lunes, 20 de junio de 2022
Metheny, por tercera vez.
sábado, 18 de junio de 2022
La Andalucía del cambio tranquilo.
Esta primera legislatura conservadora en Andalucía no ha desatado
la oleada de cambios de signo contrario que se presagiaban, al menos de la
magnitud que anunciaba el Partido Popular cuando estaba en la oposición. Su “cambio”
ha sido discreto y moderado, como la imagen que se esfuerza transmitir su líder,
el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla. Ni las auditorías han sido de
infarto, ni el adelgazamiento de la Administración, si es que se ha acometido, ha
sido tan draconiano, ni las rebajas de impuestos se han notado en el bolsillo de
los contribuyentes, excepto en los que manejan o heredan más de un millón de
euros. Los cambios más notables ejecutados por el Ejecutivo conservador se han
limitado a cuestiones nominales y estéticas, como la estilización del logo de
la Junta de Andalucía hasta casi hacerlo confundir con el de un refresco energético,
o la modificación del nombre de algunas consejerías para satisfacer a unos
socios intransigentes que se conforman con nuevos rótulos que hagan olvidar los
heredados de la etapa socialista.
Por lo demás, el PP de “Juanma” Moreno no ha querido o no ha
podido emprender la “revolución” conservadora que se temía, salvo en lo superficial
y anecdótico, limitándose a implementar políticas que intencionadamente han procurado
no alarmar ni hacer perder la confianza de la ciudadanía que lo ha votado. Ha
evitado, por lo tanto, emprender la privatización del sector público de forma
masiva y desmantelar aquella administración “paralela”, plagada de funcionarios
enchufados, que tanto denunciaba cuando hacía oposición. Pero ha hecho “cosas” indiciarias
del ideario neoliberal que abraza.
Y aunque el cambio operado en Andalucía ha sido posible, antes
que las maneras suaves y tranquilas del líder regional del PP, por el hartazgo
con unos sempiternos gobiernos socialistas que agotaron su entusiasmo
transformador de la sociedad para enredarse en turbios escándalos de corrupción
y clientelismo, la verdad es que se materializa en la aceptación sin recelos de
gobiernos de derechas. Tanto es así que se prevé un resultado espectacular del
PP en estas elecciones, sin temor a que gobierne en coalición con la
ultraderecha envalentonada de Vox.
En Educación aparece idéntico problema de falta de medios
materiales y humanos. Se ha preferido fomentar la educación privada en
detrimento de la pública, detrayendo recursos de esta última para
incrementarlos en conciertos con la privada, lo que ha provocado ya una huelga
en el sector. Las iniciativas legislativas con las que se persigue aplicar el
concepto de “libertad de elección” de centro implican más inversiones para conciertos.
En cambio, se cierran unidades de la escuela pública y centros rurales, además
de suprimirse servicios de comedor escolar.
Y es que con “suavidad” y discreción, poco a poco, se
adoptan medidas que deterioran servicios esenciales públicos que inmediatamente
son sustituidos por los ofertados por el sector privado. Sin revoluciones y con
moderación, se proclama que se garantiza una educación de “calidad y desideologizada”,
cuando lo que se persigue es todo lo contrario. Al menos, no se implanta el
“pin parental” como en Murcia, hasta la fecha.
Las elecciones este domingo supondrán, por tanto, si no se produce un
terremoto, un triunfo indiscutible para la derecha en Andalucía y, lo que es
peor, un ensayo sociológico sobre cómo no alarmar a la población con políticas “duras”
para lograr el relevo del Gobierno de la nación, al que están decididos desbancar
tanto el Partido Popular como su réplica ultra, Vox, gracias al “cambio
tranquilo” con el que actúan Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo. Es por ello
que no es poco lo que se dilucida en Andalucía.
jueves, 9 de junio de 2022
Los “trucos” de la Junta Electoral
Pero son tantas las convocatorias electorales, en sus diversos
ámbitos (local, autonómico o general), que de un tiempo a esta parte se han
celebrado, bien en plazo o anticipadamente, que apenas quedan personas entre
las listas del censo a las que seleccionar sin que anteriormente ya hayan asumido
esta responsabilidad o no reúnan algunas de las causas que justifican su exención.
Esto lo sabe la autoridad electoral que designa a los componentes de las mesas,
no es algo en lo que caiga involuntariamente o por desconocimiento.
Ser mayor de 65 años y menor de 70 es, por sí mismo, causa
personal que justifica ser excluido del desempeño del cargo asignado. Y aunque
es posible que muchas personas de estas edades puedan y deseen participar en la
composición de una mesa de votación, a ninguna de ellas, sin embargo, se le ha “aclarado”
el derecho a ser relevado de la responsabilidad, como prevé el Artículo 26.2 de
la Ley Orgánica del Reglamento de Elecciones Generales (LOREG), que especifica con
meridiana claridad tal supuesto.
El ”truco” del que se vale la autoridad electoral consiste
en no informar a las personas que designa, comprendidas en ese tramo de edad, del
único motivo que sin certificado alguno (salvo fotocopia del DNI) le libraría
de asistir a las elecciones como miembro de una mesa. Y esta forma de actuar de
un organismo judicial sobre ciudadanos que no deben ser expertos en leyes es, a
todas luces, abusiva e indecente. Debería corregir este proceder inaceptable e
incluir en futuras ocasiones esa causa por la edad entre los motivos de escusa.
