lunes, 20 de junio de 2022

Metheny, por tercera vez.

Anoche repetí la experiencia de disfrutar de la música en directo del guitarrista norteamericano Pat Metheny. Era la tercera vez que tenía ese privilegio. La primera ocasión fue en el Palacio de Deportes, con ocasión del Festival de Jazz de Sevilla del año 1989. La segunda sería en Córdoba, en el Teatro de la Axarquía, donde actuó en el Festival de la Guitarra, en 2018. Y la última, espero que no definitiva, fue ayer en el Teatro de la Maestranza, sentadito, con aire acondicionado, excelente acústica y cerquita del escenario para no perder detalle de su virtuosismo ni el de los dos jóvenes músicos que lo acompañaban, un pianista (James Francies) y un baterista (Joe Dyson), ambos espectaculares. Y en las tres ocasiones quedé absolutamente impresionado con la habilidad de este indiscutible maestro de la guitarra para extraer sonidos y melodías que parecen inconcebibles en ese instrumento. No en balde, Pat Metheny es uno de los nombres propios del jazz en la actualidad y un músico capaz de interpretar diversas lenguas musicales, fundiendo y mezclando estilos hasta elaborar un jazz con voz propia, la del propio Metheny. Y otra vez, como en todas, me quedo con deseos de repetir la experiencia nada más abandonar el concierto. El placer de su música te hace recorrer el trayecto a casa como si fueras levitando entre notas musicales. 



sábado, 18 de junio de 2022

La Andalucía del cambio tranquilo.

A finales de 2018, el PSOE, que llevaba gobernando Andalucía desde hacía más de 35 años, volvió a ganar las elecciones (33 escaños), pero perdió el poder. Las derechas, encarnadas en varias propuestas que se diferenciaban sólo en matices, lograron sumar más votos que los partidos de izquierdas (59 vs 50). Una nueva formación populista de ultraderecha lograría el milagro de posibilitar con su apoyo parlamentario el primer Ejecutivo conservador que en democracia tomaría el timón de la Junta de Andalucía. Un hecho sin precedentes desde la restauración de la actual democracia en España. Casi cuatro años después, con las elecciones de mañana domingo, las derechas andaluzas, lideradas por el Partido Popular, se prestan a convalidar el giro perpetrado en una Comunidad que era considerada feudo histórico -o voto cautivo- de los socialistas. La única incógnita que esta ocasión presenta es si el Partido Popular conseguirá alcanzar la mayoría absoluta o, como la vez anterior, deberá contar con los votos de sus aliados ideológicos, que ya ofertan con mano tendida tal opción a cambio de compartir sillones en el Palacio de San Termo, sede del Gobierno andaluz.

Esta primera legislatura conservadora en Andalucía no ha desatado la oleada de cambios de signo contrario que se presagiaban, al menos de la magnitud que anunciaba el Partido Popular cuando estaba en la oposición. Su “cambio” ha sido discreto y moderado, como la imagen que se esfuerza transmitir su líder, el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla. Ni las auditorías han sido de infarto, ni el adelgazamiento de la Administración, si es que se ha acometido, ha sido tan draconiano, ni las rebajas de impuestos se han notado en el bolsillo de los contribuyentes, excepto en los que manejan o heredan más de un millón de euros. Los cambios más notables ejecutados por el Ejecutivo conservador se han limitado a cuestiones nominales y estéticas, como la estilización del logo de la Junta de Andalucía hasta casi hacerlo confundir con el de un refresco energético, o la modificación del nombre de algunas consejerías para satisfacer a unos socios intransigentes que se conforman con nuevos rótulos que hagan olvidar los heredados de la etapa socialista.

Por lo demás, el PP de “Juanma” Moreno no ha querido o no ha podido emprender la “revolución” conservadora que se temía, salvo en lo superficial y anecdótico, limitándose a implementar políticas que intencionadamente han procurado no alarmar ni hacer perder la confianza de la ciudadanía que lo ha votado. Ha evitado, por lo tanto, emprender la privatización del sector público de forma masiva y desmantelar aquella administración “paralela”, plagada de funcionarios enchufados, que tanto denunciaba cuando hacía oposición. Pero ha hecho “cosas” indiciarias del ideario neoliberal que abraza.

Y aunque el cambio operado en Andalucía ha sido posible, antes que las maneras suaves y tranquilas del líder regional del PP, por el hartazgo con unos sempiternos gobiernos socialistas que agotaron su entusiasmo transformador de la sociedad para enredarse en turbios escándalos de corrupción y clientelismo, la verdad es que se materializa en la aceptación sin recelos de gobiernos de derechas. Tanto es así que se prevé un resultado espectacular del PP en estas elecciones, sin temor a que gobierne en coalición con la ultraderecha envalentonada de Vox.

