Sevilla.
¿Pero, por qué estaba ese militar enterrado allí? Porque fue
uno de los generales que encabezó la sublevación militar contra la República.
Una sublevación que comenzó el 17 de julio de 1936 en Marruecos y se extendió
por la Península a partir del 18, gracias a aviones proporcionados por el
fascista italiano Mussolini para trasladar al ejército colonial de África,
junto a moros y legionarios, en pequeños contingentes. Desde el primer momento,
Queipo de Llano dirigió el levantamiento en Sevilla, por lo que fue nombrado Jefe
del Ejército del Sur y asumió el Gobierno Militar y Civil en la región. Y
enseguida comenzó a infundir odio y terror a través de sus soflamas por la
radio e irradiar más terror y pánico con las órdenes que dictaba para la eliminación
o el encarcelamiento de cualquier persona que por sus ideas, dudas o actos
infundiera sospecha de “rojo” y fuera considerado enemigo de lo que los
insurgentes llamaron Movimiento Nacional.
Queipo no había hecho otra cosa en toda su vida. Fue un militar
que continuamente conspiró contra el poder establecido. Había apoyado al
dictador Primo de Rivera para luego criticarlo. También conspiró contra la
monarquía alfonsina, dirigiendo la Cuartelada de Cuatro Vientos, por lo que
tuvo que exiliarse a Portugal. Declarada la II República, en la que escaló las
más altas magistraturas militares, pronto volvió a mostrar su descontento para unirse
a la sublevación encabezada por Franco desde África. Fue así como dirigió el
levantamiento en Sevilla, perpetrando una cruel represión sobre una población
indefensa en la que causó miles de muertos. Consiguió ser temido por todos y
considerado virrey de Sevilla.
Si estos no fueran motivos suficientes para extraer los
restos de Queipo de Llano de la Macarena, tal vez un verdadero sentimiento
religioso de los que allí profesan su fe podría justificar el deseo y la conveniencia
de que un templo católico sólo acoja las tumbas de almas que han dado ejemplo
de auténtica vida cristiana, conduciéndose de acuerdo a sus creencias: esto es,
sin matar, sin practicar el odio, con humildad, con entrega a los pobres y
necesitados, sin afán de poder, ambición y riquezas. Justo lo contrario de lo
que fue aquel golpista, que participó activamente en una cruel guerra civil que
causó víctimas militares, pero también muchas más víctimas civiles inocentes
debido a la brutal represión durante la dictadura por motivos políticos,
sociales y religiosos. Para que haya reconciliación debe haber justicia. Por eso
su exhumación del templo.
miércoles, 2 de noviembre de 2022
Halloween y Día de los Difuntos.
Este año, la manera anglosajona de celebrar estas fiestas,
con máscaras y disfraces, ha imperado y extendido por todo el país, tanto que
ya es una importante fecha más, como el Black Friday, de la mercadotecnia
consumista, que aprovecha cualquier excusa, sagrada o profana, para hacer caja.
Y ese modelo burlón e irrespetuoso de acercarnos a la memoria de los que nos
acompañan por nuestro tránsito en la vida y la de los que ya la han abandonado
sin remedio, se hace cada vez más predominante, sobre todo entre los jóvenes,
quienes todavía no tienen un pasado que recordar y la muerte les parece una
cosa extraña y lejana. Sólo piensan en disfrutar cuando y cuanto pueden. Nada de
extraño por otra parte, puesto que todos hemos sido jóvenes impetuosos e
irresponsables alguna vez.
Los Santos y los Difuntos no son más que visiones religiosas
convenidas de nuestra trayectoria vital como colectivo humano, a la que nos
adherimos según la edad que tengamos y la importancia que concedamos a las
costumbres de nuestro ámbito cultural. Igual que los jóvenes seguirán mostrando
su predilección por un Halloween festivo que banaliza la muerte hasta
convertirla en diversión. En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Tampoco hay
que rasgarse las vestiduras por esta colonización anglosajona de nuestras
tradiciones. Ya el consumo nos había conquistado y no protestamos un ápice. Por
eso, lo mejor es que cada cual celebre lo que le apetezca. Feliz día, futuros
difuntos.