Y dejarse de trucos indignos.
domingo, 5 de junio de 2022
Escribo para ti.
Llevo dos entradas intentando explicar por qué escribo y no acabo de cerrar estas páginas virtuales que me permiten establecer algo parecido a dialogar, poder comunicar con unos lectores, en su inmensa mayoría anónimos. Hay una razón: escribo porque sucumbo al deseo que siempre me ha impulsado a querer contar a alguien lo que veo, conozco y siento. También por eso cursé periodismo, porque periodista es, según una definición canónica, gente que cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Alguien dedicado a contar lo que pasa. Ni más ni menos. Un instinto que caracteriza al ser humano desde que en la prehistoria se reunía alrededor del fuego al abrigo de una caverna. Con sonidos guturales intercambiaban sensaciones, impresiones o advertencias. Se contaban con gestos y gritos lo que sucedía en el entorno y entre ellos.
Yo hago lo mismo, pero haciendo uso de un sistema complejo
estructurado de signos, es decir, mediante un lenguaje, con la finalidad de
transmitir y recibir mensajes para comunicarme con mis semejantes y llegar a un
entendimiento, comprender lo que acontece y, de alguna manera, forjarnos una
visión de la realidad y de nosotros mismos. No hay más. Escribo porque es lo
que más me gusta y lo mejor que sé hacer, aparte de soñar y sentirme fascinado por
lo que el mundo y la vida me muestran.
Pero, todo el que escribe persigue, aunque no lo reconozca,
un objetivo: que le lean. Y a estas alturas de mi vida, por fin he dado el paso
más importante para un escritor: publicar un libro. Se trata de un volumen de ficción
literaria, que reúne relatos elaborados a lo largo de los años, y que ya está a
disposición de los lectores. Se titula Cuentos minúsculos que se asoman a
realidades sorprendentes, publicado por editorial Punto Rojo Libros, y
es una selección de historias (cuentos) que abordan (se asoman a) una realidad
oculta, acaso patológica pero siempre sorprendente, que se manifiesta en
conductas, delirios, fobias o fantasías de quienes viven presos en ella.
Es por
ello que no es fácil comprender, por ejemplo, las relaciones que establecen
algunas personas con sus animales domésticos o aquellas experiencias que hacen
madurar a individuos atrapados en la pubertad e influidos por traumas
infantiles, si no se inscriben en el contexto de esa realidad alternativa
(sorprendente), a la que se asoman los cuentos que recoge el libro.
En
opinión de un crítico (ajeno y desconocido), “cada uno de los relatos va
evolucionando de una manera asombrosa, atrapando al lector en una espiral, a
veces desasosegante, de la que no podrá salir hasta terminar el último párrafo
de la última página”.
Es posible que les interese esta obra y deseen acceder a su contenido para disfrutar de su lectura tanto como yo de escribirla. Se podrá adquirir directamente a la editorial (info@puntorojolibros.com), a través de plataformas como Amazon o en librerías como La Casa del Libro y El Corte Inglés, entre otras. Si así fuera, no sólo se cumpliría el objetivo por el que escribo, sino que estaría en deuda de gratitud con sus lectores. Gracias anticipadas.
viernes, 27 de mayo de 2022
¡Qué putada, Antonio!
La muerte es inevitable, y la mayoría de las veces es inoportuna, no se espera. Siempre nos aguarda, aunque nos pasemos toda la vida ignorándola, como si no existiera. Nos sorprende cuando llega, arrebatándonos lo que sólo ella dota de sentido: la vida. Cuando se presenta sin avisar, trunca proyectos y expectativas que creíamos tener tiempo de emprender, sin considerar que mañana es sólo una posibilidad remota que no estamos en condiciones de garantizar. La muerte es esa puerta imprevista que oculta lo que hay detrás y tras la que desaparecemos en la nada como si no hubiésemos nacido. A todos coge desprevenidos y sólo unos cuantos la desean, hartos de estar muertos en vida. Es un misterio que acompaña al ser, el destino inexorable de lo viviente a cualquier escala y en todo tiempo y lugar. Pero la muerte no es el fin para los seres humanos, a quienes la evolución natural les confirió una capacidad racional y los distinguió de inteligencia. Gracias a la razón, los humanos trascienden la muerte con los frutos de su intelecto, con las obras de su raciocinio y con el ejemplo de sus vidas y sus conocimientos. Así, dejan un legado de cultura que enriquece a sus coetáneos y a las generaciones venideras. Por eso, aunque morir es siempre una putada, algunos sobreviven a la muerte y se vuelven inmortales, a los que siempre sentiremos a nuestro lado cada vez que recuperamos su memoria y nos dejamos bendecir con lo que dejaron para nosotros, su herencia artística y cultural. Como la que nos legó Antonio López Hidalgo en sus libros y sus artículos, la que siempre podemos rescatar para oír su voz, apreciar su talento y recordar, con infinita tristeza, la profundidad celeste de su mirada transparente. ¡Qué putada, Antonio!