Mientras tanto, las carencias crónicas que aquejan a los servicios públicos que se prestan en Andalucía siguen sin resolverse. La Sanidad continúa con su déficit de personal y recursos del que siempre ha adolecido, aunque esta situación se haya visto agravada por la aparición de la pandemia del Covid-19. Según un estudio elaborado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, Andalucía figura en la cola del ranking de médicos y camas por habitante y entre los últimos puestos por gasto sanitario. Sólo Murcia presenta peores indicadores. Ello explica el deterioro de la Atención Primaria y el aumento de las listas de espera quirúrgica y diagnóstica, situación que no ha podido paliarse ni aumentado la inversión con los conciertos privados ni con las ayudas extras recibidas para enfrentarse a la crisis del coronavirus.

En Educación aparece idéntico problema de falta de medios materiales y humanos. Se ha preferido fomentar la educación privada en detrimento de la pública, detrayendo recursos de esta última para incrementarlos en conciertos con la privada, lo que ha provocado ya una huelga en el sector. Las iniciativas legislativas con las que se persigue aplicar el concepto de “libertad de elección” de centro implican más inversiones para conciertos. En cambio, se cierran unidades de la escuela pública y centros rurales, además de suprimirse servicios de comedor escolar.

Y es que con “suavidad” y discreción, poco a poco, se adoptan medidas que deterioran servicios esenciales públicos que inmediatamente son sustituidos por los ofertados por el sector privado. Sin revoluciones y con moderación, se proclama que se garantiza una educación de “calidad y desideologizada”, cuando lo que se persigue es todo lo contrario. Al menos, no se implanta el “pin parental” como en Murcia, hasta la fecha.

Las elecciones este domingo supondrán, por tanto, si no se produce un terremoto, un triunfo indiscutible para la derecha en Andalucía y, lo que es peor, un ensayo sociológico sobre cómo no alarmar a la población con políticas “duras” para lograr el relevo del Gobierno de la nación, al que están decididos desbancar tanto el Partido Popular como su réplica ultra, Vox, gracias al “cambio tranquilo” con el que actúan Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo. Es por ello que no es poco lo que se dilucida en Andalucía. 

jueves, 9 de junio de 2022

Los “trucos” de la Junta Electoral

Antes de cada proceso electoral, como el próximo del día 19 en Andalucía, la Junta Electoral correspondiente, basándose en los datos del censo de población, elige a las personas que constituirán las mesas de las votaciones en cada municipio, distrito y sección. Una carta certificada, a la que se adjunta un manual para los miembros de esas mesas, sirve para notificar a los “agraciados” su designación, advirtiéndoles que los cargos de presidente y vocal son de carácter obligatorio e incurren en delito, castigado con penas de prisión y multa, quien ignore y no asista al cometido para el que ha sido elegido. Se trata de un deber cívico que obliga a todo ciudadano, en función de su edad, salud y formación.

Pero son tantas las convocatorias electorales, en sus diversos ámbitos (local, autonómico o general), que de un tiempo a esta parte se han celebrado, bien en plazo o anticipadamente, que apenas quedan personas entre las listas del censo a las que seleccionar sin que anteriormente ya hayan asumido esta responsabilidad o no reúnan algunas de las causas que justifican su exención. Esto lo sabe la autoridad electoral que designa a los componentes de las mesas, no es algo en lo que caiga involuntariamente o por desconocimiento.

De hecho, entre las “aclaraciones” que remite en la notificación a los seleccionados para las mesas, la Junta Electoral de Zona enumera una serie de motivos que exoneran al designado de la obligación contraída: enfermedad (justificante médico), trabajo inexcusable (certificado de empresa) o pertenencia a fuerzas o cuerpos de seguridad (certificado de condición militar, policía, Guardia Civil, etc.). Sin embargo, la autoridad electoral omite otra causa de exclusión a la que podrían acogerse los ciudadanos amparados por ella. La edad.

Ser mayor de 65 años y menor de 70 es, por sí mismo, causa personal que justifica ser excluido del desempeño del cargo asignado. Y aunque es posible que muchas personas de estas edades puedan y deseen participar en la composición de una mesa de votación, a ninguna de ellas, sin embargo, se le ha “aclarado” el derecho a ser relevado de la responsabilidad, como prevé el Artículo 26.2 de la Ley Orgánica del Reglamento de Elecciones Generales (LOREG), que especifica con meridiana claridad tal supuesto.

El ”truco” del que se vale la autoridad electoral consiste en no informar a las personas que designa, comprendidas en ese tramo de edad, del único motivo que sin certificado alguno (salvo fotocopia del DNI) le libraría de asistir a las elecciones como miembro de una mesa. Y esta forma de actuar de un organismo judicial sobre ciudadanos que no deben ser expertos en leyes es, a todas luces, abusiva e indecente. Debería corregir este proceder inaceptable e incluir en futuras ocasiones esa causa por la edad entre los motivos de escusa. Y dejarse de trucos indignos.     

domingo, 5 de junio de 2022

Escribo para ti.

Llevo dos entradas intentando explicar por qué escribo y no acabo de cerrar estas páginas virtuales que me permiten establecer algo parecido a dialogar, poder comunicar con unos lectores, en su inmensa mayoría anónimos. Hay una razón: escribo porque sucumbo al deseo que siempre me ha impulsado a querer contar a alguien lo que veo, conozco y siento. También por eso cursé periodismo, porque periodista es, según una definición canónica, gente que cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Alguien dedicado a contar lo que pasa. Ni más ni menos. Un instinto que caracteriza al ser humano desde que en la prehistoria se reunía alrededor del fuego al abrigo de una caverna. Con sonidos guturales intercambiaban sensaciones, impresiones o advertencias. Se contaban con gestos y gritos lo que sucedía en el entorno y entre ellos.

Yo hago lo mismo, pero haciendo uso de un sistema complejo estructurado de signos, es decir, mediante un lenguaje, con la finalidad de transmitir y recibir mensajes para comunicarme con mis semejantes y llegar a un entendimiento, comprender lo que acontece y, de alguna manera, forjarnos una visión de la realidad y de nosotros mismos. No hay más. Escribo porque es lo que más me gusta y lo mejor que sé hacer, aparte de soñar y sentirme fascinado por lo que el mundo y la vida me muestran.

Pero, todo el que escribe persigue, aunque no lo reconozca, un objetivo: que le lean. Y a estas alturas de mi vida, por fin he dado el paso más importante para un escritor: publicar un libro. Se trata de un volumen de ficción literaria, que reúne relatos elaborados a lo largo de los años, y que ya está a disposición de los lectores. Se titula Cuentos minúsculos que se asoman a realidades sorprendentes, publicado por editorial Punto Rojo Libros, y es una selección de historias (cuentos) que abordan (se asoman a) una realidad oculta, acaso patológica pero siempre sorprendente, que se manifiesta en conductas, delirios, fobias o fantasías de quienes viven presos en ella.

Es por ello que no es fácil comprender, por ejemplo, las relaciones que establecen algunas personas con sus animales domésticos o aquellas experiencias que hacen madurar a individuos atrapados en la pubertad e influidos por traumas infantiles, si no se inscriben en el contexto de esa realidad alternativa (sorprendente), a la que se asoman los cuentos que recoge el libro.

En opinión de un crítico (ajeno y desconocido), “cada uno de los relatos va evolucionando de una manera asombrosa, atrapando al lector en una espiral, a veces desasosegante, de la que no podrá salir hasta terminar el último párrafo de la última página”.

Es posible que les interese esta obra y deseen acceder a su contenido para disfrutar de su lectura tanto como yo de escribirla. Se podrá adquirir directamente a la editorial (info@puntorojolibros.com), a través de plataformas como Amazon o en librerías como La Casa del Libro y El Corte Inglés, entre otras. Si así fuera, no sólo se cumpliría el objetivo por el que escribo, sino que estaría en deuda de gratitud con sus lectores. Gracias anticipadas. 


 

viernes, 27 de mayo de 2022

¡Qué putada, Antonio!

La muerte es inevitable, y la mayoría de las veces es inoportuna, no se espera. Siempre nos aguarda, aunque nos pasemos toda la vida ignorándola, como si no existiera. Nos sorprende cuando llega, arrebatándonos lo que sólo ella dota de sentido: la vida. Cuando se presenta sin avisar, trunca proyectos y expectativas que creíamos tener tiempo de emprender, sin considerar que mañana es sólo una posibilidad remota que no estamos en condiciones de garantizar. La muerte es esa puerta imprevista que oculta lo que hay detrás y tras la que desaparecemos en la nada como si no hubiésemos nacido. A todos coge desprevenidos y sólo unos cuantos la desean, hartos de estar muertos en vida. Es un misterio que acompaña al ser, el destino inexorable de lo viviente a cualquier escala y en todo tiempo y lugar. Pero la muerte no es el fin para los seres humanos, a quienes la evolución natural les confirió una capacidad racional y los distinguió de inteligencia. Gracias a la razón, los humanos trascienden la muerte con los frutos de su intelecto, con las obras de su raciocinio y con el ejemplo de sus vidas y sus conocimientos. Así, dejan un legado de cultura que enriquece a sus coetáneos y a las generaciones venideras. Por eso, aunque morir es siempre una putada, algunos sobreviven a la muerte y se vuelven inmortales, a los que siempre sentiremos a nuestro lado cada vez que recuperamos su memoria y nos dejamos bendecir con lo que dejaron para nosotros, su herencia artística y cultural. Como la que nos legó Antonio López Hidalgo en sus libros y sus artículos, la que siempre podemos rescatar para oír su voz, apreciar su talento y recordar, con infinita tristeza, la profundidad celeste de su mirada transparente. ¡Qué putada, Antonio!